CACA VERDE
The Amazon
Steven T. Seagle y Tim Sale
Norma Editorial. Barcelona, 2010
86 páginas. 14 euros.
Siempre he pensado que Steranko tuvo dos hijos que resultaron mejores que él. Me refiero a Gulacy y a Sale. El primero heredó su dibujo fotográfico y de alto contraste y puso en funcionamiento algunas de sus invenciones narrativas. El segundo convirtió su adaptación de Atmósfera Cero en un modelo a seguir, demostrando que podía ser viable. En realidad nunca me han interesado los tebeos de Steranko, más allá de su indudable papel como fundador. Esto hay que reconocérselo para añadir inmediatamente que ninguna de sus historias resulta memorable. Más preocupado por la forma que por los contenidos elabora preciosos juguetes que acaban convertidos en trastos en un medio donde prima lo narrativo. Esto lo entendieron mejor sus aprendices, que pronto superaron al maestro. Gulacy fue el primero y ahí sigue sorprendiéndonos con la vitalidad de sus historias. Sale pareció inspirarse en el Miller de Sin City, de hecho le exigieron que lo imitara en Deathblow, el tebeo que consiguió que nos fijáramos en él. Pero demostró en seguida que su terreno de juego era más amplio y personal y que se derivaba más bien del experimento de Steranko, aquel comic construido a base de dobles páginas, tan bonito como ilegible. Sale nunca emplea una viñeta de más y siempre elige la mayor, estirándolas a lo largo o a lo ancho.
Tim Sale ha demostrado que es un narrador a quien conviene seguir la pista y ya he expresado en anteriores ocasiones mi admiración por su trabajo. Por eso me alegró esta recuperación de una obra perdida de hace veinte años. Lamentablemente, el guionista que le acompaña no es su compinche habitual, Jeph Loeb, con quien ha creado sus mejores historias. Al contrario, Steven T. Seagle es el típico escritor cuya firma recordamos vagamente de algunos títulos de la DC, obras que misericordiosamente hemos conseguido olvidar. Tenía un recuerdo difuso de su labor y leyendo este relato he comprendido porqué.
Amazon se deja leer gracias al portentoso dibujo de Sale. Se nota su juventud pero ya está en plena forma y las páginas se disfrutan con su habitual mezcla de sofisticación, claridad y sencillez. El color también es bonito. Pero ahí se acaban las virtudes de este tebeo. Tengo la teoría de que hay dos tipos de lectores. Están los lectores de “temas”. Los que aconsejan un comic no por cómo está dibujado o por sus personajes sino porque denuncia la opresión machista o los abusos de Estados Unidos en Nicaragua. Ya habrán comprendido que para mi esos NO son lectores de tebeos sino otra cosa. Los verdaderos lectores apenas mencionan el tema. Se deleitan en determinada secuencia, comentan tal chiste o disfrutan con aquel héroe. Pues bien, Amazon es una obra pensada para el primer grupo, una obra “de tema”.
En este caso se trata de la deforestación del Amazonas, como supongo que ya habrán imaginado. Por el camino se denuncia a las grandes compañías madereras, representantes del capitalismo salvaje, y a la iglesia católica, que provoca asco al protagonista y cuyas acciones considera “otra forma de arrasar esta tierra”. Por supuesto su visión de las tribus es mucho más indulgente, aunque apenas conoce su cultura la califica de “extremadamente eficiente” y casi alcanza el éxtasis cuando visita su poblado (“es todo tan hermoso”). En fin, siempre pueden disfrutar con los dibujitos y olvidarse del texto.
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viernes, 24 de diciembre de 2010
viernes, 17 de diciembre de 2010
Arroz pasado. Juanjo Sáez.
AUTOR PASADO
Arroz pasado.
Juanjo Sáez.
Reservoir Books. Barcelona, 2010.
784 páginas. 26,90 euros.
En su momento aplaudí las primeras obras de Sáez, Viviendo del cuento y El Arte, conversaciones imaginarias con mi madre. Eran trabajos frescos, realizados por un narrador chispeante y con cosas nuevas que decir. Su mezcla de ingenuidad y pedantería funcionaba y su relativo éxito entre los modernos de este país parecía bien merecido. Su siguiente entrega, Yo. Otro libro egocéntrico de Juanjo Sáez, ya me hizo arrugar la nariz. Como casi todos los volúmenes que aprovechan encargos diversos tenía partes interesantes al lado de zonas estiradas, con un balance muy irregular. Luego, zapeando entre canales, pude ver unos dibujos animados que llevaban la inconfundible firma de su estilo en alguna cadena catalana. Efectivamente, se trataba de Arròs Covat, una serie que antes de saltar a la televisión nació en forma de story-board o historieta. Es lo que ahora se ha publicado en un grueso volumen de casi ochocientas páginas.
