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viernes, 21 de junio de 2013

FURIA, MIS GUERRAS PERDIDAS de ENNIS y PARLOV

La editorial Panini comics nos trae dos obras con dibujantes croatas: Parlov y Zonjic
Panini, 2013.
128 páginas, 15 euros.

DOS DIBUJANTES CROATAS


Han llegado a las librerías dos volúmenes con una característica común: sus autores son dibujantes nacidos en Croacia que ahora trabajan para editoriales americanas.


No son los primeros. Antes conocimos a Igor Kordey, un extraordinario creador que parece no gustar a los aficionados. No consigo entenderlo ya que todo lo que hemos leído firmado por él es excelente, de su Tarzán, que conocemos a medias, a sus X-Men, donde mejoraba los pretenciosos argumentos de Morrison. Su episodio de StarTrek permanece inédito, entre otras obras del mismo interés.

Crítica de "Furia, mis guerras perdidas" de Garth Ennis y Goran Parlov. Edita Panini Comics
Goran Parlov firma el dibujo de “Furia, mis guerras perdidas”, la última contribución del guionista Garth Ennis a la biografía de Nick Furia. Parlov lleva tiempo colaborando con Ennis, sobre todo en la serie Punisher, donde nos sorprendió con su masivo villano Barracuda y su estilo, con una simplificación deudora de Cannif o Robbins. Si el dibujo de Kordey es barroco y preocupado por la volumetría y la luz que rebota sobre los cuerpos, con encuadres y angulaciones imposibles, Parlov opta por la simplicidad y las viñetas panorámicas, con un trazo rápido y sombras arrojadas con rudeza. Es un extraordinario dibujante y su arte sencillo y preciso se ajusta con humor a los feroces argumentos que imagina Ennis. En este caso repasa una abultada serie de cagadas de la CIA, siguiendo los pasos de Furia, el superespía. Como siempre, la mirada del guionista se muestra compasiva con los soldados de a pié e inclemente con los políticos que arruinan vidas ajenas con despreocupación. Nos paseamos por Vietnam y Cuba y ya pueden suponer que abundan las matanzas y las escenas de tortura y desmembración. Sorprende la protagonista, más caballuna que sexy, un desliz que no suele cometer el dibujante.

Crítica de ¿Quién es Jake Ellis? de Edmonson y Zonjic. Edita Panini Comics
Zonjic, cuyo nombre se escribe con diversos signos sobre las “ces” que mi teclado se resiste a escribir, dibuja los guiones de Edmonson para la miniserie “¿Quién es Jake Ellis?”. Recuerda tantas otras historias de mercenarios desmemoriados, de XIII a Bourne. No es mejor que sus referentes, pero tampoco mucho peor. Respecto al tercer dibujante croata, su arte es un poco más simplificado que el de los anteriores. Habría que situar sus influencias en el camino que va de Toth a Mazzucchelli. Esto es, ausencia total de detalles, una línea muy simple y desnuda y un correcto empleo de la mancha. Además le acompaña un color casi plano, con una paleta muy limitada y que nos recuerda a la bonita gama empleada en “Batman Año I” del ya citado Mazzucchelli. No se acredita colorista así que quizás sea obra del mismo dibujante.

Los tres son artistas extraordinarios y muy sofisticados que nos hacen preguntarnos por los planes de estudio en las escuelas de arte croatas. Lo cierto es que su trabajo no es el habitual. En editoriales donde lo que prima es el detalle excesivo, la copia fotográfica, la rigidez y en general una cierta mediocridad que intenta ocultarse a base de infinidad de líneas que no aportan nada, resulta refrescante saborear aproximaciones de este tipo. La limpieza y calidad, la sobriedad narrativa que exhiben Parlov y Zonjic son encomiables. Más cuando se dan en un contexto que prima el exceso gráfico y la saturación, frente a la contención y la adecuación a lo narrado que caracterizan a los croatas.

¡Seguid así, chicos!
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viernes, 13 de mayo de 2016

STARLIGHT de MILLAR y PARLOV

Starlight de Millar y Parlov, edita Panini Comics El regreso de Duke McQueen
Panini Comics. Barcelona, 2016.
168 páginas, 14,99 euros.

