viernes, 28 de octubre de 2011

Tintín


MERIENDA DE NEGROS

Coincidiendo con el estreno de la película una nueva amenaza judicial se cierne sobre Tintín. Los dos primeros álbumes de la serie persiguen como un mal sueño a Hergé y sus herederos. Una pena ya que son claramente pecados de juventud que el autor intentaría corregir en su madurez.

El demandante, Bienvenu Mbutu Mondondo, considera que Tintín en el Congo «hace apología de la colonización» y solicita a la justicia belga que lo retire de la circulación. No es un caso aislado pero sí el más sonado. Los kakikus, la peculiar tribu de caníbales ideada por Josep Maria Blanco para el TBO en los 50, también ofrece una imagen paternalista de los africanos, retrasados que sólo sueñan con zamparse al blanco. Aunque luego en muchas planchas el explorador resulta ser bastante más idiota que sus captores. En Yellow Heat, una pequeña obra maestra de Jones y Heath que se publicó en Vampirella nº 58 (1977), se nos cuenta la historia de un africano que desea a una joven prisionera con la que se ha encaprichado el jefe de su aldea. Tras muchas peripecias consigue a la chica, espléndidamente dibujada por Heath para la ocasión. En las viñetas finales las mujeres la preparan para recibir a su hombre y él piensa que ante tanta belleza no sabe por dónde empezar... En el característico giro con el que concluían muchos de estos relatos de terror, vemos que ha sido empalada cual pollo asado y que su presunto novio ha entrado en la choza dispuesto a comérsela. Al inicio de la historieta se nos dice que la tribu pasa mucha hambre, aunque nadie lo diría a la vista de las atléticas figuras que nos ofrece el dibujante. La cuestión es que esto, que no deja de ser un divertimento espléndidamente realizado, ya ha sido cuestionado por renovar el estereotipo del africano caníbal, otra expresión de racismo.

A mi me parece muy bien que se permanezca vigilante ante las manifestaciones de superioridad racial, siempre y cuando esta vigilancia alumbre realmente la verdad. Quiero decir: el escándalo alrededor del colonialismo pierde fuerza cuando se emplea como un arma que oculta hechos incómodos. Por un lado del pasado: la experiencia colonial no puedo hacernos olvidar la situación anterior, en África o en Sudamérica. La América precolombina no era precisamente el paraíso en la tierra como algunos líderes indigenistas quieren hacernos creer. La violencia no es un invento de los blancos, ni mucho menos. También hay una historia pos-colonial que muchos se empeñan en negar. Seguimos echando la culpa de todos los males al primer mundo y sus multinacionales. Desde mediado el siglo XX prácticamente toda África es dueña de su propio destino. Si han permitido que determinados intereses, europeos antes y chinos ahora, distorsionen su devenir, la culpa no es sólo de esos corruptores que vienen del exterior. Suponer tal cosa sí parece un grave caso de paternalismo. Lo mismo respecto a Sudamérica. ¿Todos sus males desde la independencia son achacables a la intervención del vecino del norte? Puede que en parte sea verdad, pero no del todo.

Tampoco podemos cerrar los ojos ante las transformaciones de la sociedad. ¿Alguien consiente o apoya en la actualidad los comportamientos vejatorios respecto a otras razas? Evidentemente podemos rastrear casos aislados pero para la mayoría el racismo es algo de lo que avergonzarse. Recientemente un animador de Disney, Daniel Martin Peixe, me explicaba que la actriz Geena Davis había ido a darles una conferencia. Ante un numeroso grupo de animadores y directores expresó su preocupación sobre los estereotipos femeninos en los dibujos animados. Incluso les pasó una cinta, producida por ella y a la que había puesto voz, donde aparecía una rubia muy tonta que trataba de ilustrar sus tesis. Como Dani comentaba para la mayoría de los presentes aquello no tenía ni pies ni cabeza. ¿Acaso la Davis no había oído hablar de La sirenita ni de Mulán? Discursos que podían haber tenido sentido hace veinte o treinta años resultan obsoletos en la actualidad.