En ellas se nos narran las aventuras y sobre todo desventuras de Xavi, un joven diseñador catalán que se encuentra en un momento crucial de su vida. Empieza en la cresta de la ola, recibiendo un premio Laus y flirteando con una admiradora. Pero luego entra en crisis, el trabajo comienza a ir mal, deja a su novia, su tía sufre un colapso, sus amoríos son un completo desastre… El tono oscila entre la farsa romántica y el drama con pretensiones. En las solapas se compara el trabajo de Sáez con el de Woody Allen, algo que sin duda encaja con las aspiraciones del autor, aunque no tanto con sus logros.
Arroz pasado ofrece no pocos momentos de diversión, sobre todo en las secuencias con las queridas. Toda la escena en casa de la diseñadora de tetas bamboleantes es graciosa. Lo mismo la de la banquera con su niño-cerdo de ojos enrojecidos. También está bien construido el descenso de la nevera con el ex-suegro. Pero en general el humor es de un tono bastante grueso, no sé si por razones de contagio o exigencia televisiva. Alcanza notas tan grotescas como las del taxista de “Madriz” que, por supuesto, es un perro, escucha la COPE y odia a todos los catalanes. ¿Se imaginan tal acumulación de tópicos pero al revés, en un honrado funcionario del taxi de Barcelona? Supongo que en su caso el odio a los madrileños estaría justificado, que es más o menos lo que viene a decirnos Sáez.
En fin, lo peor de todo es que el libro resulta muy tontorrón. La historia está estirada, es aburrida y pretenciosa. El protagonista es un llorica con el que resulta imposible identificarse. Todo se cuenta como si tuviera mucha importancia cuando en realidad asistimos a un encadenado de anécdotas más bien insignificantes. Respecto al dibujo, mantiene el minimalismo habitual aunque aquí debe detallar algo más de vez en cuando, supongo que por razones dramáticas o de actuación de los personajes. Esto se traduce en que a veces se ve obligado a dibujar ojos ¡y hasta algunas bocas!
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viernes, 10 de diciembre de 2010
EL TENIENTE NEGRO de SILVER KAE & JOSE GRAU
Glénat. Barcelona, 2010.
256 páginas. 19,95 euros
Otra cita obligada es la película de Ford, por supuesto. Sólo que allí el protagonista era un sargento, no un teniente y, lo que es algo más importante, era un verdadero negro, no un blanco pintado como aquí, uno de los aspectos más ofensivos del relato. Se emplean algunos tópicos enraizados en series como El Jabato o El Corsario de Hierro, pasando por el ya citado Capitán Trueno: al protagonista le acompañan un alegre jovencito y un forzudo más bien rellenito. Pero además se parte de una premisa clásica, la misma del Zorro o de la Pimpinela Escarlata, el héroe adopta una falsa identidad para protegerse, mientras que en su vida diaria se comporta como un petimetre. Lo más peculiar de ese disfraz es que no consiste en otra cosa que en pintarse la cara de negro. Y ¡hop!, ahí tenemos a nuestro aventurero desfaciendo entuertos en plan Al Jolson. Tan lamentable como suena.
No cabe duda de que, como cualquier serie B, El Teniente Negro no carece de encantos, debido sobre todo a la acumulación de situaciones disparatadas y a la indudable imaginación de su guionista, aunque se echa en falta un mayor desarrollo de los personajes y algo más de conexión en el incesante flujo de sucesos inverosímiles. La parte del dibujo es más débil y muy mejorable en las secuencias de acción. Cada vez que una figura salta parece volar, el asalto a la casa con el grupo del Ku-klus-clan enarbolando un tronco es directamente cómico por lo ridículo.
En fin, seguro que encuentran mejores tebeos en los que gastarse los euros estas navidades. Leer más...
256 páginas. 19,95 euros
UN NEGRO DESTEÑIDO
No es necesario ser un experto en comic clásico español para apreciar las virtudes de autores como Ambrós, Iranzo o Giner, por citar tres nombres que puedan sonar familiares. Sin embargo, excepto del primero, de quien se publican constantes reediciones de su Capitán Trueno, nadie ha pensado en recuperar el trabajo de estos maestros; se les condena así a pervivir en ediciones facsímiles habitualmente de precios abusivos. En este contexto de absoluta desmemoria histórica nos llega ahora este Teniente Negro.
Supongo yo que la razón de ser de esta publicación es su guionista, o, si lo prefieren, Francisco González Ledesma. En los últimos años se ha reconocido su ingente labor como escritor de novelas del oeste, aquellos productos de quiosco que pasaron por tantas manos, en un inacabable proceso de intercambio. Bien está que aplaudamos los esfuerzos de artesanos que parecían condenados al olvido, mientras fantasmas con menos capacidad reciben públicos honores. Pero eso no hace bueno el guión de este tebeo. Sin duda habrá sido escrito en las peores condiciones posibles. Eso excusa a su autor pero no a quienes han decidido recuperarlo. Menos aún cuando se aducen sorprendentes paralelismos entre las disparatadas aventuras que componen esta serie y nuestra trágica y sobada guerra civil. Si en un episodio aparecen unos buitres bombardeando un pueblo no se puede discutir que es un trasunto de Guernica ¡Faltaría más!
