viernes, 3 de octubre de 2014

DERECHO A LA FELICIDAD: LA MUJER REBELDE de BAGGE

La mujer rebelde, la historia de Margaret Sanger por Peter Bagge, edita la Cupula, sexo, aborto, feministas
La Cúpula, 2014

EL DERECHO A LA FELICIDAD


La Declaración de Independencia de los Estados Unidos define como “derechos alienables” la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Bagge dibuja la biografía de una defensora de esos derechos, con un tono que oscila entre la épica y la comedia.


Hace ya tiempo que demostró que es el heredero natural y mejor dotado de la primera generación underground. No imita el estilo ni los temas de quienes le precedieron, pero comparte con ellos una libertad absoluta a la hora de elegir y plantear los asuntos que aborda en sus historietas. Si antes nos había sorprendido con un conjunto de ensayos sobre temas diversos para una revista libertaria, ahora le hinca el diente a una feminista de vida controvertida.

Según explica el propio autor le interesaba la discusión generada en torno a Margaret Sanger, cómo era atacada desde una orilla política como racista y desde la otra como “inventora del aborto”. Bagge demuestra que según su propia investigación gran parte de las declaraciones que se atribuyen a Sanger o bien no son suyas o bien han sido sacadas de contexto para distorsionar su pensamiento y caricaturizarla. En ese sentido resulta fascinante el personaje poliédrico que nos desvela esta biografía gráfica, admirable en su determinación pero tremendamente humano en sus debilidades y sus excesos, que no son pocos. También se agradece el completo apéndice que nos permite contextualizar los protagonistas y hechos que van apareciendo a lo largo de la densa historia.

Bagge relata la vida real de una de aquellas feministas de finales del XIX, una heroína social que hubo de sobreponerse a sus propias dificultades y prejuicios y se dedicó a mejorar las condiciones existenciales de las mujeres, incluyendo el control de natalidad. Sin él, estaban sujetas a los vaivenes de la biología por no decir que a los caprichos de sus maridos. Bagge no nos ahorra descripciones cruentas de abortos y partos practicados en las peores condiciones higiénicas. Esa lucha para introducir cambios supone por un lado un reconocimiento del progreso tecnológico. Se habla de importar condones y otros mecanismos y de los primeros pasos en el desarrollo de las píldoras anticonceptivas, como ahora mencionaríamos lo más novedoso en tecnología, con esperanza, respeto y temor.

La mujer rebelde, la historia de Margaret Sanger por Peter Bagge, edita la Cupula, feminismo, aborto
También supone forzar los límites de la libertad de expresión. Aunque la heroína desafía a no pocos alcaldes, policías y gobernadores, en muchos casos esa lucha tiene más de juego que de verdadero enfrentamiento, con las diversas fuerzas en conflicto tensando la cuerda y buscando la complicidad de la prensa. Como verdadera luchadora moderna Sanger es muy consciente del peso de la opinión pública en todo proceso de cambio, así que gran parte de su labor consiste en escribir manifiestos y publicar panfletos desde los que explica sus posiciones. Por supuesto, al llevarle su preocupación social hacia un ámbito tan personal como el de la sexualidad los problemas aumentan. No sólo pisó territorios nuevos desde un punto científico, también moral o ético. Ese derecho a la felicidad podía ser fácilmente acusado de inmoralidad, pero eso no la detuvo.

Aquí es donde el tebeo realmente demuestra su calidad. Más allá de lo interesantes que son todos los hechos que se nos cuentan, admira la capacidad de Bagge para construir un personaje, una Margaret ególatra, divertida y deslenguada que nos atrapa desde su primera aparición. Si su lucha política es apasionante, su trayectoria vital, sus relaciones sentimentales lo son aún más. Su curiosidad, su optimismo, su capacidad para meterse en jardines donde nadie le mandaba entrar son tan admirables como tronchantes en ocasiones. Para recordar la conferencia que da a las chicas del Ku-Kux-Klan, con la gran pregunta “¿Qué es la vagina?” o su disparatada charla con el sexólogo Ellis, que también concluye con brillantez: “¿Quiere que haga pis para usted?”. “Sí, se lo ruego” es la respuesta del terapeuta. Eran otros tiempos, sin duda.

Que no les asuste el distorsionado dibujo ni la densidad de los textos. Todo resulta interesante y está narrado a la perfección. A pesar de su aparente ligereza es una obra mayor que no deberían perderse.

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