64 pág. 19 €
¡APUNTEN!
Blanco, uno de los últimos dibujantes del TBO, sigue en plena forma. Publica ahora una colección de chistes con un insólito protagonista, un cañón.
Primero, debemos agradecer a los chicos de Amaníaco que hayan decidido lanzar este producto extraño y delicado. Pasados los momentos en que un personaje o serie están de moda, el destino de muchos dibujantes es el olvido cuando no directamente la pobreza. Todos conocemos historias de autores que acabaron pintando soldaditos o, si tenían más suerte, marinas en serie para rellenar paredes de hotel. Eso no ha cambiado mucho. Los creadores veteranos mueren y su obra aparece en la basura o es malvendida por sus herederos. Como no hay nada que se parezca a un museo del cómic en condiciones, páginas que ahora podrían ser adquiridas a unos precios razonables están condenadas a perderse o a pasar a manos privadas y quizás dentro de doscientos años algunos afortunados consigan volver a ver alguna. Pero parece poco probable. Cada vez que algún Ayuntamiento discute qué hacer con un edificio que permanece vacío pienso en las escasas instituciones que almacenan y exhiben planchas de cómic. Algo que permitiría obtener unos merecidos ingresos a los creadores y que sin duda tendría un gran interés turístico y cultural. Y que además presenta una diferencia nada despreciable respecto a los museos de pintura tradicional o de arte contemporáneo, donde las ciudades más pequeñas no pueden competir con las grandes. Madrid tiene el Guernica y aquí nos conformaremos con los apuntes con los que se limpiaba el trasero Picasso. En cambio en el mundo del cómic todavía se pueden conseguir piezas interesantes de casi cualquier autor a precios asequibles. Cualquier ciudad de provincias podría montarse el mejor museo de Europa, si empieza a moverse ya. Teniendo en cuenta el tradicional desprecio académico hacia el medio, dudo que tal cosa ocurra.
![]() |
Imagen vía Extraestudio |
Lo que ya es una realidad es este volumen, financiado entre la editorial y la familia y con una tirada muy limitada, que agrupa un conjunto de bocetos guardado por Blanco en una carpeta y que nunca se había editado. De hecho, ni siquiera lo mencionó cuando confeccionamos su catálogo. Su temática antibelicista no lo hacía apropiado para el TBO y el autor ni llegó a presentarlo. Pero la idea le gustaba y continuó construyendo chistes sobre Otto, un cañón al que no le gusta disparar. Esto fue a mediados de los sesenta. Muchos años más tarde, exactamente en 2013, los dibujos reaparecen y se le ocurre que puede retomar el proyecto. Ahora han sido reunidos en una cuidada edición, con un color de acuarela muy discreto y conservando el trazo fresco y sin complejos de los primeros esbozos. ¿Qué puedo añadir? Se lee muy bien, si no tienen problemas con la ingenuidad y la ternura que siempre caracterizaron al mejor TBO. No en vano Blanco fue uno de sus mayores puntales. Todo es sencillo y directo, agradablemente naif. Y a los freudianos les encantará especular sobre el valor simbólico de ese cañón que a veces está muy tieso pero que también se ablanda y se queda fláccido, dependiendo de las situaciones y de su estado de ánimo. Nunca se fíen del humor aparentemente sin aristas.