Pues esta es la sensación que tengo frente a algunas de estas demandas. Coincido con su base moral, pero ni las considero oportunas ni, en el caso de Hergé, justas. Porque aquí interviene otro factor como es el arrepentimiento o, si lo prefieren, la capacidad de cambiar y mejorar. Tras realizar ese viaje al Congo el dibujante manda a su héroe a dónde realmente él quería, los Estados Unidos y en concreto el Oeste. Allí Tintín se hace amigo de los indios y en una célebre secuencia vemos cómo unos empresarios sin escrúpulos desalojan a una tribu de nativos americanos porque han descubierto petróleo bajo sus tipis y quieren explotarlo. Toda una declaración anticolonial, que siempre se olvida. Como se olvida su manifiesto anti- imperialista El loto azul, donde denuncia las agresiones japonesas en China. ¿Qué me dicen de su visión del esclavismo en Stoc de coque? Africanos que intentan realizar el viaje a la Meca son raptados como esclavos, una situación que según parece no ha cambiado mucho. Todavía estoy esperando que alguien pida disculpas por las burradas que se han dicho sobre su viaje al país de los soviets. Si en el Congo reflejó los prejuicios de una época y se equivocó, en su viaje soviético se quedó muy corto, lejos de los horrores que podía haber delatado y que algunos todavía niegan.
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viernes, 21 de octubre de 2011

ARZAK EL VIGILANTE DE MOEBIUS

Arzak el vigilante de Moebius comic
Norma Editorial. Barcelona, 2011. 
80 páginas, 18 euros 

EL RETORNO DE ARZAK

Para los aficionados al comic la mención de Arzak no remite al célebre cocinero vasco sino a un personaje que marcó un antes y un después en el medio, a finales de los setenta. Ahora Moebius, su creador, lo trae de vuelta.


Y lo hace a lo grande. Gran formato, buen papel, color cuidado y el trabajo primoroso de uno de los mejores dibujantes del mundo. El resultado es espectacular en el terreno del dibujo y no tanto en el del guión.

Cuando Arzak se presentó a mediados de los setenta en Francia y poco más tarde por aquí, en las páginas de Tótem (1977), nos lo vendieron como una auténtica revolución. Moebius había dejado su anterior yo burgués para dedicarse a crear. Jean Giraud dejaba así de ser el esclavo que sin embargo había facturado tebeos tan buenos como La mina del alemán perdido o El general cabellos rubios, de la serie El teniente Blueberry con guiones de Charlier. La propaganda sostenía que aquellos eran productos industriales sin apenas mérito. Y que lo que de verdad molaba eran sus nuevas historias, protagonizadas por un tipo no muy charlatán montado en un fascinante bicho volador.

La lectura de aquellos primeros episodios de Arzak era muy desconcertante. No cabía discusión en el dibujo, extraordinario y muy imaginativo, pero los relatos parecían…¿chorradas? Mientras la crítica trataba de desentrañar los profundos misterios que sin duda escondían aquellas crípticas historias, los lectores nos rendíamos ante su arte, distanciándonos más y más de sus escritos, que alcanzaron un punto culminante con las aventuras del Mayor Fatal, algo así como la cumbre del desparrame alucinógeno del autor.

Al menos los tres primeros episodios de Arzak, aunque algo sosos, se podían seguir. El cuarto no, era ya pura “escritura automática”. Como mi buen amigo Ramón Fermín comentaba sobre el inicio de la serie, lo que se nos contaba no era muy diferente a aquellas historias de Bruguera en las que un personaje seguía a una rubia por la calle, para descubrir en la última viñeta que se trataba de un melenudo con bigote. Así de trascendentes eran.

