112 páginas, 16 euros.
HUMO Y ESPEJOS
Varias obras de creadores isleños han aparecido casi al mismo tiempo. Max, Pere Joan y Seguí nos sorprenden con sus últimas entregas. Y no agradablemente.
Por un lado tenemos el paseo de Pere Joan y Seguí por esa excentricidad llamada Nuevas Hazañas Bélicas. Si ya la serie clásica no era especialmente recomendable, esta revisión con guiones de Migoya es como para salir corriendo.

No es mucho mejor el cierre de Hágase el caos, la serie escrita por Hernández Cava y dibujada por Seguí. Mantiene las carencias que ya comenté de la primera parte. Mucha palabrería que nos demuestra todo lo que el guionista sabe los conflictos balcánicos y ha olvidado acerca de la construcción de personajes. El tono folletinesco se acentúa en este segundo capítulo ambientado en Mallorca. Tanto que los textos apenas nos permiten apreciar los fondos. Seguí hace lo que puede pero ningún protagonista llega a resultar interesante y es muy difícil completar la lectura de un álbum árido y desnortado. El larguísimo final, con esa increíble historia de amor, remata un relato prolijo y sin ese factor humano que el maestro Greene sí sabía inyectar a sus historias de espías. También Hernández Cava, pero hace veinte años.
Finalmente Max nos presenta su última novela gráfica, Vapor. Sus seguidores podrán sentirse tan satisfechos como siempre con sus delicados homenajes a Velázquez, sus exquisitos desfiladeros construidos a base de líneas verticales, sus páginas dedicadas al tai-chi, sus rompedores secuencias con las sombras y, sobre todo, su barroco desfile y el subidón musical. Le gusta volver sobre situaciones ya dibujadas, siempre tenemos la sensación de enfrentarnos a variaciones sobre hallazgos anteriores. Los reinterpreta y eso le lleva a nuevos e insospechados lugares. Todo es conocido, aunque sea remotamente, y todo es nuevo. A quienes les gusten sus ilustraciones disfrutarán sin duda con el volumen, ya que refina y amplía el repertorio que ha ido conquistando a lo largo de toda su carrera.

Vapor no es una abominación, ni mucho menos. El talento de Max le permite firmar un trabajo agradable, pero no memorable. De hecho constantemente me venía a la cabeza aquella historieta de Crumb en la que su personaje Mr. Natural intentaba dedicarse a la meditación en el desierto. Allí se enfrentaba a sus demonios y finalmente encontraba la luz… para ser luego internado en un psiquiátrico por sus amigos. Era un tebeo trepidante y muy divertido, tratando asuntos no tan dispares. Echo en falta en Vapor algo de ese sentido del humor.