viernes, 24 de septiembre de 2010

JULIETA JONES de E. CAPLIN & S. DRAKE

Julieta Jones de Stan Drake y Elliot Caplin. Panini Comics
Panini Comics. Barcelona, 2010.
280 páginas, 29,95 euros.

LA SEÑORITA JONES


Ya he manifestado con anterioridad mi entusiasmo ante las reediciones. Demuestran la madurez del medio, que rescata del olvido piezas que deben servirnos para juzgar con corrección los trabajos de nuestros contemporáneos. Si son saludables y necesarias, mucho más cuando se trata de series tan maravillosas como esta. En España conocemos relativamente bien a Julieta, ya que ha pasado por diferentes encarnaciones editoriales. Y su calidad es tan grande que quien ha podido leerla ya no la olvida.


Esto se debe en parte al dibujo del increíble Stan Drake, por supuesto. Dicen que estuvo casado con una rubia, una morena y una pelirroja, lo que quizás explique su dominio de la figura femenina, especialmente de una parte de su anatomía: el pelo. Nadie dibuja largas y sedosas melenas como Drake, con esa mezcla de facilidad y realismo que muchos dibujantes copiaron. Tiene casi todas las virtudes que esperamos de un autor de comics: grandes expresiones en sus “actores”, dominio de la gestualidad, un acabado fresco y deslumbrante, un empleo dramático de la iluminación, una línea de contorno formidablemente expresiva… y mucho más. A ver si alguien se anima y publica en condiciones su último trabajo, que en su momento saboreamos por entregas en diferentes publicaciones. Aquella Kelly Green escrita por otro de los grandes, Leonard Starr, que de manera muy oportuna firma el prólogo de esta edición.

Julieta Jones de Stan Drake y Elliot Caplin
Pero es que Drake es sólo la mitad de un equipo en estado de gracia. Le acompaña Elliot Caplin, un escritor que nos sedujo en otra tira clásica que también lleva su firma. Me refiero, claro está, a Big Ben Bolt, la historieta de boxeo que dibujaba el gran Cullen Murphy, que más tarde se haría cargo de Prince Valiant. Si allí nos sorprendía la habilidad del guionista para convertir los combates que se iban sucediendo en algo novedoso y emocionante, aquí también parte de un material aparentemente banal que transforma en puro oro narrativo. Julieta y Eva Jones viven con su padre, un modesto empleado de banca, viudo, en un pequeño pueblecito. Se nos pinta a Eva como una perfecta egoísta en los primeros capítulos, mientras que su hermana Julieta es la comprensiva, hacendosa y humilde chica de su casa, en su papel de hija ejemplar y madre para su propia hermana, mientras el fantasma de la soltería la acecha.

Con ese escenario Caplin y Drake elaboran una indiscutible obra maestra, llena de emotividad, humor, drama, crítica social y personajes inolvidables. Cabe subrayar que, aunque se ha dicho que ofrecía una visión edulcorada de la sociedad americana de los cincuenta, Julieta Jones dista mucho de ser un producto que evite afrontar temas complejos y polémicos. El tono es siempre tranquilo, oscilando entre el drama familiar y la comedia de situación, pero hay tensiones constantes, especialmente con algunos asuntos como el económico. En uno de los primeros episodios los problemas comienzan cuando el hijo de un ricacho se enamora de Julieta, ante el escándalo de su futura suegra. En otro, el padre casi se arruina intentando enviar a Eva a la universidad. Los conflictos sociales son una constante en la serie, pero no su razón de ser. Por encima de la clase siempre se dibujan individuos. Antes que el hijo del jefe, Shorty es un muchacho incapaz de conquistar el corazón de la muchacha de la que se enamora. Julieta puede pelear con su futura suegra, pero el padre de su pretendiente no tiene ningún problema con ella. Etc.

Julieta Jones es ante todo un gran retrato de la humanidad contenida en ese pequeño pueblo, un universo en el que podemos fácilmente reflejarnos. Hay envidias, placeres, amores, trampas, mentiras, castigos y recompensas, personajes extremadamente nobles y estafadores, pobres y ricos, desgraciados y satisfechos. Es un gran entretenimiento construido con mucha inteligencia y un dominio absoluto de la progresión dramática. No se lo pueden perder.
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jueves, 16 de septiembre de 2010

EXPOSICIÓN de WALLACE WOOD - WOODWORK

Catálogo de la exposición de WOODWORK en Casal Solleric, Palma de Mallorca sobre Wally Wood
CASAL SOLLERIC Palma de Mallorca. España.
Del 16 de septiembre al 7 de noviembre 2010

CATÁLOGO
A LA VENTA

Precio: 25 €

Llamando al tel. 971 722 092
o al email: folmo@apalma.es (Att. Francisca Olmo)


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OTRAS EXPOSICIONES

En el Solleric podrán disfrutar de algunas de sus más conocidas historietas completas, así como admirar sus exquisitos acabados sobre los lápices de colegas tan brillantes como Ditko, Kane o Kirby, entre otros. Hay muchas razones para no perderse la que sin duda es una de las grandes exposiciones de comic del año. Y no sólo en España, sin exageración alguna. La inauguración coincide además con esa gran fiesta que es la Nit de l’Art y se produce en un año en que el Ayuntamiento ha creado el Premio Ciudad de Palma de Comic.