Cabe reconocer que Moebius nunca parece haberse tomado a sí mismo demasiado en serio. Simplemente, es incapaz de construir un álbum con una estructura con algo de solidez. Así que todas sus obras acaban igual, estirándose hasta el infinito, no yendo a ninguna parte para desesperación del lector. La cosa cambia algo cuando colabora con Jodorowsky aunque últimamente ni el chileno es capaz de reconducir las chifladuras del dibujante. Entre paréntesis, no todas sus fricciones con el guionista están injustificadas. A mi me parece lógico que le exigiera escribir los diálogos de la última historieta del Incal que hicieron juntos. Hasta ese momento era Moebius quien tenía que pensarlos e incluirlos en las planchas.

En uno de sus últimos caprichos, el delirante Inside Moebius, reunía a algunos de sus personajes más característicos y los enzarzaba en una atropellada fantasía en la que él mismo aparecía como un protagonista más. La cuestión es que al desempolvar a Arzak le volvieron las ganas de dibujarlo y aquí tenemos el resultado de tal deseo. Básicamente el dibujante engarza un bonito dibujo tras otro, paisajes llenos de sugerencias que demuestran la buena salud de su imaginación, en una historia que casi no merece tal nombre. Para los que sufrimos sus Mundos de Edena, podríamos decir que el álbum no está tan mal. Siendo más preciso, diría que no es tan parsimonioso y poco más. Como es habitual en él, nos regala tres o cuatro secuencias donde vuelve a probarnos que se mantiene en buena forma, es una gozada disfrutar con su arte pero no intenten leérselo. Se aburrirán.
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viernes, 14 de octubre de 2011

Artículos atrasados

Hoy no hay artículo semanal, pues las páginas centrales del suplemento Bellver del Diario de Mallorca está íntegramente dedicado al Premio Nobel de Literatura.

Aprovecho para indicarles que pueden consultar artículos semanales desde 2004 en la web de El Wendigo, pulsando el siguiente enlace: ARTÍCULOS SEMANALES. Además, estos días se celebra el Salón Internacional del cómic del Principado de Asturias. Ya les comentaremos a la vuelta. Leer más...

viernes, 7 de octubre de 2011

Los Borgia. Manara y Jodorowsky

Los Borgia de Manara y Jodorowsky. Edita Norma
Norma Editorial. Barcelona, 2011.
48 páginas, 13 euros.

Recientemente concluía la tetralogía sobre los Borgia escrita por Jodorowsky y dibujada por Manara. Han sido necesarios seis años para culminar esta obra excesiva y brutal.


Jodorowsky es conocido por brindar a sus dibujantes trabajos con los que pueden disfrutar y esa es la sensación que tenemos al revisar las planchas de Manara. No sólo porque se le permite regodearse en sus lugares comunes, jovencitas ligeras de ropa exhibiendo conductas lascivas.

También porque se le ve a gusto con esas viñetas panorámicas, vistas que pueblan la obra en las que remite inevitablemente al trabajo de tantos pintores clásicos. Esas imágenes de paisajes florentinos y romanos compiten en importancia con las numerosas escenas de violencia y matanzas, en un desparrame barroco sin precedentes, con referencias más al mundo de la pintura que al del comic.

Una de las grandes debilidades del dibujante es su gusto por la teatralidad. La gestualidad de sus personajes nunca es del todo convincente por exagerada. Aquí se suelta la melena y llena los álbumes de imágenes en las que sus héroes se agrupan en bellas composiciones, al margen de la veracidad de las expresiones. Las vistas, los gestos y el enfoque plástico general, unidos al tratamiento muy suelto del color, con unas acuarelas que llegan a adquirir bastante protagonismo, aportan un curioso aire “pictórico” al conjunto. Ralentizan la contemplación y las habituales deficiencias narrativas de Manara se difuminan. Es un tebeo que merece sin duda ser calificado como manierista, por lo forzado de las composiciones y la actitud de los personajes.


Viñeta de Los Bogia de Manara y Jodorowsky. Edita NormaSi el dibujante nos sorprende por presentarse si no corregido al menos sí aumentado, el guionista nos decepciona al ofrecernos la parte más barata de sí mismo. 