Otra cita obligada es la película de Ford, por supuesto. Sólo que allí el protagonista era un sargento, no un teniente y, lo que es algo más importante, era un verdadero negro, no un blanco pintado como aquí, uno de los aspectos más ofensivos del relato. Se emplean algunos tópicos enraizados en series como El Jabato o El Corsario de Hierro, pasando por el ya citado Capitán Trueno: al protagonista le acompañan un alegre jovencito y un forzudo más bien rellenito. Pero además se parte de una premisa clásica, la misma del Zorro o de la Pimpinela Escarlata, el héroe adopta una falsa identidad para protegerse, mientras que en su vida diaria se comporta como un petimetre. Lo más peculiar de ese disfraz es que no consiste en otra cosa que en pintarse la cara de negro. Y ¡hop!, ahí tenemos a nuestro aventurero desfaciendo entuertos en plan Al Jolson. Tan lamentable como suena.No cabe duda de que, como cualquier serie B, El Teniente Negro no carece de encantos, debido sobre todo a la acumulación de situaciones disparatadas y a la indudable imaginación de su guionista, aunque se echa en falta un mayor desarrollo de los personajes y algo más de conexión en el incesante flujo de sucesos inverosímiles. La parte del dibujo es más débil y muy mejorable en las secuencias de acción. Cada vez que una figura salta parece volar, el asalto a la casa con el grupo del Ku-klus-clan enarbolando un tronco es directamente cómico por lo ridículo.
En fin, seguro que encuentran mejores tebeos en los que gastarse los euros estas navidades. Leer más...
viernes, 3 de diciembre de 2010
SKY HAWK de J. TANIGUCHI
288 páginas, 17 euros.
VIENTOS DEL OESTE
Hace ya tiempo que Jiro Taniguchi demostró que es el actual dios del manga, por emplear la exagerada terminología que tanto agrada a los japoneses. Y lo es por muchas razones: su indudable habilidad narrativa, su ingente producción, su capacidad para transitar con fortuna los géneros más diversos, su cuidado dibujo, su cosmovisión, que transmite no importa qué esté contando…
No es sólo bueno, habilidoso, es que además nos cae bien, su escala de valores nos alcanza, su convicción nos emociona. Así que en muy pocas ocasiones me he resistido a comentar su trabajo, porque lo considero imprescindible y normalmente recomendable.
En los últimos meses he dejado pasar tres de sus obras, para no aburrirles. Pero aprovecharé que hablamos de él para, al menos, citarlas. Una es Mi año, su aventura europea con Morvan, un guionista que no contaba entre mis favoritos. No sé si es gracias al japonés, pero esta su primera entrega es tan emotiva como interesante. Ojo a esta serie cuyo segundo episodio ya esperamos con ansiedad. Peor era Blanco, algo que supongo es una recuperación de un trabajo de juventud. El autor todavía no está maduro y se le nota. Más interés tiene El gourmet solitario, un álbum en la línea de El caminante, un deambular por diversos restaurantes nipones, donde se nos muestran algunas comidas locales. Un trabajo raro y espacial, que resulta agradable sólo gracias al talento de Taniguchi, capaz de hacernos leer cualquier cosa y de conseguir que además nos fascine.
Y ahora nos llega este Sky Hawk, un western donde mezcla la épica y el drama de la lucha de las tribus indias con la agonía de dos samuráis que han emigrado a América, huyendo de un destino que los condenaba a la extinción.
El autor transita con naturalidad los terrenos del western, adoptando el punto de vista de los nativos americanos, como ya hicieran antes que él creadores anteriores como Ford o Aldrich. Por supuesto, hay mucho de Bailando con Lobos, Jeremiah Johnson y otros clásicos del género. Y no pocas secuencias contemplativas en las que los protagonistas se embelesan con los paisajes que les rodean y perciben la energía de una naturaleza que pronto sufrirá grandes transformaciones.
Más allá de los dramas y las aventuras que se narran, muchas de las cuales ya nos suenan de otros relatos fílmicos o en viñetas, Taniguchi acierta en la construcción de esos dos indios de adopción, que sorprenden a los pieles rojas con sus cuchillos largos y sus poderosos arcos. Aunque las simpatías del autor están claramente con los nativos, no peca de una excesiva idealización y cuida especialmente los aspectos relativos a la ética guerrera de sus héroes. Como Aldrich en La venganza de Ulzana, la lucha y la exterminación del enemigo se muestran como fines honorables, aspectos de una vida que no puede aspirar a la paz, por mucho que ésta se desee.