LOS HÉROES NO SE JUBILAN


Mark Millar regresa con una atractiva revisión de Flash Gordon o Carter de Marte. Le acompaña el increíblemente talentoso Goran Parlov, con resultados explosivos.


No me atrevería a decir que es uno de los tebeos del año, pero sí de los que he leído con más delectación y placer. Como en sus ilustres precedentes, parte de una premisa casi imperialista. Un pueblo vive bajo la bota de un tirano y, de repente, llegado de otro planeta aparece el héroe rubio y salvador. Con su bravura y valentía depone al dictador de turno y reinstaura la democracia liberando a los sufridos indígenas de sus padecimientos.

Con estos supuestos propios de un tebeo de Corto Maltés, poco podría hacerse a priori, excepto burlarse de ellos. Pero Millar sobrevive al tufillo colonial y casi racista del planteamiento a base de ironía y de un recurso que lo identifica como el excelente guionista que es. Es un giro en el argumento que le permite construir un gran comienzo y un muy satisfactorio final, de esos que dejan al lector con la sensación de “¡qué bien me lo he pasado!”.

La idea es tan simple como eficaz. ¿Qué pasaría si no quedaran pruebas de las hazañas de Flash en Mongo, si nadie se creyera que había derrotado al cruel Ming? Eso es lo que le ocurre a su protagonista, el apacible jubilado Duke McQueen. Los adoradores de John Wayne, entre quienes me cuento, apreciamos el guiño que introduce en el nombre del héroe, ese “Duke” que era el apodo habitual de Wayne. Y es que tiene mucho del mítico actor o de algunos de sus papeles más recordados. Especialmente en el nostálgico arranque, donde se presenta cómo un anciano triste y solitario, que acaba de enviudar y apenas recibe visitas de sus hijos. Es el tipo loco que fabuló aventuras en un planeta desconocido. Ayudado por el dibujo expresivo y directo de Parlov, en este caso con los acabados del Moebius más despojado, Millar describe a un tipo derrotado por la vida y unas circunstancias que lo han llevado a convertirse en el chiflado del que todo el mundo se burla.

Starlight de Millar y Parlov, edita Panini Comics Superhéroes ciencia ficción
Lógicamente, la situación cambia cuando vuelve a recibir noticias del planeta que había liberado muchos años atrás. Ahí se inicia una trepidante aventura en la que cruza la galaxia para enfrentarse con nuevos villanos, rodeado por un puñado de coloridos comparsas. Si al inicio el personaje se aproximaba a algunas de las más melancólicas figuras fordianas, con la vuelta a Tántalus el tono recuerda más al Hawks de El Dorado o Río Bravo. Duke es un profesional que hace lo que debe. Aquí, aunque correcta, la narración resulta más convencional. Aparece un malo sádico y amenazador, las peripecias son tan emocionantes como debieran y Parlov nos deslumbra con sus ciudades, paisajes y arquitecturas alienígenas. Todo, de los uniformes al diseño de las astronaves, tiene un enternecedor aire camp, aunque con una carcasa despojada y fresca, el dibujante desnuda su trabajo de artificios y nos permite disfrutar con la fuerza estructural de sus figuras y la imaginación que destilan sus ambientes y escenarios.

Pero, en realidad, estamos esperando a que Duke vuelva a casa para comprobar si esas nuevas andanzas han supuesto algún cambio o no. Y sí, el final es tremendamente satisfactorio, como se suele decir colma todas las expectativas. Es divertido y emocionante y yo les aseguro que si se leen este tebeo se lo pasarán muy bien.
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viernes, 13 de julio de 2018

EL CASTIGADOR: PELOTÓN DE ENNIS Y PARLOV

El castigador: el pelotón de Garth Ennis y Goren Parlov de Marvel, edita Panini
Panini, 2018.
144 páginas, 15,95 euros.


¡TODOS A UNA!