El chileno se dio a conocer con el llamado movimiento pánico. Montó el belén con algunas películas y obras de teatro muy provocadoras, en las que se suponía que nada humano quedaba excluido.  Lo de pánico no venía por el miedo que daban sino por el concepto de totalidad. En sus tebeos demostró que más allá de su probada capacidad para “epater le bourgeois” podía crear personajes entrañables, héroes menores que desde su debilidad eran capaces de derribar imperios. 

Uno de los temas recurrentes en su obra es la lucha edípica, el padre como metáfora de un poder al que debemos enfrentarnos para construir nuestro yo. Su escritura está llena de contradicciones, de personajes que pueden ser tan tiernos como brutales, tan cariñosos como salvajes y esa es su gran riqueza, por eso le admiramos.

Pero aquí parece que se conforma con el exceso. Su retrato de los Borgia resulta gris por la falta de matices. No dudo que los componentes de esta célebre familia fueran una pandilla de hijos de puta sin escrúpulos. Y seguro que Jodorowsky se lo ha pasado pipa poniendo a sus Papas a fornicar y mostrando las debilidades mundanas de la iglesia católica. No nos ahorra ninguna trasgresión,  del incesto a la sodomía pasando por mil formas de violencia. Pero al final de todo ese recorrido brutal es poco lo que capta nuestra atención, más allá del primer impacto superficial. No hay otros personajes que contrapesen esas maldades, falta contraste y una posición clara ante lo narrado. 


Es como la obra de un sádico, en el sentido más literal: una enumeración de burradas. Y a mi estas cosas, como ya me pasó con el “divino marqués”, me aburren espantosamente.
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viernes, 30 de septiembre de 2011

Neonomicon: Alan Moore y Jacen Burrows.


ACTOS INNOMBRABLES

Neonomicon
Alan Moore y Jacen Burrows.
Panini Comics. Barcelona, 2011.
160 páginas, 18 euros.

Alan Moore sabe cómo escribir guiones brillantes, sobre todo cuando actualiza o renueva ideas de otros. Pero también puede ponerse insoportablemente pedante y desbarrar hasta el aburrimiento. Tras largos años facturando paridas ahora vuelve a sorprendernos con un tebeo inquietante y sobrecogedor.

El género del terror no es nuevo en su carrera, todos recordamos su apabullante paseo por La Cosa del Pantano, una serie que recorrió dejando una cosecha de buenas ideas y momentos inolvidables. También contaba con su lado oscuro Watchmen, como coherentemente enfatizó su canónica adaptación cinematográfica. O La liga de los caballeros extraordinarios, donde al lado de aventureros como Quatermass encontrábamos a clásicos del terror como Jeckyll  o la chica escapada de Drácula.

Ahora le ha dado por renovar a Lovecraft y el resultado es mucho más interesante que gran parte de la ficción que había escrito últimamente. El autor explica que todo esto no es más que un encargo motivado por la necesidad de pasta, para satisfacer las demandas del fisco. Con el aire de suficiencia que le caracteriza suelta que le interesan los mundos de Lovecraft, por supuesto, pero que nunca había entendido muy bien uno de sus rodeos más habituales, el que hace referencia a “los actos innombrables” que según parece los adoradores del maligno realizan con las bestias del más allá. La hipótesis de Moore es que, por supuesto, esos actos a los que se refiere el escritor son simplemente juegos sexuales.

Con esa idea en la cabeza, Moore ya tiene suficiente para brindarnos su versión del creador gótico por excelencia. Lo hace con una obra dividida en dos partes claramente marcadas. En la primera el protagonismo cae sobre un policía que mete la cabeza en algo que le supera, un personaje construido a partir de algunos rasgos de Lovecraft, muy conservador y poco dado a la alianza de civilizaciones. Lo cierto es que, como ya le pasó con Roschach, uno de los héroes más populares de Watchmen, Moore consigue que simpaticemos más con él que con otros héroes más progres y a priori atractivos.