FOTOS DE LA INAUGURACIÓN 

Una exposición que se acompaña de un catálogo donde se ha cuidado especialmente la reproducción de los originales y la selección de material complementario, que ayude a entender mejor a este creador obsesivo y fascinante. Se incluyen diversos textos escritos por Bill Pearson, uno de sus ayudantes y actual albacea de su obra, y estudiosos de reconocido prestigio como Roger Hill y Jerry Weist.

El casal Solleric con las cartelas de las exposiciones, Wally Wood
Como he tenido el placer de participar en este proyecto, abordaré aquella parte que, por motivos de espacio, no he podido incluir en el catálogo. Me refiero a la presencia de Wood en el mercado español. Pese a algunos sonoros huecos, no nos podemos quejar. Llevamos años disfrutando con su labor de manera quizás un poco desordenada, pero dista mucho de ser un desconocido entre nosotros.

Eisner le ofrece su primer encargo como rotulista de Spirit, a finales de los cuarenta. En esos primeros años practica todos los géneros, del romance al terror pasando por lo policiaco o la ciencia-ficción, que es donde empieza a llamar la atención. Destacan dos comic-books, The flying saucers y An Earth man in Venus, que ya presentan muchos de los rasgos que le darán fama, especialmente su tremenda imaginación en el diseño de escenarios, artefactos y aliens y su desatado sentido de la aventura. Todo este material no ha sido traducido, aunque en los USA es sencillo encontrar diversas selecciones de este período, como las editadas por Pure Imagination: The Wallace Wood Reader (2004) y Wally Wood Edge of Genius (2009).

A comienzos de los cincuenta Wood inicia una de sus etapas más conocidas. Para la editorial EC dibujará inolvidables historietas sociales, de ciencia-ficción, guerra y terror. Durante años permanecieron inéditos en España hasta que en 2004 Planeta se decidió a publicarlos, llenando un hueco inexcusable. Toutain ya nos había ofrecido algunos adelantos. En 1981, coincidiendo con la muerte del autor, le rendían homenaje publicando en la revista 1984 nº 37 “My World”, una historieta que había aparecido por primera vez en Weird Science nº 22 (1953). También emplearon una portada de Wood en Comix Internacional, nº 42, Especial EC (1984), aunque curiosamente el autor no firmaba ninguna de las historias seleccionadas en el interior.

De esos años también recordamos su colaboración con Eisner, ahora ya no como aprendiz sino como joven promesa. Me refiero a Outer Space, que aquí publicó Toutain como Espacio Exterior (1981). Recopilaba los episodios de Spirit dibujados por Eisner y Wood en 1952. Su revisión merece la pena.

La parte menos conocida de esa época es su largo recorrido en Mad, que alcanzó los primeros años sesenta. Allí demostró que siendo un buen dibujante realista, era todavía mejor en el humor. Planeta publicó recientemente los dos primeros tomos de Mad y estamos a la espera del resto, así como de su trabajo en Panic, la otra revista de humor de la EC.

Original art at the exposition of Wally Wood in Palma de Mallorca, Sp
Tras el desplome del mercado de los tebeos en la segunda mitad de la década de los cincuenta, Wood buscó trabajo en otras áreas. Destacan sus ilustraciones para Galaxy, recopiladas por Pure Imagination en Wallace Wood’s Wayout (2005). En 1957 intervino en la tira Flash Gordon ayudando a Dan Barry. Se le atribuyen fragmentos de la famosa aventura del administrador, que en la imprescindible edición de Tebeos S.A. se publicó en los nº 46 y 47 (1988). Cierra la década entintando a uno de los grandes, Jack Kirby, en Sky Masters, una tira de prensa que ha sido recientemente editada por Glénat (2008) y en la maravillosa Challengers of the Unknown, serie que Novaro publicó en su día.

Abre los sesenta participando en diferentes proyectos publicitarios en relación con Topps, un fabricante de cromos, chicles y otros artículos de broma para niños. Su encargo más conocido es la serie Mars Attack! Wood realizó los primeros bocetos que fueron rematados por otros artistas. La popularidad de los cromos marcianos llegó hasta los noventa, cuando Tim Burton realizó una película inspirado en ellos. Pero lo más importante en esos años es su entrada en Marvel. Era la editorial que estaba revolucionando el mercado y Wood fue recibido como una auténtica estrella. Realizó varios números de Daredevil, a quien aportó su fantástico traje rojo, pero no aguantó al editor Stan Lee y se fue pronto. Esos números publicados en USA en 1964 y 65 llegaron pronto a España, en la impresentable versión de Vértice (1969). De alguna manera el arte de Wood sobrevivía a los remontajes y permanece con todo su fulgor en nuestra memoria. La Biblioteca Marvel (Planeta) nos ofrecía una versión algo más digna en 2001.