Ennis ha vuelto a conseguirlo. Tras la sentida pérdida de Dillon, regresa del brazo de su actual dibujante estrella, Goran Parlov, un genio narrativo de dibujo sintético y expresivo. Juntos firman uno de los grandes tebeos del año. Otra vez.


Si está usted harto de novelas gráficas, lloriqueos adolescentes y otras chorradas pretendidamente modernas, vuelva siempre a Ennis, es un valor seguro. Obviamente es humano y a veces se equivoca.

Le fascinan los temas bélicos y es en ese género donde lo hemos visto patinar más estrepitosamente. Pero él insiste y al final acierta. Su último comic sobre Vietnam contiene momentos realmente memorables. ¿Es redondo? Creo que no. La batalla final es confusa y la antagonista, esa norvietnamita obsesionada con el héroe, resulta un tanto forzada, apenas una excusa que nos permite asomarnos al “otro lado”. Pero cuando el guión se centra en el núcleo de la historia, ese pelotón que da título a la obra, alcanza cimas gloriosas.

Se nos cuenta cómo Frank Castle, que luego se convertirá en El Castigador, se hace cargo de su primera unidad. Aunque es un comic de guerra y Ennis se asegura de ofrecer una visión equilibrada de ambos bandos y una adecuada dosis de acción y escaramuzas guerreras, el guión no pierde el foco sobre los soldados, las razones que convierten a unos muchachos desesperados en un verdadero grupo que se esfuerza por sobrevivir. Cómo se crean los lazos que unen a unos desconocidos y los entrelazan para siempre. Y, por supuesto, el papel que desempeña alguien que por azar está al mando y se ocupa de lo único importante: esquivar una muerte casi segura.

Hay muchos matices por el camino. Si en el lado de los norvietnamitas a través de la guerrillera se nos citan las matanzas de campesinos, también tenemos la confesión del coronel Letrong Giap, veterano luchador que ya se enfrentó a franceses y japoneses, antes de lidiar con los americanos y que admite, comentando lo de My Lay, que “yo he ordenado cosas peores”. Las relaciones entre él, la guerrillera y el subordinado son perfectas y preparan con sutileza el drama que se desata al final.

Viñeta El castigador: el pelotón de Garth Ennis y Goren Parlov de Marvel, edita PaniniHay dos secuencias que destacan sobre el resto y que constituyen toda una lección de perfecta escritura y narrativa visual. Porque por muy sugerente que sea el texto de Ennis necesitaba a alguien capaz de dibujarlo sin subrayados y ahí está Parlov cumpliendo ese papel a la perfección. La primera es la del bombardeo. Como quien no quiere la cosa, el teniente segundo Castle acompaña a sus hombres en una primera patrulla.

De manera casual habla con uno de ellos sobre los peligros que les acechan. Se informa de que apenas les prestan atención y de que nunca reciben el apoyo necesario. Así que cuando les toca inspeccionar una aldea, lo primero que hace es pedir un ataque aéreo. Varios francotiradores mueren y Castle empieza a ganarse la confianza de sus reclutas. El proceso es similar al que describía Eastwood en su incomprendida El sargento de hierro, la mejor película de profes que se ha filmado jamás. Pero allí se hacía hincapié en el aprendizaje de los soldados. Aquí es más bien el teniente el que está dispuesto a escuchar y aprender. Coinciden en esa progresiva relación que se construye entre el teniente y su grupo y que aquí se afianza en las batallas. Eastwood encarnaba a un tipo deslenguado y sentimental y en cambio el Castle que describe Ennis es el clásico héroe parco en palabras, que lidia en silencio con sus demonios aunque también encuentra momentos para la nostalgia.

Ennis nunca duda a la hora de mostrar la crueldad de toda guerra y aquí no hace una excepción. Pero Castle sigue decidido a proteger a sus hombres lo que le lleva al siguiente episodio memorable. Llueve mucho y las armas que tienen no les sirven, se encasquillan y eso los deja en desventaja. Así que deciden conseguir del modelo anterior, más básico pero más fiable. Utilizando la corrupción del ejército a su favor, intercambian los fusiles de los enemigos muertos por las viejas armas, más potentes que las actuales. Por el camino se hace una cita a la heroína que corre entre los reclutas y Ennis nos muestra cómo la ventaja que terminan consiguiendo tiene como consecuencia la muerte de un enemigo, casi adolescente.