Si este malhumorado poli funciona, mucho más conseguidos resultan los alucinantes ambientes por los que le hace circular, poniéndolo literalmente al borde de la locura. De hecho en la segunda parte la pareja que toma el relevo del relato se reúne con él en un manicomio, donde ha sido recluido por sus crímenes, tan violentos como inexplicables. Las pesquisas llevan a los dos investigadores, negro él y ex-adicta al sexo ella, hasta Salem, donde los hechos se suceden hasta el horrible clímax. Por el camino Moore se permite bastantes insinuaciones sexuales, que preparan al lector para la gran traca final. Para mi gusto esta segunda parte es quizás más lineal, menos climática que la primera. Una sugiere y horroriza, la otra muestra y resulta un tanto paródica. Al principio es como si el inglés se tomara en serio a Lovecraft, mientras que luego es casi como si se choteara de él. En todo caso consigue rematar satisfactoriamente la historia, enlazando las conclusiones de los dos segmentos en un final casi perfecto.

El dibujante, a quien conocíamos de la brutal Crossed, con Ennis, cumple y poco más. El color digital sobado en exceso aporta más bien poco. Pero la narrativa está bien y el paseo por estos universos góticos es convincente y aterrador. Un gran tebeo, léanlo con atención.

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viernes, 23 de septiembre de 2011

LA SAGA DE ATLAS Y AXIS. Pau

Dibbuks. Madrid, 2011. 
80 páginas. 16 euros. 

LOS FAMOSOS PERROS 


Durante años Pau dibujó su sección Pau per tots para El Diario de Mallorca. Pero su sueño era producir para el mercado franco-belga algo similar a su adorado Asterix. Tras más de una década de esfuerzos y sacrificios finalmente lo ha conseguido.


En cuanto le han publicado en Francia ha encontrado también editor en España; lo cual dice tanto sobre nuestra industria que es preferible ni comentarlo. Ante todo conviene alegrarse por la aparición de una obra que confirma el talento gráfico de uno de nuestros dibujantes más interesantes.

El mallorquín transita una delicada senda que entrelaza citas a Uderzo con sombras de Corben, matices de Rosinski y toda la bolsa de trucos de Disney. Mezcla sin complejos esas influencias diversas consiguiendo un resultado que sorprende por su coherencia y emociona por su vitalidad. Todo en él resulta fresco y arrollador, lleno de verdad. Mención aparte para sus paisajes y su color, tan atmosféricos como sugerentes. Con Pau sentimos el frío y el calor, casi podemos tocar sus aguas siempre transparentes y luminosas, saboreamos sus texturas y disfrutamos con sus armonías cromáticas.

Como alumno aventajado de Max es un inconformista y así lo reflejan sus temas. Parte de la tradición de los funny animals pero sus personajes son más animales que divertidos, no oculta su fascinación por los documentales de la 2.
Esta es creo yo su principal aportación, una suerte de verismo que le separa de productos anteriores. No es un tebeo para niños, aunque lo parezca. O quizás sí, para los del siglo que arranca. En todo caso sus perros mean (una y otra vez), muerden, follan y hasta dicen palabrotas. Ese realismo que dota de originalidad a sus héroes, también le lleva a cometer ciertos deslices argumentales. Como por ejemplo que en un relato de venganza y búsqueda, de repente el compañero del héroe desaparezca para volver a entrar en acción un montón de páginas después. Como es un perro... O las reacciones ante la matanza final. Parece que se apunta una reflexión, que se corta bruscamente ante el argumento de que los perros no les dan tantas vueltas a las cosas.

Esa naturalidad canina es un arma de doble filo. Por un lado le permite crear y jugar con dos personajes frescos y cuyas peripecias se siguen con agrado. Pero también le lleva a cierta despreocupación argumental, que aporta al álbum un ritmo un tanto entrecortado. En toda la parte de la desaparición del comparsa quizás se nota en exceso la voluntad de presentar personajes a desarrollar en álbumes posteriores. Por otro lado, la motivación de los héroes y la presentación visual de los villanos no son convincentes. En ambos casos nos falta información que nos permita interesarnos o preocuparnos por unos y odiar a los otros

