jueves, 15 de julio de 2010

ADIÓS A VÍCTOR DE LA FUENTE

A principios de este mes fallecía el último miembro de una conocida saga de dibujantes asturianos. Hace ya tiempo que nos dejó Ramón, seguido más tarde por el popular Chiqui. Ahora “Vitorín” se ha reunido con ellos. Víctor de la Fuente era pequeño en tamaño pero grande en talento, uno de los dibujantes realistas más expresivos y poderosos que ha dado este país.


Víctor de la Fuente


















Su carrera profesional fue bastante accidentada. Nacido en Ardisana de Llanes en 1927, emigró a Sudamérica de donde regresó en 1945 para dibujar sus primeras historietas en Madrid. Vuelve a cruzar el charco para probar las más diversas actividades, de la publicidad al boxeo. Finalmente, a finales de los 50 se instala en España, desde donde dibuja tebeos bélicos para Inglaterra que, por cierto, recientemente han sido reeditados. También colabora con Víctor Mora en lo que es su primera serie de éxito, Sunday, un western donde llega a su madurez como dibujante. Puede con todo, ya sean animales, escenarios, mujeres, hombres, niños o cosas. Todo ello servido con un entintado seco y rasposo que aporta una mayor expresividad a su ya potente blanco y negro.

En 1970 crea su propio personaje para la revista Trinca: Haxtur. Una suerte de vagabundo con aspecto de beatnik que transita unos paisajes oníricos enfrentándose a las fuerzas del mal. De nuevo sorprende el grafismo, unido aquí a un color sugerente y una puesta en escena en la que dominan las viñetas alargadas verticalmente y un empleo radical de las elipsis temporales.
Haxtur de Víctor de la Fuente. Edita Glénat.
Pero Haxtur fue sobre todo conocido como un tebeo simbólico cuyas metáforas eran supuestamente ataques al régimen. Esto le provocó no pocos problemas a su autor, que tuvo que exiliarse en Francia. Todavía publicó las correrías de un segundo héroe en Trinca, en este caso el indio post-nuclear Nathai-Dor, una historieta tan sencilla en sus pretensiones como eficaz en su puesta en escena. Despojado de la en ocasiones agobiante carga simbólica de Haxtur, Nathai permanece como un gran relato de aventuras.

En Francia no acabaron los problemas de Víctor. Deseando mantener los derechos sobre su trabajo, se enfrenta a las editoriales y se ve condenado a buscar trabajo en otros lugares. Como Italia, para cuyo mercado dibuja cientos de páginas eróticas. En ese momento su velocidad es ya legendaria. Se habla de docenas de páginas al día, dibujando a lápiz con una mano y entintando con la otra. Él mismo comentaba que tenía una goma similar al torno de un dentista, que le permitía borrar la tinta, ya que en muchos casos apenas esbozaba las viñetas sino que las entintaba directamente.

De su prolongada carrera en Francia conocemos tanto como lo que ignoramos. Por aquí se publicaron algunos de sus álbumes para Los Gringos, su serie con Charlier, Josué de nazaret, su frustrada colaboración con Cothias o Los ángeles de acero, otra de sus aventuras con Mora. También pudimos disfrutar de algunos de sus relatos cortos para Warren o su nuevo personaje, Haggarth, prodigioso en el plano gráfico y bastante fallido en lo argumental. Pero sus contribuciones a la Historia de Francia o a la adaptación de la Biblia, entre tantos otros encargos para el mercado francés, permanecen sin traducir.

Víctor fue siempre un luchador, en lo artístico y en lo laboral, social y personal. Un tipo admirable cuyo talento apenas fue apreciado en su país de origen. Faustino Rodríguez Arbesú le rindió un homenaje en el Salón del Comic del Principado de Asturias, denominando Premios Haxtur a los galardones que otorga esta convención. También dedicó una exposición con un amplio catálogo a los hermanos de la Fuente en 2003. Desde entonces Glénat ha ido reeditando parte del material de Víctor. Sin duda la obra del último de la Fuente permanecera. Descanse en paz.

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