viernes, 20 de junio de 2014

HE VISTO BALLENAS de ISUSI, NOVELA GRÁFICA SOBRE TERRORISMO

He visto Ballenas de Javier de Isusi, edita Astiberri, novela gráfica sobre terrorismo vasco
Astiberri, 2014.
168 pág. 18 €

LA ESCENA DEL CINE


Javier de Isusi firma una novela gráfica sobre el terrorismo vasco. Un etarra y un mercenario del GAL se encuentran en una cárcel francesa…


Mientras, en el exterior se nos muestra la vida del hijo de una víctima de la banda, un cura que fue amigo en su juventud del terrorista ahora detenido. Esta obra, como el reciente trabajo de Hernández Cava y Seguí, se interna por sendas difíciles de transitar y describir. Isusi no tiene la habilidad gráfica del dibujante mallorquín ni emplea tan bien el color como él. Sus tonos se limitan a dos, el negro y el amarillo. Es un narrador correcto aunque su línea parece débil en ocasiones. También exhibe ciertas tentaciones artísticas, que le llevan a un final pretencioso y prescindible y a introducir algunas secuencias oníricas que no aportan gran cosa. Pero cuando refrena su tendencia a la evanescencia el relato funciona.

En general, maneja bien las distancias cortas de la historia. El drama entre el cura y su hermana, una profesora de religión a la que despiden por quedarse embarazada sin estar casada, es enternecedor y está bien explicado, sin subrayados innecesarios. La relación entre el etarra y el miembro del GAL es creíble y alcanza un momento culminante cuando ambos repasan sus logros en la vida y los motivos que los han llevado a la cárcel. Luego desarrolla bien la amistad entre el mercenario y otro de los presos. Por último, el retrato del hijo del etarra, cabreado y al tiempo deseando seguir con su vida, también es realista y está bien construido. Esa capacidad para contar bien lo cotidiano, para expresar los sentimientos y las dudas de un conjunto de personajes realmente diverso, consigue que esta novela gráfica se lea en general con facilidad y agrado.

He visto Ballenas de Javier de Isusi, edita Astiberri, novela gráfica sobre terrorismo vasco
Los problemas aumentan cuando nos acercamos al “Tema” con mayúsculas. Toda la obra es un bienintencionado canto a la reconciliación, al perdón. Yo titulaba “Sin perdón” el artículo que dediqué a Las oscuras manos del olvido, el memorable trabajo de Cava y Seguí. Considero que todo el asunto del perdón es algo que atañe a las víctimas, de forma individual. Pero una democracia no puede disculpar los atajos criminales. La violencia no es una herramienta política, no puede serlo nunca en una sociedad que tiene otros cauces para dirimir las diferencias, como la nuestra. Por tanto, los asesinos deben purgar sus crímenes y los asesinatos que permanecen sin resolver deben ser investigados.

He visto ballenas, en cambio, explora el camino opuesto. ¿Pueden verdugos y víctimas volver a vivir juntos? Admitida esa tesis, queda comprobar con qué argumentos se defiende. Hay un diálogo muy irritante entre varios presos en el patio de la cárcel, donde se sostiene que el terrorista lo es hasta que alcanza sus objetivos. Entonces pasa a convertirse en un respetable político. Volvemos a la lógica revolucionaria. Sólo comienza a tener sentido cuando nos enfrentamos a un poder absoluto, a un sistema corrupto y despótico. Pero dudo que tal descripción pueda aplicarse al gobierno español, con todos sus defectos. Después hay una comparación muy tramposa entre la obediencia a la iglesia y la subordinación a la banda. Al igual que el cura protagonista repudia a su hermana porque así se lo ordenan sus superiores, los pistoleros mataban siguiendo instrucciones de una organización más sabia que ellos mismos. La gravedad de uno y otro caso no parecen comparables, pero es que además se oculta otro hecho: la habitual complicidad entre una buena parte del clero vasco y los etarras, hasta el punto de que los funerales de las víctimas se realizaban casi a escondidas, como sí nos recuerdan Cava y Seguí. Por último, el argumento que da título a la novela, la ballena como metáfora de la utopía. Cura y etarra comparten un ideal, una fe. Sus errores son siempre bienintencionados y por tanto disculpables. Lo peor de esto último es que además contradice la secuencia que he mencionado antes, cuando el preso del GAL aclara al vasco que sus ideales no le hacen menos asesino que a él.

En fin, sobre todo echo en falta, en una obra que parece querer ofrecer distintos puntos de vista, la “escena del cine”. Todo aquel que haya visto la magistral En el nombre del padre recordará cómo el personaje de Daniel Day-Lewis, injustamente encarcelado como miembro del IRA que no es, empieza a admirar a uno de los capos terroristas. Desoyendo los avisos de su padre, se deja fascinar por las palabras y acciones de ese tipo que no parece achicarse ante nada. Hasta que decide atacar a uno de los carceleros. Durante la proyección de una película, lo rocía con gasolina y le prende fuego en una escena salvaje y definitoria. Esa visualización del mal es lo que falta aquí, afectando a la narración, a su funcionamiento en imágenes. Pero también al discurso general de la obra. Sí, se supone que los etarras son muy malos, pero hay otros que también han cometido errores… ¡Qué peligro!

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