El siguiente movimiento del dibujante permanece inédito por aquí. Me refiero a T.H.U.N.D.E.R. Agents. Realizado para una compañía que pretendía rivalizar con Marvel, la aventura le ocupó el resto de la década. Wood trabajó como editor, guionista, dibujante a lápiz y entintador, colaborando con talentos de la talla de Kane, Crandall o Ditko entre otros. En USA estas series han sido publicadas en seis volúmenes por DC, The T.H.U.N.D.E.R. Agents Archives. A ver si alguien se anima a traducirlos.

Mientras hacía frente a la vorágine laboral que suponía producir T.H.U.N.D.E.R. Agents, a Wood todavía le quedaba tiempo para otras apuestas. La más conocida es la creación de witzend (en caja baja), un fanzine que se adelanta a la explosión de la prensa underground. No ha sido traducido, que yo sepa, así que sus historietas Animan y Pipsqueack Papers son un misterio para el público español. Como consuelo les recuerdo que sí conocemos la historia con dibujo de Williamson y guión de Wood que apareció en el nº 1, “Savage World”. Aquí la encontramos en el nº 3 de Relatos Salvajes (Vértice, 1974) con el título de “¡Mundo salvaje!”. Es tan buena como la recordábamos. Otros esfuerzos inéditos son su tira Bucky Ruckus, su escandaloso poster sobre Disney para The Realist o su participación en la revista de comics más grande del mundo, Wham-O Giant Comics, todo en 1967.

Woodwork - Exhibition in Majorca, Spain, Comic art, drawing inking
Cierra los sesenta entintando a otros dibujantes, realizando su famosa plancha de prueba para Prince Valiant y tanteando un nuevo cliente, el ejército de los USA. Con ellos colaborará a inicios de los setenta con dos célebres personajes: la picante Sally Forth y el durísimo Cannon. A ambos los conocemos más o menos bien, ya que se publicaron en su momento en España. Sally en Totem Especial USA nº 1 al 5 y Cannon en Totem Calibre 38 y en Tótem Especial USA nº 6, todos ellos editados por Nueva Frontera desde 1977. Lo que sirvió como distracción a los soldados americanos en sus misiones de ultramar fue un soplo de aire fresco en un país que acaba de dejar atrás cuarenta años de dictadura. ¡Gracias, tío Sam!

Vuelve a la casa de las ideas donde firma unos espléndidos episodios del Doctor Muerte, con guión de Thomas. Vértice lo publicó en su momento, o eso quiere recordar algún rincón de mi memoria, donde perviven esos cascos-burbuja, el calvo con vendajes y los cohetitos voladores. Planeta lo reeditó en Selecciones Marvel nº 16 (2001). Después dibujó cuatro excelentes tebeos para Tower of Shadows, “Flight into Fear” en el nº 5 (Mayo, 1970), “The Ghost Beast!” en el 6 (Julio, 1970), “Of Swords and Sorcery!” en el 7 (Septiembre, 1970) y “Sanctuary!” en el 8 (Noviembre, 1970). Juntas forman un conjunto sólido y coherente donde encontramos algunos de los temas y arquetipos que empleará con Warren y en su último gran proyecto, The Wizard King. Hasta donde yo sé, en España se publicó “Santuario”, como complemento en Conan el Bárbaro Volumen 2, nº 8, pero es posible que se tradujera alguna otra. Cierra esta nueva etapa en Marvel con varios trabajos como entintador. La excelente historia de Kull “A king comes riding!”, publicada en King Kull nº 1 (1971), apareció aquí en Relatos Salvajes nº 13 (Vértice 1973) y luego ha sido repetidamente reeditada. Y The Cat, donde entinta a Marie Severin. Después volvió a pelearse con Lee y buscó trabajo en otras editoriales.

Tampoco mantuvo buenas relaciones con Warren y sin embargo también dibujó para él un montón de obras maestras. Podemos rastrearlas entre las diversas revistas españolas de fantasía y terror. Empecemos por sus historias de espada y brujería: “The Curse” publicada en Vampirella nº 9 (Enero, 1971), “War of the Wizards” en el 10 (Marzo, 1971) y “The End”, que provocó su ruptura definitiva con el editor. La primera la encontramos en Vampus Extra (Ibero Mundial de Ediciones, 1973) como “La maldición”, con la protagonista algo más tapada que en el original. Lo mismo ocurría en la segunda, publicada como “La guerra de los magos” en Dossier Negro nº 48 (Ibero Mundial de Ediciones, 1973). La tercera aparece en 1978 troceada en dos y manipulada, como en los USA. Luego Wood la publicó íntegra en su fanzine The Woodwork Gazette. “Una noche en el manicomio” se publicó en la revista 1984 nº 1 (Toutain, 1978) y “Corte rápido” en el nº 3 (Toutain, 1978).