Hikozaburo y Manzo aceptan sin quejarse un destino que los condena a una lucha sin tregua y una muerte segura al final, con la estoica tranquilidad que caracteriza a los auténticos samurais. Taniguchi nos habla de todo esto y de cómo los nativos americanos pueden entender y aceptar esa filosofía, adoptando como miembros de su tribu a estos extraños guerreros venidos del oeste. Con estos componentes y sazonado con sentimientos que van del afecto entre camaradas a un amor nunca enunciado, pasando por el instinto de protección entre padres e hijos y una generosa ración de odio entre razas y culturas, construye uno de los mejores tebeos del año. Otro más en su ya larga y fructífera carrera. No se lo pueden perder. Leer más...
viernes, 26 de noviembre de 2010
Amistad estrecha. Bastien Vivès
SENSUALIDAD
Amistad estrecha. Bastien Vivès
Diábolo Ediciones. Madrid, 2010.
132 páginas, 17,95 euros
El gusto del cloro contaba la historia de un personaje que se enamoraba de una chica con la que coincidía nadando en una piscina pública. O algo así. En realidad, a su autor no le interesaba tanto la solidez del relato como las sensaciones que podía transmitir con su dibujo y sobre todo con el color. Cualquiera que como en mi caso se haya pasado algunos años nadando en piscinas, reconocerá inmediatamente la paleta de tonos azulados y verdosos empleada por el dibujante. Y eso era exactamente lo que se fijaba en la memoria. Casi se podía sentir ese gusto del cloro en una obra que suponía una auténtica inmersión en el universo piscinero, una realidad que bordea en ocasiones el territorio de los sueños.
Con todo, me pareció un divertimento, un trabajo bonito pero menor, así que dejé escapar los siguientes productos de Vivès, En mis ojos y Por el Imperio, de la que ya se han publicado dos tomos. Ahora nos llega una nueva entrega del dibujante, que insiste en sus especiales colores, su tono lánguido y sus temas de difícil clasificación. Aquí cuenta con la inestimable ayuda al color de Romain Trystram. Considero que este trabajo es un buen síntoma de lo que nos espera, obras en las que los soportes digitales favorecen la aparición de efectos nuevos y sorprendentes. Amistad estrecha se estructura alrededor de dos tipos muy diferentes de secuencias. Por un lado hay un relato secuencial, actual, que se cuenta con un dibujo esquemático, de línea básica, como de rotulador, y un color con una gama muy definida y que puede recordarnos a la del Gusto del cloro. Priman los violetas, rosados, verdes y azules pastel en una combinación tan sencilla como eficaz. En la secuencia de la discoteca la gama se satura con el empleo de tonos más ácidos, pero igualmente armónicos. Por otro lado se emplea un recurso de Photoshop, como es el desenfoque de los objetos. Este efecto consigue que los pasajes en que se aplica el acabado redondeado de las figuras recuerde a Matotti, que alcanza parecidos resultados con sus lápices. En todo caso el procedimiento es tan agradable como confuso. De nuevo la gama de color es atractiva, más cálida que en el resto del volumen, pero eso no nos ayuda a situarnos. La verdad es que cuesta identificar a los protagonistas de esas zonas desenfocadas.
El resultado es un álbum que se entiende a medias. La parte que se sigue con cierta facilidad supone un quiero y no puedo. El autor nos cuenta en un tono muy solemne la vieja historia de la pareja de amigos que se enamoran casi sin darse cuenta. Eso sí, de la forma más rebuscada y cool posible. Si argumentalmente este es un trabajo hinchado y poco convincente, Vivès vuelve a acertar en el terreno de las sensaciones. Aquí abundan los diálogos y las secuencias eróticas y realmente son el dibujo y el color quienes consiguen que nos interesemos por esos personajes cuyas palabras apenas nos conmueven. Pero sí su aspecto y la forma en que han sido trasladados al papel.
Así que el dibujante se mantiene como un creador tan irregular como sugerente. Creo que probaré suerte con alguno de sus otros trabajos y ya les contaré. Leer más...
Amistad estrecha. Bastien Vivès
Diábolo Ediciones. Madrid, 2010.
132 páginas, 17,95 euros
El gusto del cloro contaba la historia de un personaje que se enamoraba de una chica con la que coincidía nadando en una piscina pública. O algo así. En realidad, a su autor no le interesaba tanto la solidez del relato como las sensaciones que podía transmitir con su dibujo y sobre todo con el color. Cualquiera que como en mi caso se haya pasado algunos años nadando en piscinas, reconocerá inmediatamente la paleta de tonos azulados y verdosos empleada por el dibujante. Y eso era exactamente lo que se fijaba en la memoria. Casi se podía sentir ese gusto del cloro en una obra que suponía una auténtica inmersión en el universo piscinero, una realidad que bordea en ocasiones el territorio de los sueños.