Por supuesto toda la parte en la retaguardia es espectacular, con esa maravillosa splash del “polvo númelo uno”. Pero lo mejor es esa apenas esbozada amistad entre el teniente y sus hombres, que se filtra en diálogos breves y confesiones mínimas. Al final ya no se trata de éste o de aquel sino de la fuerza que se obtiene como grupo y que aumenta las opciones de supervivencia. No se pierdan el prólogo de Ennis, que también es excelente.



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viernes, 10 de junio de 2016

BATTLEFIELDS de ENNIS, COMICS BÉLICOS

Donde acechan los monstruos Ennis Tal es la calidad y profundidad de las historias de Garth Ennis que siento que nunca será suficiente lo que diga de él. Además, siempre consigue que le acompañen dibujantes extraordinarios.


ZONA DE GUERRA


Su última entrega, ese Donde acechan los monstruos, se inclinaba hacia su lado más gamberro y humorístico, con una revisión del héroe colonial clásico, allí derrotado por una amazona sin prejuicios y mucho más inteligente que el palurdo y arrogante protagonista. Aunque esa clave irónica aflora en todos sus trabajos sabe cómo graduarla cuando aborda temas más serios, como en la segunda parte de Battlefields.

Battlefields. Querido Billy de Ennis y Snejbjerg edita Aleta. Cómic bélico
Battlefields. Querido Billy de Ennis y Snejbjerg edita Aleta80 páginas, 9,95 euros.Edita Aleta

Como en su primer y brillante episodio, se centra en una mujer a quien la guerra alcanza con extrema crueldad, primero como víctima de una violación y más tarde como superviviente de un fusilamiento. Esa enfermera apenas consigue restañar unas heridas más profundas de lo que parecen, como descubriremos sobrecogidos.
El escenario es el Pacífico durante la IIGM, lo que facilita una disección del racismo entre anglo-americanos y japoneses. El guión es tan brillante como el dibujo, a cargo del limpísimo Snejbjerg, que aporta un extra de elegancia y contención a una historia tremenda que habla de las ofensas bélicas y su casi imposible reparación. Por el camino el guión nos ofrece varios pasajes espeluznantes cuya veracidad Ennis se encarga de confirmar en el epílogo. Esos sucesos atroces ocurrieron. Y pueden volver en cualquier momento. Están pasando ya.

Marvel, Furia - Mis guerras perdidas de Ennis y Parlov
Marvel, Furia - Mis guerras perdidas de Ennis y Parlov.
144 páginas 12 € Edita Panini Comics


Abundando en el tema bélico era lógico que Ennis se hiciera cargo del soldado por excelencia de la Marvel, Furia. Tras la decepcionante “Pacificador” firmó los excelentes “Mis guerras perdidas”, dos volúmenes donde repasaba todas las guerras secretas de USA acompañado por el poderoso Goran Parlov  .
En ocasiones podía dar la sensación de que el enfoque era demasiado ligero, una farsa que no hacía justicia a los dramas citados, de Vietnam a Nicaragua pasando por Cuba.
Pero una segunda lectura prueba el innegable talento del guionista. Atención a los personajes, entre los que destaca Shirley, una muñeca explosiva que se va volviendo una frustrada, amargada e incómoda testigo según pasan los años. Como Furia, cabalga sobre la corrupción de otros, que cree poder usar en su propio beneficio aunque finalmente la violencia acaba alcanzándola. Una hembra poderosa y llena de carácter, otra prueba más del gusto de Ennis por las protagonistas femeninas fuertes.
Sobresale también el general Letrong Giap, un enemigo vietnamita de Furia, con el que sostiene varias escaramuzas muy sangrientas y que protagoniza una estremecedora escena de reconciliación (o algo así) al final. El guión esquiva con habilidad todo reduccionismo y las fronteras entre buenos y malos se diluyen, ya que la crítica se reparte en todas direcciones. Los guerrilleros cubanos torturan sin piedad a sus enemigos pero la contra no es mucho mejor, no abundan los angelitos. De hecho uno de los pocos personajes idealistas, con ecos de “El americano tranquilo”, acaba prácticamente quemado por las dosis de realidad que recibe acompañando a Furia. Pero se le trata con respeto, el guión no se burla de su ingenuidad, tan sólo opone sus aspiraciones a conflictos de muy difícil solución, con devastadores resultados.