Para Warren dibujó así mismo tres historietas de ciencia-ficción: “The cosmic all” en Creepy nº 38 (Marzo, 1971), “Manhunters” en Comix Internacional nº 2 (1973) y “Killer Hawk” en Eerie nº 61 (Noviembre, 1974). Aquí aparecieron como “En el Cosmos”, en Vampus nº 1 (Ibero Mundial de Ediciones, 1971), “Los cazadores de hombres” en Famosos Monsters del Cine nº 17 (Garbo, 1976) y “El enviado de la muerte” en Rufus nº 23 (Garbo, 1973). Y dos más, donde juega con elementos mitológicos: griegos en “Prelude to Armageddon” para Creepy nº 41 (Septiembre, 1971) y egipcios en la magistral “To Kill a God”, en Vampirella nº 12 (1971). Aquí se publicaron como “Preludio al Armageddon” en Creepy nº 26 (Toutain, 1980) y “Matar a un Dios” en Rufus nº 29 (Garbo, 1975), aunque ésta última ha sido reeditada en diversas ocasiones.

Su recorrido en Warren se completa con varias obras realizadas en colaboración con otros autores. Como “Overworked”, que dibujó Adkins y aquí se publicó en Vampus nº 3 como “Exceso de trabajo” (Ibero Mundial de Ediciones, 1971). En “Creeps” fue entintado por Severin y aquí se tituló “Reptiles” cuando apareció en Vampus nº 56 (Garbo, 1976). Entintó a Buckler en “Snow”, que apareció como “Nieve” en Rufus nº 32 (Garbo, 1976). Y escribió el guión para Reese de “Warmonger of Mars”, que aquí se tradujo como “Croniquillas de Marte” cuando salió en las páginas de 1984 nº 11 (Toutain, 1979). Finalmente, los completistas me perdonarán si confieso que no recuerdo dónde se publicó la versión en español de “Last train to Laurelhurst”. Como en el caso de “Prelude to Armageddon”, sé que existe una edición en los setenta, pero no consigo dar con ella.

Dibujó también muchas historietas cortas para la DC, cuando su amigo Orlando fue nombrado editor, pero permanecen inéditas en España. Lo mismo su brutal participación en Big Apple Comix (1975) una salvaje revisión de su clásico “My world”, ahora convertido en “My word”. A mediados de los setenta se centra en la DC, sobre todo como entintador. Destacan sus aportaciones a la revista de humor Plop!, su colaboración con el gran García-López en Hercules Unbound y un breve recorrido en La Sociedad de la Justicia, que Planeta rescató en 2007. También aporta sus tintas a Richard Dragon, una serie menor de kung-fu, que aquí apareció en Relatos Salvajes nº 38 y 39 (Vértice, 1978).

Luego está su participación en el género erótico, que ya se había iniciado en los 50. Primero fueron chistes y más tarde historietas completas y portadas, como la espléndida serie que realizó para la revista Screw. En Totem Especial USA nº 6 (Nueva Frontera, 1977?) apareció su versión de Cenicienta, que se había publicado originalmente en Cavalcade, una de esas revistas “para chicos” de principios de los sesenta. Y en Ilustración y Comix Internacional nº 56 (Toutain, 1984) se incluyó un fragmento de su versión de Alicia, “Malicia en el país de las Maravillas”. Aunque sin duda lo más chocante para el lector español fue Wallace “Wally” Wood desconocido, una extraña edición sin acreditar, publicada en los ochenta, que reproducía el material aparecido en Gang Bang nº 1 (Nuance, 1980). Se llegaron a editar tres números, el último con material recopilatorio tras la muerte de Wood. En el segundo apenas se aprecia su presencia, así que puede afirmarse que conocemos la mejor pornografía de Wood. Siendo un trabajo sin mayores pretensiones artísticas, está realizado con su calidad habitual.

Del último gran proyecto del autor también tenemos algunas noticias. Desde su infancia Wood soñó con los personajes que pueblan el mundo de The Wizard King, una fantasía a lo Tolkien que finalmente vio la luz en la forma de dos novelas gráficas, cuando nadie las llamaba así. En ellas se nota ya el peso de los años y la mano de sus ayudantes. Pero antes se había aproximado a esos mundos de diversas maneras. Una de ellas fue un resumen literario muy ilustrado que presentó en el nº 5 de witzend (1968). Introducción que se publicó aquí en una edición muy digna en la revista Antares (Dronte, 1976).