Con todo, me pareció un divertimento, un trabajo bonito pero menor, así que dejé escapar los siguientes productos de Vivès, En mis ojos y Por el Imperio, de la que ya se han publicado dos tomos. Ahora nos llega una nueva entrega del dibujante, que insiste en sus especiales colores, su tono lánguido y sus temas de difícil clasificación. Aquí cuenta con la inestimable ayuda al color de Romain Trystram. Considero que este trabajo es un buen síntoma de lo que nos espera, obras en las que los soportes digitales favorecen la aparición de efectos nuevos y sorprendentes. Amistad estrecha se estructura alrededor de dos tipos muy diferentes de secuencias. Por un lado hay un relato secuencial, actual, que se cuenta con un dibujo esquemático, de línea básica, como de rotulador, y un color con una gama muy definida y que puede recordarnos a la del Gusto del cloro. Priman los violetas, rosados, verdes y azules pastel en una combinación tan sencilla como eficaz. En la secuencia de la discoteca la gama se satura con el empleo de tonos más ácidos, pero igualmente armónicos. Por otro lado se emplea un recurso de Photoshop, como es el desenfoque de los objetos. Este efecto consigue que los pasajes en que se aplica el acabado redondeado de las figuras recuerde a Matotti, que alcanza parecidos resultados con sus lápices. En todo caso el procedimiento es tan agradable como confuso. De nuevo la gama de color es atractiva, más cálida que en el resto del volumen, pero eso no nos ayuda a situarnos. La verdad es que cuesta identificar a los protagonistas de esas zonas desenfocadas.
El resultado es un álbum que se entiende a medias. La parte que se sigue con cierta facilidad supone un quiero y no puedo. El autor nos cuenta en un tono muy solemne la vieja historia de la pareja de amigos que se enamoran casi sin darse cuenta. Eso sí, de la forma más rebuscada y cool posible. Si argumentalmente este es un trabajo hinchado y poco convincente, Vivès vuelve a acertar en el terreno de las sensaciones. Aquí abundan los diálogos y las secuencias eróticas y realmente son el dibujo y el color quienes consiguen que nos interesemos por esos personajes cuyas palabras apenas nos conmueven. Pero sí su aspecto y la forma en que han sido trasladados al papel.
Así que el dibujante se mantiene como un creador tan irregular como sugerente. Creo que probaré suerte con alguno de sus otros trabajos y ya les contaré. Leer más...
viernes, 19 de noviembre de 2010
ASTERIOS POLYP de DAVID MAZZUCCHELLI
Sins entido. Madrid, 2010.
344 páginas, 30 euros
Leímos su historieta japonesa en Nosotros somos los muertos y su adaptación de un cuento en el volumen editado por Spiegelman. Pero, sobre todo, esperábamos. Era un secreto a voces que David preparaba una novela gráfica, el trabajo definitivo de quien ya había demostrado que su talento como dibujante no tenía límites. Tampoco era mal escritor, en todos sus comics latía una preocupación existencial que los teñía de cierta melancolía y un sentimiento religioso poco habitual en sus contemporáneos.
Por fin nos llega su Asterios. Es un libro mimado en todos sus detalles, aunque no entiendo la tontería de la camisa corta en la cubierta ¿Es para que se estropeen los bordes? El color se soluciona alternando dos tipos de bitonos, de cálidos y fríos, respectivamente. Y su dibujo tiene la calidad de siempre. Utiliza una estructura de página dinámica, con muchos blancos y variedad de tamaños en las viñetas. El problema, como ya habrán supuesto, está en la historia. O mejor, las historias.
Hay una parte en la obra más agradable, como es la relación entre Asterios, el “héroe” de la novela, y Hana, la escultora japonesa. Tiene momentos muy verdaderos, especialmente la deliciosa secuencia muda en que acumula un montón de instantes cotidianos con gran efectividad. También convencen algunos de sus diálogos, en los que Asterios acaba siempre haciendo callar a su compañera. El arquitecto protagoniza otras partes creíbles, como la de la construcción de la cabaña, una celebración del esfuerzo y el trabajo bien hecho. O la visita al cráter, en la que el talento de Mazzucchelli para el dibujo realmente nos transmite la sensación de grandiosidad necesaria.
Pero son momentos aislados en el conjunto de una obra hinchada, presuntuosa e innecesaria. El autor parece contagiarse de la personalidad de su personaje, ese pedante insufrible que filosofa sobre la percepción de la realidad, la dualidad y otros asuntos igualmente graves y trascendentes. David despliega su bolsa de trucos y lo vemos esforzándose por resultar moderno, cambiando de estilo a voluntad, saltando de un manierismo al siguiente, repitiendo encuadres y jugando con los colores para contarnos ¿qué? Muy poco, la verdad.
Acumula retazos de historias pero falla a la hora de encadenar las secuencias, o quizás es que está por encima de esas menudencias. Así que nos quedamos sin saber en qué consistió la relación entre Hana y el insoportable Willy o porqué se separó de Asterios. Y, si me apuran, tampoco sabemos porqué se unen cuando él parece tan feliz tirándose a todas sus alumnas. Si los apartados filosóficos interrumpen el fluir de los hechos, lo mismo podría decirse de la estancia de Polyp en la casa del mecánico. Parece una excusa para aportar un tono “indie” a la narración y presentar unos cuantos personajes estrambóticos y pintorescos, entre los que destaca, por supuesto, Úrsula Major.