Concluyo con el principal escoyo al que se enfrenta: esta historia ya ha sido contada por uno de los mejores. Si hablamos de salir en busca de unos familiares y amigos raptados por una tribu enemiga los aficionados al cine enseguida recordamos dos clásicos de Ford. Primero Dos cabalgan juntos, donde Stewart y Widmark mantenían un tono de farsa hasta que el director derivaba abruptamente hacia la tragedia. El niño criado por los indios era llevado de vuelta entre los blancos y allí mataba a su verdadera madre, por lo que era linchado sin dilación por una enfurecida turba. Luego Ford retomaba el aire de comedia y aquí no ha pasado nada. En Centauros del desierto el protagonismo era para John Wayne, que bordaba un papel de racista a la busca de su sobrina capturada por los malvados pieles rojas. En ambos casos la peripecia argumental era una excusa para reflexionar sobre la violencia y las problemáticas relaciones entre culturas.

El asunto es complejo y espinoso. A Pau no le falta talento pero creo que su visión documental le lleva a no pronunciarse. Unos llegan y matan y los otros van y se vengan, así son las cosas. Pero un relato supone un recorrido, cambios, conflictos que deben resolverse. De alguna manera parece intuirlo y deja escapar algunos diálogos que citan el problema de la violencia, pero con poca convicción.

Pienso que algunas de estas debilidades tienen que ver con la larga gestación del trabajo, reelaborado durante años. Seguro que si la saga funciona (y eso parecen indicar las primeras y muy favorables críticas de los franceses) podrá centrarse en construir historias más sencillas y directas, evitando algunos de los vericuetos con los que se entretiene en este primer volumen. Ya tiene un pie dentro, ahora sólo queda desearle un largo y afortunado camino en su aventura gala. ¡Suerte, amigo!
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viernes, 16 de septiembre de 2011

POLINA de BASTIEN VIVÈS

Polina de Bastien Vivès, edita en España Diábolo desde el blog de Florentino FlórezDiábolo Ediciones. Madrid, 2011. 
208 páginas, 19,95 euros.

AMOR Y PEDAGOGÍA 


En anteriores trabajos de Vivès destacaba la personalidad de su dibujo y un empleo del trazo y el color poco habitual. También cierto desequilibrio entre la innegable fuerza de sus imágenes y una narrativa un tanto débil.


En su última obra, Ella (s), mantenía los rasgos que le caracterizan. El dibujo y el color eran muy sugerentes, pero la historia no acababa de despegar. A Vivès le gustan los asuntos amorosos y aunque no evita la representación del amor físico, que dibuja con gran sensualidad, se inclina más por las tramas románticas, romances imposibles entre personajes siempre condenados a no encontrarse. Esa tendencia al sentimentalismo ablandaba sus relatos y lo ponía siempre al borde de la ñoñería y la cursilería.

 Pero ahora finalmente nos brinda una novela gráfica en la que anteriores defectos han sido corregidos, una historia realmente emocionante que consigue conmovernos. Hablo de Polina, un volumen donde primero sorprende la ausencia de color. Ha sido sustituido por el contraste radical entre blanco y negro y un gris cálido que acompaña con limpieza a los anteriores. Su trazo resulta aún más interesante que en anteriores entregas, aporta un aire abocetado y es tan “sucio” como expresivo. Destacan, en un relato dedicado a la vida de una bailarina, las secuencias de danza, en ellas la línea fluye de forma totalmente natural.

Viñeta de Polina de Bastien Vivès, edita Diábolo ComicsEl dibujo sortea otra manía que acompañaba a Vivès, rebajando su calidad. Me refiero a cierta indefinición en las caras. Eso es muy grave en un cómic ya que afecta al ritmo de la narración. Aquí, con los limitados recursos que emplea, consigue situarnos sin problemas. La nariz de la protagonista o la barba del profesor son suficientes para orientarnos. Quizás, como siempre, nos perdemos un poco con algunos de los personajes secundarios.