Como curiosidad, recordar su portada para Daredevil nº 164 (Marvel, 1980), donde volvió a su antiguo personaje, entintando los lápices de una joven promesa: Frank Miller. Seguramente hay algún trabajo más que se me escapa, pero revisando todo esto ya pueden hacerse una idea de la destreza artística, la imaginación sin límites y la sensualidad del arte de Wallace Wood. Por cierto, nunca le gustó que le llamaran Wally. Él siempre fue Woody para sus amigos.
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miércoles, 4 de agosto de 2010

Agosto cerrado

En el mes de agosto no aparece el suplemento cultural "Bellver" del Diario de Mallorca. Empieza de nuevo en septiembre y ya hemos visto en el mercado varias novedades muy recomendables como "Muertos vivientes" o "Julieta Jones". Y también para septiembre, en concreto el 16 por la noche, la exposición de Wally Wood en el Casal Solleric en Palma de Mallorca. Leer más...

jueves, 29 de julio de 2010

Notas al pie de Gaza

Joe Sacco
Reservoir Books.
Barcelona, 2010.
418 páginas. 22,90 €

GAZA, 1956

Yo no era el fan nº 1 de Sacco. Saludado como gran talento emergente, sus obras anteriores, cosas como Gorazde o Palestina, han sido consideradas nuevas cumbres del tebeo alternativo. Como casi siempre en estos casos, los elogios arropaban trabajos irregulares, con más sombras que luces. Temáticamente, este reportero-dibujante tenía el mérito de acercarse a zonas calientes y transmitirnos sus impresiones de primera mano. Pero su narrativa no alcanzaba a comunicar con intensidad los duros sucesos que abordaba. Como escribí en su momento, al leerlo se echaba de menos la inmediatez de la televisión. Ralentizaba innecesariamente lo que podrían haber sido interesantes audiovisuales. Luego estaba el enfoque que daba a sus historias. Como sus comentarios sobre el asesinato del jubilado a manos de unos terroristas palestinos, donde se quejaba de cómo había servido para que la televisión cargara contra el pueblo palestino. Como si eso fuera peor que tirar a un viejo en silla de ruedas por la borda de un barco.

Ahora Sacco ha vuelto a Palestina, en concreto a Gaza, para investigar unos sucesos ocurridos en 1956. Y debo decir que su arte ha mejorado mucho. Por un lado su narrativa se ha afinado. En este libro asistimos a la descripción del mismo hecho realizada por diferentes personajes, con constantes saltos en el tiempo. Se pasa de una visión objetiva a otras subjetivas, constantemente y con tremenda habilidad. Además, también ha perfeccionado el dibujo. En general, a pesar de la densidad argumental, el volumen se lee con facilidad y algunos momentos son realmente intensos. Como casi todos los pasajes en la escuela o la secuencia final en que visualiza lo que debieron vivir los protagonistas del relato.

Además, en su primera parte el autor se esfuerza por ofrecernos un punto de vista más equilibrado. Si en Palestina la visión de los judíos corría a cargo de dos pijas, frente a centenares de testimonios de sufridos y heróicos palestinos, aquí arranca con un reparto de voces más equilibrado. Así que ese baile de golpes y contragolpes que se suceden en la franja de Gaza se vive como una progresión tan desgraciada como natural, en la que cuesta diferenciar a buenos y malos, ya que la venganza rige los actos de ambos bandos. Luego se echa en falta una interpretación algo más profunda del papel de Nasser en todo este follón, pero Sacco si acaso peca es por omisión. No puede negarse que la estampa que nos ofrece del presidente egipcio no es precisamente amable.

En su segunda parte, se centra en recrear unas matanzas que según parece tuvieron lugar en algunos pueblos de Gaza en 1956. Digo según parece porque en todo este asunto hay que andarse con pies de plomo, es fácil ser engañado por unos u otros. Recuerden el caso del padre y el hijo falsamente tiroteados por las tropas israelís. Y es precisamente en su voluntad de mantenerse fiel a la verdad donde reside la virtud de este tebeo. Confronta unos testimonios con otros, enuncia las contradicciones y destripa unos sucesos que todos dan por supuestos, muchos desean olvidar y otros tantos negar. No llega a muchas conclusiones. No puede hacerlo, tan sólo ofrece esas visiones parciales, que podemos creer o no.

Es éste un trabajo realmente riguroso y respetable y que me hace contemplar al autor bajo una nueva luz. A partir de ahora, no voy a perderle la pista al señor Sacco.

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jueves, 22 de julio de 2010

AYA DE YOPOUGON - Marguerite Abouet y Clément Oubrerie

AYA de Yopougon de Marguerite Abouet y Clement Oubrerie. Edita Norma Norma Editorial.
Barcelona, 2010.
106 páginas, 18 €.



COSTUMBRISMO AFRICANO



Esta serie llega a su cuarto volumen, manteniendo las virtudes que sin duda le aseguran un público fiel y un éxito moderado pero sostenido. Más allá de su ambientación “exótica”, Aya nos habla de ambiciones, deseos, intrigas, decepciones, alegrías y tristezas universales. 