Lo peor no es que la novela resulte pretenciosa y grandilocuente, es que además es aburrida. Artificiosa y falsamente trascendente, como el capítulo dedicado al padre enfermo demuestra. No conseguimos entrar en lo que se nos cuenta, falta verdad, autenticidad. Sin duda Mazzucchelli se ha pensado mucho este trabajo, pero apenas consigue emocionarnos. Apreciamos su destreza, pero nos distanciamos de su helado interior. Leer más...
344 páginas, 30 euros
CUANDO LO NUEVO PARECE VIEJO
La biografía de Mazzucchelli es tan breve como extraña. En los ochenta dibuja superhéroes firmando, con Frank Miller al guión, dos álbumes antológicos: Daredevil born again y Batman año I. Luego publica su propia revista a principios de los noventa, Rubber Blanket, donde incluye una serie de experimentos de difícil clasificación, en general de pequeño formato. Con dos excepciones: la peculiar Discovering America y la extraordinaria Big Man, ambas publicadas en español por mis compañeros de El Wendigo. En 1994 dibuja una adaptación de la novela de Paul Auster, City of Glass. Y luego, un conjunto de noticias sueltas. Una beca para estudiar en Japón, portadas para el New Yorker, clases en la School of Visual Arts…
Leímos su historieta japonesa en Nosotros somos los muertos y su adaptación de un cuento en el volumen editado por Spiegelman. Pero, sobre todo, esperábamos. Era un secreto a voces que David preparaba una novela gráfica, el trabajo definitivo de quien ya había demostrado que su talento como dibujante no tenía límites. Tampoco era mal escritor, en todos sus comics latía una preocupación existencial que los teñía de cierta melancolía y un sentimiento religioso poco habitual en sus contemporáneos.
Por fin nos llega su Asterios. Es un libro mimado en todos sus detalles, aunque no entiendo la tontería de la camisa corta en la cubierta ¿Es para que se estropeen los bordes? El color se soluciona alternando dos tipos de bitonos, de cálidos y fríos, respectivamente. Y su dibujo tiene la calidad de siempre. Utiliza una estructura de página dinámica, con muchos blancos y variedad de tamaños en las viñetas. El problema, como ya habrán supuesto, está en la historia. O mejor, las historias.
Hay una parte en la obra más agradable, como es la relación entre Asterios, el “héroe” de la novela, y Hana, la escultora japonesa. Tiene momentos muy verdaderos, especialmente la deliciosa secuencia muda en que acumula un montón de instantes cotidianos con gran efectividad. También convencen algunos de sus diálogos, en los que Asterios acaba siempre haciendo callar a su compañera. El arquitecto protagoniza otras partes creíbles, como la de la construcción de la cabaña, una celebración del esfuerzo y el trabajo bien hecho. O la visita al cráter, en la que el talento de Mazzucchelli para el dibujo realmente nos transmite la sensación de grandiosidad necesaria.
Pero son momentos aislados en el conjunto de una obra hinchada, presuntuosa e innecesaria. El autor parece contagiarse de la personalidad de su personaje, ese pedante insufrible que filosofa sobre la percepción de la realidad, la dualidad y otros asuntos igualmente graves y trascendentes. David despliega su bolsa de trucos y lo vemos esforzándose por resultar moderno, cambiando de estilo a voluntad, saltando de un manierismo al siguiente, repitiendo encuadres y jugando con los colores para contarnos ¿qué? Muy poco, la verdad.
Acumula retazos de historias pero falla a la hora de encadenar las secuencias, o quizás es que está por encima de esas menudencias. Así que nos quedamos sin saber en qué consistió la relación entre Hana y el insoportable Willy o porqué se separó de Asterios. Y, si me apuran, tampoco sabemos porqué se unen cuando él parece tan feliz tirándose a todas sus alumnas. Si los apartados filosóficos interrumpen el fluir de los hechos, lo mismo podría decirse de la estancia de Polyp en la casa del mecánico. Parece una excusa para aportar un tono “indie” a la narración y presentar unos cuantos personajes estrambóticos y pintorescos, entre los que destaca, por supuesto, Úrsula Major.
Lo peor no es que la novela resulte pretenciosa y grandilocuente, es que además es aburrida. Artificiosa y falsamente trascendente, como el capítulo dedicado al padre enfermo demuestra. No conseguimos entrar en lo que se nos cuenta, falta verdad, autenticidad. Sin duda Mazzucchelli se ha pensado mucho este trabajo, pero apenas consigue emocionarnos. Apreciamos su destreza, pero nos distanciamos de su helado interior. Leer más...