Los esclavistas Punisher de Ennis y Leandro Fernández
Punisher, Cocina irlandesa - Los esclavistas de Ennis y Dillon, Fernández
144 páginas, 12 € Edita Panini Comics

Otra serie donde tuvo ocasión de reflexionar sobre la violencia y sus implicaciones fue Punisher. Tras su éxito arrollador con Preacher Ennis y Dillon desembarcaron en Punisher para crear un conjunto de episodios salvajes y de una violencia humorística irresistible. Cuando guionista y dibujante se separaron parecía que la saga perdería fuelle, en manos de ilustradores quizás más realistas pero sin el brío narrativo de Dillon. No fue así y conviene repasar las entregas una a una porque en todos los volúmenes encontramos elementos de interés. Además, aunque el héroe lucha habitualmente contra el crimen organizado en Nueva York, los guiones pronto comienzan a llenarse de referencias a otros conflictos. En “Cocina irlandesa” emplea como excusa una guerra de bandas para hablar del IRA, sus luchas intestinas, sus peleas con el ejército inglés, excelentemente representado por un camarada de Punisher que aparecerá en varios episodios, Yorkie. El humor es grueso y la violencia extrema, pero entre bromas y veras se dicen muchas verdades sobre el dolor innecesario causado por toda violencia terrorista, por mucho que se desee justificarla con motivos políticos. Al final siempre hay niños muertos. Leandro Fernández se encargaba de dibujar esta aventura y algunos de los capítulos más interesantes durante el paso de Ennis por la serie. Tras una brutal peripecia en Rusia, donde Punisher escapaba de una base de misiles nucleares, volvía a la cocina del infierno, otra vez con dibujo de Fernández. “Arriba es abajo y negro es blanco” era una abrumadora historia de amor y brutalidad, en la que Castle (el héroe) conocía a una marine casi tan bestia como él, mientras se enfrentaban a los Soprano versión 2.0. Fernandez y Ennis seguían juntos en uno de mis episodios favoritos, “Los esclavistas”, el mejor relato sobre trata de blancas que yo haya leído. No apto para estómagos sensibles.

Con Parlov volvían las bromas en “Barracuda” pero inmediatamente después recuperaba la épica en el gran drama bélico “Hombre de piedra”. Otra vez acompañado por Leandro Fernández, el guión llevaba al héroe a Afganistán. Había chistes sobre los follacabras y también un recuerdo para la ocupación soviética y las aventuras coloniales inglesas. El final estaba a la altura de una historia impresionante que sin embargo se permitía jocosos momentos de humor, en adecuado contraste respecto a los abundantes pasajes trágicos.

Punisher El Tigre de Ennis y Severin, edita Panini Comics
En fin, Parlov aportó su calidad habitual a las siguientes entregas, aunque para mi gusto en “Valley Forge, Valley Forge”, el enfrentamiento definitivo entre Punisher y el ejército, se hablaba mucho y los textos acababan con el ritmo de la narración. No quiero terminar sin mencionar el episodio “El Tigre”, un intenso relato de iniciación dibujado por el veterano John Severin. Se aprecia que su dibujo ya no tiene la fuerza de antaño pero da igual. Ennis firma una pequeña joya sobre el origen de ese héroe incierto que es Punisher, de nuevo un ensayo sobre la violencia, sus consecuencias y las preguntas sobre qué podemos o debemos oponerle. Al final el discurso del guionista es siempre moral. Hay acciones que representan el mal absoluto, como esa viñeta en que vemos la huella de una bota militar sobre un feto aplastado cuyo cordón umbilical permanece unido al vientre de la madre a la que acaban de rajar. Pero a la bestia capaz de semejante atrocidad no se la detiene con palabras o buenas intenciones. Se necesita una fuerza igual pero opuesta. Ahí es donde se sitúa Punisher y todos los soldados dispuestos a hacer lo que sea necesario. Ennis no hace trampas y muestra siempre las consecuencias de esos actos, el precio moral a pagar. Parecen tebeos fáciles, populares, puro entretenimiento. Y lo son. Pero también mucho más. No se los pierdan.
Battlefields 2. Querido Billy
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jueves, 3 de octubre de 2024