Los autores alcanzan un delicado equilibrio entre la descripción fiel de ese entorno africano, que podría resultarnos ajeno, y unos personajes que se comportan de manera tremendamente familiar. En este episodio, además, abandonamos África para acompañar a ese peluquero imitador de Michael Jackson, uno de los protagonistas más simpáticos, a París, donde padece la atribulada vida del inmigrante aunque su natural vitalidad le permite sobreponerse a las inclemencias de la fortuna.

No abandonamos al resto de pobladores de la serie, Aya, sus amigas y familiares. Tampoco cambia el dibujo con su frágil línea y su envolvente color. A veces los acabados digitales afectan un poco a la legibilidad, pero es lo peor que puede decirse de un grafismo que cumple con creces su función. Los personajes actúan muy bien, son dibujados siempre con simpatía y la planificación es tan sencilla como efectiva. Los escenarios son precisos sin exceso de detalles y enmarcan perfectamente la acción.

AYA de Yopougon de Marguerite Abouet y Clement Oubrerie. Edita Norma
Respecto al guión, mantiene su tono, a mitad de camino entre la comedia de situación y el culebrón, con protagonistas muy bien definidos y un nutrido elenco de secundarios, que nos permiten acercarnos a la realidad de Costa de Marfil. Uno de los aspectos que más han llamado la atención de esta serie es su “normalidad”. La visión que nos ofrece de África evita los tópicos habituales, de la guerra al hambre pasando por el neocolonialismo o los conflictos tribales. Al contrario, todo suena cercano y casi familiar. Reconocemos esa sociedad donde los hijos ya pertenecen a la ciudad mientras los padres mantienen sus raíces en el campo, con las tensiones que todo eso provoca. O donde algunos intentan prosperar a base de trabajo, estudio y esfuerzo, mientras otros aprovechan las oportunidades que una cultura en transformación les brinda, no todas lícitas por supuesto.

En ese sentido sorprende la integridad de la protagonista, esa Aya que ve como sus amigas pierden el tiempo con amoríos que no las llevan a ninguna parte y que debe enfrentarse a abusos cometidos por los profesores que en teoría deberían de enseñarla y ayudarla a mejorar. El viejo discurso de “pobre, pero honrado”, que por estos lares ya sólo enuncian los más pringados, resuena con fuerza en la saga. Parecida posición adopta Innocent, el peluquero que se larga a París buscando cumplir sus sueños. Por muy mal que le vayan las cosas, no adopta nunca el papel de víctima. Al contrario, increpa al músico callejero que en el metro canta las desdichas africanas. Según dice: “cuando uno quiere cantar tiene que expresar alegrías y cosas hermosas”.

En fin, que Aya no es sólo un buen tebeo, bien contado y dibujado, con personajes interesantes y anécdotas divertidas y siempre entretenidas, también nos permite echar un vistazo a un África que no lloriquea y que sólo desea que la dejen en paz para progresar por su cuenta. Que así sea.
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jueves, 15 de julio de 2010

ADIÓS A VÍCTOR DE LA FUENTE

A principios de este mes fallecía el último miembro de una conocida saga de dibujantes asturianos. Hace ya tiempo que nos dejó Ramón, seguido más tarde por el popular Chiqui. Ahora “Vitorín” se ha reunido con ellos. Víctor de la Fuente era pequeño en tamaño pero grande en talento, uno de los dibujantes realistas más expresivos y poderosos que ha dado este país.


Víctor de la Fuente


















Su carrera profesional fue bastante accidentada. Nacido en Ardisana de Llanes en 1927, emigró a Sudamérica de donde regresó en 1945 para dibujar sus primeras historietas en Madrid. Vuelve a cruzar el charco para probar las más diversas actividades, de la publicidad al boxeo. Finalmente, a finales de los 50 se instala en España, desde donde dibuja tebeos bélicos para Inglaterra que, por cierto, recientemente han sido reeditados. También colabora con Víctor Mora en lo que es su primera serie de éxito, Sunday, un western donde llega a su madurez como dibujante. Puede con todo, ya sean animales, escenarios, mujeres, hombres, niños o cosas. Todo ello servido con un entintado seco y rasposo que aporta una mayor expresividad a su ya potente blanco y negro.

En 1970 crea su propio personaje para la revista Trinca: Haxtur. Una suerte de vagabundo con aspecto de beatnik que transita unos paisajes oníricos enfrentándose a las fuerzas del mal. De nuevo sorprende el grafismo, unido aquí a un color sugerente y una puesta en escena en la que dominan las viñetas alargadas verticalmente y un empleo radical de las elipsis temporales.
Haxtur de Víctor de la Fuente. Edita Glénat.
Pero Haxtur fue sobre todo conocido como un tebeo simbólico cuyas metáforas eran supuestamente ataques al régimen. Esto le provocó no pocos problemas a su autor, que tuvo que exiliarse en Francia. Todavía publicó las correrías de un segundo héroe en Trinca, en este caso el indio post-nuclear Nathai-Dor, una historieta tan sencilla en sus pretensiones como eficaz en su puesta en escena. Despojado de la en ocasiones agobiante carga simbólica de Haxtur, Nathai permanece como un gran relato de aventuras.

