viernes, 10 de diciembre de 2010

EL TENIENTE NEGRO de SILVER KAE & JOSE GRAU

El teniente negro de Silver Kane y Jose Grau, edita Glénat
Glénat. Barcelona, 2010.
256 páginas. 19,95 euros


UN NEGRO DESTEÑIDO


No es necesario ser un experto en comic clásico español para apreciar las virtudes de autores como Ambrós, Iranzo o Giner, por citar tres nombres que puedan sonar familiares. Sin embargo, excepto del primero, de quien se publican constantes reediciones de su Capitán Trueno, nadie ha pensado en recuperar el trabajo de estos maestros; se les condena así a pervivir en ediciones facsímiles habitualmente de precios abusivos. En este contexto de absoluta desmemoria histórica nos llega ahora este Teniente Negro.


Supongo yo que la razón de ser de esta publicación es su guionista, o, si lo prefieren, Francisco González Ledesma. En los últimos años se ha reconocido su ingente labor como escritor de novelas del oeste, aquellos productos de quiosco que pasaron por tantas manos, en un inacabable proceso de intercambio. Bien está que aplaudamos los esfuerzos de artesanos que parecían condenados al olvido, mientras fantasmas con menos capacidad reciben públicos honores. Pero eso no hace bueno el guión de este tebeo. Sin duda habrá sido escrito en las peores condiciones posibles. Eso excusa a su autor pero no a quienes han decidido recuperarlo. Menos aún cuando se aducen sorprendentes paralelismos entre las disparatadas aventuras que componen esta serie y nuestra trágica y sobada guerra civil. Si en un episodio aparecen unos buitres bombardeando un pueblo no se puede discutir que es un trasunto de Guernica ¡Faltaría más!

Otra cita obligada es la película de Ford, por supuesto. Sólo que allí el protagonista era un sargento, no un teniente y, lo que es algo más importante, era un verdadero negro, no un blanco pintado como aquí, uno de los aspectos más ofensivos del relato. Se emplean algunos tópicos enraizados en series como El Jabato o El Corsario de Hierro, pasando por el ya citado Capitán Trueno: al protagonista le acompañan un alegre jovencito y un forzudo más bien rellenito. Pero además se parte de una premisa clásica, la misma del Zorro o de la Pimpinela Escarlata, el héroe adopta una falsa identidad para protegerse, mientras que en su vida diaria se comporta como un petimetre. Lo más peculiar de ese disfraz es que no consiste en otra cosa que en pintarse la cara de negro. Y ¡hop!, ahí tenemos a nuestro aventurero desfaciendo entuertos en plan Al Jolson. Tan lamentable como suena.

No cabe duda de que, como cualquier serie B, El Teniente Negro no carece de encantos, debido sobre todo a la acumulación de situaciones disparatadas y a la indudable imaginación de su guionista, aunque se echa en falta un mayor desarrollo de los personajes y algo más de conexión en el incesante flujo de sucesos inverosímiles. La parte del dibujo es más débil y muy mejorable en las secuencias de acción. Cada vez que una figura salta parece volar, el asalto a la casa con el grupo del Ku-klus-clan enarbolando un tronco es directamente cómico por lo ridículo.

En fin, seguro que encuentran mejores tebeos en los que gastarse los euros estas navidades.

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