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Sins Entido
viernes, 12 de noviembre de 2010
Milan K. Sam Timel y Corentin
¡QUE VIENEN LOS RUSOS!El Patito Editorial.
Santiago De Compostela, 2010.
64 páginas, 15 euros.
Hace ya tiempo que el mercado europeo intenta renovar viejas fórmulas, incorporando giros narrativos tomados del manga o de la industria americana. Mantengo un ojo puesto en los nuevos autores aunque debo reconocer que después del empacho provocado por los Sfar, Blain y compañía, cada día me siento menos tentado a darles una oportunidad. Con todo siempre hay excepciones, como algunos brillantes trabajos nos han demostrado recientemente. Pienso en el ciclo de Aldebarán, en el terreno de la ciencia-ficción, o en el del Gavilán, en el campo de la historieta histórica más clásica, pero debidamente actualizada. Siempre nos quedan Senté y Bravo para consolarnos. Y la esperanza de que algún día alguien ose traducir al gran Berardi que, desde Italia, continúa escribiendo cientos de páginas de su Julia, ¡cada mes!
Ahora nos llega esta aventura con ambientes que nos recuerdan a otro de los grandes, Van Hamme. En concreto a su serie Largo Winch. Si allí el protagonista era un joven rebelde que heredaba la fortuna de su padre adoptivo pasando a dirigir una multinacional, un conglomerado de empresas de compleja articulación, aquí se parte de una situación similar. Pero algo más complicada. En este guión escrito por Timal todo recuerda sucesos reales. Tenemos a un empresario ruso que se enfrenta a su gobierno, dirigido por un trasunto de Putin, en feo. La situación llega a un extremo tal que el hijo del millonario debe abandonar su refugio suizo y escapar a los USA bajo una identidad falsa, acompañado de su fiel guardaespaldas.
Allí intenta pasar desapercibido y adaptarse a una situación desesperada. Toda su familia ha sido asesinada y él es perseguido por su propio gobierno, que desea arrebatarle los bienes que pertenecían a su padre. Por el camino vemos cómo el protagonista va madurando. Primero es un niño, luego un adolescente y finalmente casi un hombrecito que aprende a base de experiencias muy duras. Aunque el guión está cargado de lugares comunes, como la relación que se establece entre el joven y su guardián, con fases quizás predecibles, la historia en general se sigue con interés. Las secuencias de acción están bien planteadas y se alternan con habilidad en una trama donde priman los diálogos y las conspiraciones al más alto nivel. Destaca esa larga escena final en que se enfrentan a tiros a sus perseguidores por los suburbios de Los Ángeles.
Este no es un tebeo de Van Hamme, no alcanza las honduras que le caracterizan. Pero se mantiene en un nivel digno, es un entretenimiento de calidad que no decepciona las expectativas que genera en el lector. Ello se debe en gran medida al excelente trabajo de Corentin, un dibujante clásico y sólido, que no se anda por las ramas y nos convence con su narración pura y directa. Quizás alguna expresión es mejorable, pero su entintado es fresco y claro y sus escenarios más que apropiados.
No es el mejor tebeo del año, pero si le gustan los thrillers de ambiente político este tebeo le complacerá. Es un trabajo más que correcto, contado con ganas y que sin duda mejorará en próximas entregas. Leer más...
viernes, 5 de noviembre de 2010
USAGI YOJIMBO: la madre de las montañas de S. SAKAI
Planeta DeAgostini.
Barcelona, 2010.
180 páginas, 12,95 euros.
Tiene historias que contar y un dibujo sencillo y una narrativa eficaz para hacerlo. Volvemos en esta ocasión a ese Japón feudal que ha distorsionado para situar a su héroe, un conejo samurai que ya es como de la familia. Cada episodio de Usagi es una celebración de un conjunto de valores que definen al héroe: fidelidad, honestidad, lealtad, valor, integridad… La lista completa. Su firmeza en la defensa de estos principios coloca a Usagi en no pocas situaciones comprometidas, empezando por sus relaciones con la madre de un hijo que no puede reconocer.
Y es que, a pesar de su aspecto de fantasía para niños, de su dibujo casi infantil, Usagi Yojimbo aborda temas universales y que pueden interesar a cualquier lector.
Sakai sólo se limita en cuanto a que procura que sus historias puedan ser leídas por todos, evitando escenas muy desagradables. Pero cualquiera que le eche un vistazo a esta su última entrega comprobará que describe cómo torturan al héroe y que su villana protagonista no se ahorra actos de maldad y depravación sin límites. Actos que apenas son contenidos por el estilizado dibujo del autor.