En Francia no acabaron los problemas de Víctor. Deseando mantener los derechos sobre su trabajo, se enfrenta a las editoriales y se ve condenado a buscar trabajo en otros lugares. Como Italia, para cuyo mercado dibuja cientos de páginas eróticas. En ese momento su velocidad es ya legendaria. Se habla de docenas de páginas al día, dibujando a lápiz con una mano y entintando con la otra. Él mismo comentaba que tenía una goma similar al torno de un dentista, que le permitía borrar la tinta, ya que en muchos casos apenas esbozaba las viñetas sino que las entintaba directamente.

De su prolongada carrera en Francia conocemos tanto como lo que ignoramos. Por aquí se publicaron algunos de sus álbumes para Los Gringos, su serie con Charlier, Josué de nazaret, su frustrada colaboración con Cothias o Los ángeles de acero, otra de sus aventuras con Mora. También pudimos disfrutar de algunos de sus relatos cortos para Warren o su nuevo personaje, Haggarth, prodigioso en el plano gráfico y bastante fallido en lo argumental. Pero sus contribuciones a la Historia de Francia o a la adaptación de la Biblia, entre tantos otros encargos para el mercado francés, permanecen sin traducir.

Víctor fue siempre un luchador, en lo artístico y en lo laboral, social y personal. Un tipo admirable cuyo talento apenas fue apreciado en su país de origen. Faustino Rodríguez Arbesú le rindió un homenaje en el Salón del Comic del Principado de Asturias, denominando Premios Haxtur a los galardones que otorga esta convención. También dedicó una exposición con un amplio catálogo a los hermanos de la Fuente en 2003. Desde entonces Glénat ha ido reeditando parte del material de Víctor. Sin duda la obra del último de la Fuente permanecera. Descanse en paz.
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jueves, 8 de julio de 2010

Día de Mercado - James Sturm


Astiberri Ediciones.
Bilbao, 2010.
92 páginas. 16 €.

EL MERCADO Y EL ARTE

Los resúmenes que ofrecen pistas al lector en la contraportada de esta novela gráfica pueden resultar engañosos. En ellos se insiste en el aspecto más social, económico, de la obra de Sturm. Un fabricante de alfombras judío va a vender su género al mercado y allí, en lugar de su comprador habitual, se encuentra con un nuevo dueño y precios más bajos que aquellos a los que estaba acostumbrado. Derrotado, acaba malvendiendo su producción a un mayorista. Esto es suficiente para que las reseñas insistan en la maldad de “las impersonales fuerzas del mercado” y otras memeces semejantes.

Supongo que esas pistas sirven para invitar a los creyentes a renovar su fé en las bobadas habituales: el mercado es mu malo, no tiene sentimientos y todo eso. Afortunadamente, el trabajo de Sturm tiene poco que ver con esa descripción. Parte de una anécdota, de la que voluntariamente se olvida la primera parte. Un artesano encuentra a un empresario que valora su trabajo. Eso le lleva a instalarse por su cuenta, ignorando los consejos de quienes le advierten que su suerte puede cambiar. En el presente, el momento en que se inicia la historia, Mendleman, el judío protagonista, se dirige hacia el mercado, como es habitual, pensando en el hijo que espera y en el diseño de futuras alfombras. Luego nada sale como esperaba, pero el volumen es mucho más que una reflexión sobre los cambios de la economía y cómo estos afectan a los pequeños productores. Habla, sobre todo, del sentido de la vida en general y de la actividad artística en particular.

El libro cuenta con varios atractivos. Por una parte el dibujo de Sturm, contenido y delicado, poético sin pretensiones y acompañado de una delicada gama de tonos terrosos y una narrativa tan firme como discreta. Por otra el tono marcadamente judío. Desde las primeras viñetas vemos cómo el protagonista se entrega a las más tristes reflexiones, su hijo va a nacer y él podría morir. Poco después su orgullo de artesano se impone, así como la alegría de llegar al mercado y contemplar a la multitud. Pero, tras comprobar que no podrá vender sus alfombras, todo se transforma, se vuelve feo y deprimente. Asistimos a un terrible drama personal que no puede acabar bien.
Por un lado hay una explicación contextual a esa angustia. La situación de los judíos en la Europa del siglo pasado no era precisamente agradable. Sturm ya había tocado asuntos parecidos en su trabajo anterior, El asombroso swing del Golem, una obra que denunciaba el racismo hacia los judíos en un país tan poco sospechoso como los USA. Fue allí donde realmente pudieron demostrar sus capacidades sin las trabas que encontraban en el viejo continente. Con todo, como nos recuerda el autor, no fue exactamente un camino de rosas. Iba mucho más allá de la mera denuncia, firmando un relato donde destaca ese momento épico en que el Golem pierde el control y la leyenda se vuelve real.
En Un día de Mercado Sturm tiene la inteligencia de emplear una pequeña anécdota para construir una gran historia sobre nuestros deseos y frustraciones, el choque entre nuestros sueños y la realidad. Resulta perfectamente creíble, nos identificamos fácilmente con su protagonista, ese sufrido Mendleman que nos recuerda la diferencia que puede marcar un hombre. Cuando pierde a su benefactor su mundo se desmorona.
Mientras escribo estas líneas, escucho con vergüenza cómo algunas personas, por el mero hecho de ser judías, son perseguidas en las calles de nuestro país e incluso en nuestras universidades. Agradezco que trabajos como los firmados por Sturm nos recuerden un antisemitismo que desgraciadamente nunca desaparece del todo.
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jueves, 1 de julio de 2010