 Trabaja básicamente sobre dos ejes. Por un lado el relato biográfico de Polina, una aspirante a bailarina que casi en su infancia empieza a estudiar con un maestro conocido por su severidad. En un determinado momento Polina abandona la carrera que todo el mundo esperaba de ella y se embarca en una aventura con un grupo de vanguardia. Por el camino vive varios líos amorosos que se entrelazan con sus peripecias artístico-profesionales, descritas con gran veracidad. En la conclusión Polina se reencuentra con su antiguo profesor, agradeciéndole la visión de la danza que éste supo transmitirle.

Polina, un cómic sobre ballet, arte, educación y amor
De una manera más sutil, Polina es también una seria reflexión sobre la búsqueda de la belleza y sobre el arte y sus reglas. Por supuesto, la danza clásica es una disciplina que requiere mucha dedicación y en ella tienen más sentido las llamadas a conocer y respetar las normas clásicas. Pero Vivès es lo suficientemente hábil como para evitar los clichés y no reduce el asunto al enfrentamiento entre lo académico y lo contemporáneo. Al contrario, muestra las debilidades que anidan en comportamientos conformistas, ya sean conservadores o de vanguardia. La obra realiza una muy sentida llamada a la verdad como auténtico motor del arte, una verdad que sale del corazón por encima de modas y tradiciones.

 Por último, y es quizás lo que vuelve más especial este trabajo, Polina enhebra con tremenda delicadeza ambos temas al tratar la relación entre el profesor y su alumna. Este es siempre un asunto espinoso, en el que resulta muy fácil equivocarse. Vivès no esquiva las dificultades y emociona ver cómo despliega esa historia de amor tan imposible como todas las que le gustan. Increíble ese momento culminante en que el maestro se quita las gafas y envejece ante nuestros ojos. Además, todo está narrado de forma muy visual, el autor no subraya nada, debemos leer entre líneas cuales son los sentimientos de esos dos protagonistas que se quieren sin enunciarlo nunca. Un trabajo tan hermoso como emotivo, bien desarrollado y con un desenlace perfectamente construido. Una obra mayor para recordar.
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domingo, 11 de septiembre de 2011

HUMOR BLANCO

Humor Blanco
Casal Solleric. Palma de Mallorca.
Inauguración Jueves 15 de septiembre de 2011 a las 20h
Finaliza el 13 de noviembre


¡NO TE LO PIERDAS!
El viernes a las 19h charla con el autor en el Solleric. 


Para recordar será sin duda la inauguración de la exposición dedicada a Josep Maria Blanco, uno de los dibujantes claves de la revista TBO. Será el jueves en el Casal Solleric de Palma, coincidiendo con la Nit de l’Art. Si quieren evitar las aglomeraciones, yo les aconsejo que vayan al día siguiente. En la misma sala el autor tendrá un encuentro el viernes con su público y realizará todas las dedicatorias que le soliciten. Nos vemos en el Solleric.

Josep Maria Blanco Ibarz nació en Barcelona en 1926. Empieza a trabajar para la revista TBO a principios de los 50. Su estilo coquetea primero con una distorsión extrema para luego deambular por un realismo muy contenido y más tarde explorar una geometrización tremendamente moderna. En los 60 su dibujo se instala definitivamente en una zona personal y muy diferenciada, entre lo real y lo simplificado. Algo que también puede aplicarse a sus temas, habitualmente con un pie en lo cotidiano, casi vulgar, y el otro en el territorio de lo absurdo, paradoja que provoca la risa del espectador.

Ya jubilado, se reinventa zambulléndose en dibujos de gran formato donde su grafismo muestra habilidades que permanecían casi ocultas en obras anteriores. La variedad de personajes crece y también los detalles, sin permitir nunca que lo innecesario se cuele en sus imágenes, caracterizadas por la economía narrativa y la esencialidad del trazo. Y una voluntad firme: mostrar la realidad a través del humor. Un humor blanco, que evita la ofensa y el escarnio y se centra en lo cotidiano y lo ridículo, buscando una sonrisa siempre amable. Leer más...