viernes, 13 de mayo de 2011

Four color fear.

MIEDO EN CUATRICOMÍA
Four color fear
Editado por Greg Sadowski
Diábolo Ediciones. Madrid, 2011.
320 páginas. 34,95 euros

A inicios de los 50 reinaban el horror y los tebeos subidos de tono, justo antes de que el Comics Code acabara con ellos. Ahora este delicioso volumen nos permite recordar aquellos salvajes tiempos.

En resumen el Comics Code fue la respuesta que la industria dio a mediados de los cincuenta a la creciente preocupación en torno a los comics. Se suponía que sus contenidos poco edificantes estaban detrás de la delincuencia juvenil y la drogadicción, entre otras lacras sociales. Así que los editores decidieron autocensurarse. En los setenta se deshicieron de esas normas y ya está. Pero mientras, ciertos temas habían sido expulsados de las viñetas. Géneros como el horror se desvanecieron como si nunca hubieran existido. Muy al contrario, habían gozado de muy buena salud y eran tremendamente populares, como este recopilatorio demuestra.

No hablamos precisamente de obras respetables. Son el producto de una nueva generación que se incorporaba a los tebeos, recién licenciados de la Segunda Guerra Mundial y con tremendas ganas de llamar la atención y divertirse. Los resultados eran tan irregulares como sorprendentes. El material es crudo, directo y muy populachero, sin lugar para las sutilezas. Han sido extraídos de la enorme marea de publicaciones de inicios de los cincuenta, un momento en que aparentemente cualquiera podía ser editor. No había apenas selección ni dinero para sueldos. Se llenaban páginas con entusiasmo y poco criterio y fueron el perfecto campo de entrenamiento para aquellos capaces de soportar semejantes condiciones laborales. Al final no fueron tantos.

En el terreno de la escritura son relatos cortos donde cuenta más la sorpresa, el golpe brutal, el final sorprendente, que la sutileza o el equilibrado desarrollo dramático. En general cargan con textos excesivos y su lectura no es especialmente agradable. Planteamientos muy básicos que provocan más risas que miedo. Atendiendo a cómo discurren algunas historias resulta difícil creer que alguien se las haya tomado en serio alguna vez. El repertorio de temas es el habitual: pactos con el diablo, maldiciones, asesinatos, vampiros, etc.

Por supuesto la gran baza es el dibujo. Aquí sí encontramos tipos capaces de generar ambientes y un montón de sorpresas agradables. O de confirmaciones respecto al valor de autores cuya obra inicial ya permite adivinar la calidad que luego alcanzarán. Es el caso de todos los que pronto colaborarán con la E.C. abandonando esas otras editoriales más populares. Pienso en Wood, perfectamente representado con una sugestiva historia. O Crandall, con un relato donde hasta el guión llega a parecer bueno. O de Evans, con dos episodios excelentes, o de Williamson o Kubert, que pronto iniciaría una brillante carrera en la D.C.

En otro apartado señalar a los tipos raros, esos que se hacen notar hagan lo que hagan. Aquí destaca por supuesto el gran Wolverton, bizarro entre los bizarros, con uno de los dibujos más peculiares y diferentes que se hayan visto jamás. Pero hay bastantes dibujantes con una marcada personalidad, como Manny Stallman, Nostrand o Powell. También llama la atención el estilo de algunos relatos que nos recuerda al de otros autores. Como el de Sid Check, muy a lo Wood, o Nostrand, que se parece mucho a Jack Davis.

En fin, hay muchas páginas y abundante material para disfrutar. Como broche de oro el volumen se completa con unas interesantísimas notas que nos permiten contextualizar el material. No se puede pedir más.

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