viernes, 2 de mayo de 2014

LAS OSCURAS MANOS DEL OLVIDO de CAVA y SEGUÍ

Las oscuras manos del Olvido de Hernández Cava y Seguí, edita Norma
Norma, 2014
72 páginas, 18 euros

SIN PERDÓN


Dos términos vienen a la cabeza al culminar la lectura de este álbum sobre el mundo de ETA: sobrecogedor e inesperado.


Hace dos años Ramón de España y Forniés publicaban La ola perfecta, un thriller con el terrorismo vasco como fondo de una turbia historia de amor y venganza. Un producto frívolo que banalizaba un problema que merece un tratamiento más riguroso, el que Seguí y Cava le han dado.

Más que un tebeo es una autopsia, una disección, un ajuste de cuentas con una realidad que se despliega ante nuestros ojos con paciencia y minuciosidad, intentando que ninguna pieza quede fuera del análisis. Lo primero que hacen es asegurarse de no volver a cometer el mismo error que en Las serpientes ciegas, su primera colaboración larga. Allí el testigo de los desmanes cometidos por un comisario político era un fulano escapado del infierno con lo que sus denuncias, aunque necesarias, quedaban un tanto desvirtuadas. Aquí el narrador es un personaje muy bien construido, hijo de padres suicidas, que acaba de salir de la cárcel. Debe cumplir un contrato firmado antes de su entrada en prisión, un acuerdo con un empresario vasco amenazado por E.T.A.

En un tebeo tan dialogado y lleno de texto como éste la labor del dibujante es ingrata. Ha de colocar cabecitas parlantes en los huecos que dejan cartuchos y bocadillos y situar al lector con breves pero intensas panorámicas de lugares tan diversos como Marsella, Palma de Mallorca, Madrid o San Sebastián. Y además conseguir que identifiquemos a la multitud de personajes que intervienen y, lo más difícil, animar los diálogos con una narrativa sencilla pero efectiva. Seguí sale muy bien parado, con especial mención al color y su combinación con las texturas de lápiz. Logra que un texto realmente espeso resulte fluido y ameno.

Viñeta de "Las oscuras manos del olvido" de Cava y Seguí
Mientras, Cava desarrolla el discurso alrededor del cual gravita todo el álbum, la necesaria reivindicación de las víctimas y, por supuesto, la perversión que supone equipararlas con sus verdugos. Para deshacer malentendidos se ofrece una definición general, usando como excusa cada pliegue del relato. El protagonista tiene una casa en un barrio de Marsella donde los nazis hicieron una matanza, luego visita a la viuda del empresario, como primera aproximación a los crímenes de E.T.A. Más tarde, como sus padres murieron a consecuencia del conflicto argelino, se dan unas pinceladas sobre algunos de los sangrientos episodios que puntuaron aquella lucha fratricida. No falta la cita al casi aniquilado pueblo armenio y otros olvidados por la Historia, datos que aportan densidad intelectual a la narración. Tras la visita al guardaespaldas mutilado llegamos a la primera alusión a la peste, metáfora del carácter infeccioso del terrorismo y homenaje a Camus. No es gratuito ya que sirve como contramodelo de Sartre, a quien se critica con dureza por su posición demasiado complaciente con la violencia.

La siguiente parada en este extenuante recorrido victimario es la visita a una profesora vasca exiliada en París. Así llegamos a otro de los asuntos clave, el miserable papel interpretado por no pocos intelectuales. Lo que resulta especialmente sorprendente tratándose de Cava, desde siempre el gran ideólogo del comic español. Para ser justos lo recuerdo como el primero en citar los procesos de Moscú y en exigir “toda la verdad, sobre todo”. Pero hasta ahora esa exigencia no solía afectar a sus compañeros de viaje. Si ya en Las serpientes había síntomas de una nueva conciencia crítica, aquí decide completar ese recorrido. Así que arremete contra los cómplices de la violencia, los que aprendieron a medrar mirando hacia otro lado. La siguiente estación en este doloroso tránsito es un ex-policía, medio tronado y que recita constantemente a los clásicos.

Viñeta de "Las oscuras manos del olvido" de Cava y Seguí
A continuación el mafioso se interna en el cubil de la bestia, alcanzando el clímax de la historia. Consigue entrevistarse con el hombre al que ha estado buscando, un intelectual con un discurso muy articulado y que vive cómodamente protegido por los servicios secretos. Éste es uno de los fragmentos donde quizás la voluntad de Cava de exponer todos sus argumentos le lleva a equivocarse. El diálogo del terrorista enunciando las contradicciones del nacionalismo resulta poco realista y demasiado prolijo. Como cuando el héroe dice “Homérico” y luego cita a Ford, o las alusiones a poetas argelinos. Hay cultismos que empastan innecesariamente un relato que avanza con buen ritmo hacia su inevitable conclusión.

Antes de llegar al dramático final Cava enjuicia el comportamiento de los sucesivos gobiernos en relación con estos asuntos, con una justa mención al indigno papel de Zapatero. Pero lo más importante de su denuncia ya ha quedado establecido desde el principio. Las víctimas no descansarán con una paz miserable que no arrincona a los verdaderos verdugos y sus cómplices. Sin duda se publicarán otros tebeos este año, con suerte alguno tan bueno como éste. Pero ninguno será tan lúcido, tan moralmente irreprochable y necesario.
Las oscuras manos del olvido (CÓMIC EUROPEO)

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