viernes, 18 de enero de 2013

LA COVA DES MUSSOL de PAU, MAX y M. FERRÉ

La cova des mussol de Pau, Max y M Ferré. Edita el Consell de Menorca.
Consell Insular de Menorca, 2012.
36 páginas.

 FONDOS Y FIGURAS


Max y Pau vuelven a unir sus fuerzas para brindarnos una nueva aventura prehistórica, en este caso ambientada en la isla de Menorca.


Es de agradecer que algunas instituciones todavía confíen en la fuerza pedagógica del cómic y desarrollen proyectos como éste. También que sus autores consigan trascender la obligada exposición de datos, construyendo personajes creíbles y una aventura que se sigue con agrado. En principio parece dirigida a un público infantil, pero sólo si nos atenemos a una premisa que Pau se ha encargado de repetir en diferentes entrevistas.

Cuando él era un niño le molestaba que los autores de cómic lo trataran como a tal, contándole historias que eran más para tontos que para críos. Así que cuando ha llegado su turno de dirigirse a los más chicos procura no cometer tal error abordando su relato con seriedad y rigor, sin perder por ello el humor que siempre le caracteriza.

Pau y su maestro Max, sin olvidar la base literaria que aporta Marc Ferré, nos ofrecen un álbum en la mejor tradición franco-belga donde se mezclan satisfactoriamente los asuntos dramáticos y divulgativos. Si en el primer volumen nos permitían echar un vistazo a los primitivos moradores de Mallorca, ahora la aventura se encamina hacia Menorca, adonde nos dirigimos siguiendo a Mugallan, un druida celta que busca rastros de su propia cultura en unas islas tan alejadas de su hogar.

La cova des mussol de Pau, Max y M Ferré. Edita el Consell de Menorca.
Si la estructura argumental es sólida y entretenida, su realización vuelve a sorprendernos. No es tan habitual en Europa que diferentes creadores se avengan a colaborar en una misma obra. Y menos aún que se intercambien los papeles como aquí. Como recordarán en la primera entrega Max dibujaba las figuras y Pau se hacía cargo de los fondos y el color. En este caso el “alumno” factura los personajes y es el maestro el que despacha los fondos y el color. Y de nuevo el resultado es excelente. Ambos se esfuerzan por mantener la continuidad entre ambos álbumes, sin por ello perder su personalidad gráfica. Los escenarios son muy de Max, pero hay algo en su detalle y color que los emparentan con el trabajo de Pau. Por su parte, este último simplifica algo más sus figuras para aproximarlas al estilo del maestro. Pero por el camino añade algunas notas más, pizcas gráficas con el aroma de Tezuka y la blanda volumetría del primer Disney o de Segar. Y el resultado es encantador, maravilla y divierte contemplar esas figuras que se plantan y caminan con un desparpajo infantil y enternecedor.

La química entre ambos autores es tremenda y creo que resulta enriquecedora para ambos. Como lector no puedo sino aplaudir los resultados de esta feliz unión, deseando que en un futuro cercano nos brinde nuevos logros. Por cierto, tampoco estaría mal que alguien se animara a publicar una versión en español de estas aventuras prehistóricas, ampliando así su limitada distribución actual. Estoy convencido de que hay un público dispuesto a adquirir productos de calidad como éstos.

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