Se nos cuenta la relación entre dos primas, Tomoe, una vieja conocida de la serie, y Noriko, una espléndida mala y algo más, como descubriremos con asombro a medida que avanza la historia. También cómo el hallazgo de una mina de oro puede alterar la vida de toda una región, excitando la codicia de sus ambiciosos vecinos. Como siempre Sakai va dejándonos pistas que nos llevan de una secuencia a otra, con su fluidez habitual. Por el camino engarza otras pequeñas historias entre las que sobresale la del paje Motokazu. La desarrolla con naturalidad y la cierra en un final perfecto. Por cierto, no sé si a ustedes les pasará, pero tiene momentos en que me recuerda el relato de Arf en el Príncipe Valiente, en los episodios en que aún no ha perdido la pierna y es un adolescente que se esfuerza por llamar la atención de Aleta.
Los temas que aborda la historia son dos tan universales como la codicia, ya mencionada, y sobre todo la envidia. Esa y no otra es la pasión que mueve a la malvada Noriko, una fuerza antigua como la humanidad y que explica no pocas de nuestras debilidades y pecados.
Sakai la maneja con su habilidad característica y nos deslumbra con una aventura trepidante y más áspera de lo normal en él. Sorprenden la crudeza de la secuencia de tortura y las reacciones de furia homicida del héroe, justificadas por su preocupación por Tomoe, la mujer a la que ama calladamente.
Por el camino, todo es bueno. Las secuencias de acción, los secundarios, la construcción del argumento, las motivaciones de los personajes, los giros inesperados, las intrigas palaciegas… Sabemos ya que Sakai se toma su tiempo para presentar a sus protagonistas y explicar sus intereses y sentimientos. Pero esa planificación a largo plazo, que tan gratificante es para el lector, no le impide construir un gran entretenimiento en cada uno de sus relatos.
Es un maestro y aquí ha vuelto a demostrarlo. Leer más...
Barcelona, 2010.
180 páginas, 12,95 euros.
ENVIDIA Y CODICIA
Cada volumen de Usagi Yojimbo es una alegría. Su creador, el gran Stan Sakai, podrá estar más o menos inspirado pero hace ya tiempo que nos ha demostrado que su calidad está muy por encima de la media.
Tiene historias que contar y un dibujo sencillo y una narrativa eficaz para hacerlo. Volvemos en esta ocasión a ese Japón feudal que ha distorsionado para situar a su héroe, un conejo samurai que ya es como de la familia. Cada episodio de Usagi es una celebración de un conjunto de valores que definen al héroe: fidelidad, honestidad, lealtad, valor, integridad… La lista completa. Su firmeza en la defensa de estos principios coloca a Usagi en no pocas situaciones comprometidas, empezando por sus relaciones con la madre de un hijo que no puede reconocer.
Y es que, a pesar de su aspecto de fantasía para niños, de su dibujo casi infantil, Usagi Yojimbo aborda temas universales y que pueden interesar a cualquier lector.
Sakai sólo se limita en cuanto a que procura que sus historias puedan ser leídas por todos, evitando escenas muy desagradables. Pero cualquiera que le eche un vistazo a esta su última entrega comprobará que describe cómo torturan al héroe y que su villana protagonista no se ahorra actos de maldad y depravación sin límites. Actos que apenas son contenidos por el estilizado dibujo del autor.
Se nos cuenta la relación entre dos primas, Tomoe, una vieja conocida de la serie, y Noriko, una espléndida mala y algo más, como descubriremos con asombro a medida que avanza la historia. También cómo el hallazgo de una mina de oro puede alterar la vida de toda una región, excitando la codicia de sus ambiciosos vecinos. Como siempre Sakai va dejándonos pistas que nos llevan de una secuencia a otra, con su fluidez habitual. Por el camino engarza otras pequeñas historias entre las que sobresale la del paje Motokazu. La desarrolla con naturalidad y la cierra en un final perfecto. Por cierto, no sé si a ustedes les pasará, pero tiene momentos en que me recuerda el relato de Arf en el Príncipe Valiente, en los episodios en que aún no ha perdido la pierna y es un adolescente que se esfuerza por llamar la atención de Aleta.
Los temas que aborda la historia son dos tan universales como la codicia, ya mencionada, y sobre todo la envidia. Esa y no otra es la pasión que mueve a la malvada Noriko, una fuerza antigua como la humanidad y que explica no pocas de nuestras debilidades y pecados.
Sakai la maneja con su habilidad característica y nos deslumbra con una aventura trepidante y más áspera de lo normal en él. Sorprenden la crudeza de la secuencia de tortura y las reacciones de furia homicida del héroe, justificadas por su preocupación por Tomoe, la mujer a la que ama calladamente.
Por el camino, todo es bueno. Las secuencias de acción, los secundarios, la construcción del argumento, las motivaciones de los personajes, los giros inesperados, las intrigas palaciegas… Sabemos ya que Sakai se toma su tiempo para presentar a sus protagonistas y explicar sus intereses y sentimientos. Pero esa planificación a largo plazo, que tan gratificante es para el lector, no le impide construir un gran entretenimiento en cada uno de sus relatos.
Es un maestro y aquí ha vuelto a demostrarlo. Leer más...
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