EL FIN DE LA AVENTURA

RIP Frazzetta Williamson

Recientemente se producía la muerte de dos gigantes del dibujo realista, dos titanes del tebeo que marcaron toda una época en el género de aventuras. Intentaron reproducir el tipo de material que les había fascinado de críos, las grandes películas de los años treinta, incluyendo los seriales, y dos referencias en el campo del cómic, que ayudan a explicar sus respectivos estilos: por un lado el Foster de Tarzan y Prince Valiant y, por el otro, el Raymond de Flash Gordon.


Tanto Frank Frazetta como Al Williamson fueron talentos precoces, trabajaron como profesionales casi desde su adolescencia. Williamson se puso a colaborar en las tiras del Tarzan de Hogarth mientras algunos futuros compañeros todavía asistían a sus clases en la ahora conocida como School of Visual Arts, en NY.

Pronto formaron un grupito, el Fleagle Gang, donde compartían trabajo, aficiones y diversión. Sus integrantes se cuentan entre lo más distinguido del dibujo clásico de aventuras: Frazetta y Williamson, por supuesto, pero también Roy Krenkel, Angelo Torres, Nick Meglin y George Woodbridge. El independiente Wood era considerado un miembro honorífico.


A lo largo de los 50 se forjaron una reputación, con historietas donde se esforzaban por conseguir un realismo de base fotográfica, sazonado con un movimiento barroco y extremo en el caso de Frazetta y un clasicismo muy elegante en el de Williamson. Los dos recorrieron el camino de las historias cortas de temas variopintos en esos difíciles años y luego sus carreras se separaron. 


Frazetta languideció haciendo de negro para Al Capp en Lil Abner para más tarde abandonar prácticamente los tebeos y dedicarse a la ilustración. Con todo, sus portadas para las revistas de Warren o para las novelas de Conan han supuesto una gran influencia en posteriores artistas de comics. Consiguió cierto reconocimiento artístico que le llegó desde Hollywood, con actores como Eastwood encargándole trabajo y coleccionando su obra. Se montó su propio museo en casa y en sus últimos años se dedicó a arruinar trabajos anteriores, retocándolos hasta la exasperación kistch. Para conocerlo mejor, les recomiendo que revisen el documental que acompaña la película que perpetró Bashki, inspirándose en sus mundos. Tigra (Fire and Ice) no vale nada, pero el corto biográfico de Frazetta está muy bien.

Williamson permaneció fiel a los comics, aunque en su carrera también saltó de un lado a otro. Realizó innumerables tiras de prensa, entre las que destaca Agente Secreto X-9, con guiones de Goodwin. Podemos citar su contribución a Star Wars. No soló adaptó algunas de las primeras películas, también se hizo cargo de la tira de prensa por un tiempo. Pero sin duda su héroe favorito fue Flash Gordon. Aunque en su momento no pensaron en él y cayó en manos de Dan Barry, pudo resarcirse en innumerables ocasiones de este desaire profesional. Recientemente se editaba un libro que agrupa su contribución al personaje, con momentos tan destacados como la miniserie que realizó con guiones de Schultz, otro de sus seguidores y amigo.


Al contrario que Frazetta, Williamson podía resultar un poco estático. Pero siempre era elegante y su entintado tenía la grandeza de los clásicos. Quizás por eso en los últimos años trabajó sobre todo sobre los lápices de otros. En realidad no necesitaba el dinero. Pronto comprendió el valor de las obras que le rodeaban y empezó a coleccionarlas. Siendo casi un crío en la editorial le dieron una hoja para envolver un bocadillo, tuvo la curiosidad de guardar aquel papel antes de que acabara en la basura, como era habitual. Muchos años después, todavía colgaba en las paredes de su casa. Era la famosa plancha del Príncipe Valiente en la que el héroe hace frente a un ejército de enemigos sobre un puente de piedra, un auténtico icono de la historia del comic.

Al principio a Williamson no le gustaba su propio entintado y procuraba que algunos de sus colegas, como Frazetta o Wood se hiciesen cargo de él. Cuando Wood, mucho más limitado en el campo del dibujo, reconocía sus carencias, decía que nunca sería “un dibujante de verdad, como Al Williamson”.
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