TEXAS KID KORDEY MACAN COMIC

Texas Kid Kordey Macan Comic ECC
Igor Kordey y Darko Macan

ECC, Barcelona, 2024
224 páginas, 30 euros


REALIDAD Y FICCIÓN
El dibujante Igor Kordey ofrece otra exhibición de su poderoso dibujo. El guión nos cuenta qué pasaría si una especie de Cisco Kid cobrara vida y habitara entre nosotros. Nada bueno, ya se lo adelanto.


En los últimos años hemos visto desfilar a unos cuantos dibujantes de origen croata, todos extraordinariamente talentosos. Junto a Kordey podemos recordar a Tonci Zonjic, Goran Parlov o Esad Ribic. Se han integrado con naturalidad en el mercado americano aunque en cuanto pueden regresan a sus raíces europeas donde facturan productos con los que se sienten más vinculados. Kordey lleva ya tiempo colaborando con Macan, que firma los guiones de Marshall Bass. Allí, como en este Texas Kid, los grafismos son muy superiores al texto. Según parece fue un empeño del dibujante, que se enamoró de un relato del guionista y le estuvo dando vueltas durante años, hasta que consiguió darle un desarrollo con el que podía sentirse satisfecho.

Me cuesta discernir qué vio Kordey en el cuento original, más allá de una buena excusa para facturar dibujos chulos, que es lo que hace a lo largo de las más de doscientas páginas que componen la obra. A sus seguidores ya no necesita convencernos. Es una auténtica bestia del dibujo y aquí vuelve a demostrarlo. Con unos acabados contrastados y muy personales, con perspectivas que cortan el aliento, con primerísimos planos abrumadores, con páginas de estructura cambiante y precisa, ajustada a lo narrado, con esos juegos de luces y sombras que nadie practica como él, etc. Es el dibujo el que justifica la adquisición de este volumen.

Texas Kid Kordey Macan Comic ECC
En el guión supongo que hay buenas intenciones que muchos sabrán valorar. Se nos cuenta la historia de dos dibujantes, padre e hijo y de la creación del anciano, un personaje del oeste muy popular que en las primeras páginas del tebeo vuelve a la vida. Un vaquero a la vieja usanza, vestido impecablemente de negro y que nos recuerda, con sus grimosos labios negros a la estirada creación de Salinas, Cisco Kid. Está claro que Macan le tiene tanto paquete al vaquero dandi como yo porque su Texas Kid es una sabandija de primera, así que difícilmente podríamos leer en él algún tipo de homenaje a una vieja gloria de las tiras de prensa clásicas. Además de ese juego en el que creación y creador se sientan a la misma mesa, Macan añade algunos componentes más, como un regreso a la vieja Yugoslavia cuando cuenta la infancia del padre. Una niñez, por cierto, tan bruta y miserable como cabría esperar. Sobreviven a la guerra y no acaba de dar la sensación de que esa primera parte encaje del todo con lo que se cuenta después, centrado en la conflictiva relación entre padre e hijo. El niño quiere ser dibujante como el padre, pero como no recibe palabras de apoyo se hace punki y dibuja tebeos alternativos. Por en medio de ese drama familiar se pasea Texas Kid, acercándose a la novia del desgraciado protagonista (acercándose mucho) y comportándose de manera brutal con su madre. Al final no queda claro qué quiere contar Macan, yo me pierdo en sus elaboradas metáforas. Supongo que hay una profunda reflexión sobre el destino de los pueblos balcánicos, la brutalidad de los seres humanos, las difusas fronteras entre realidad y ficción o las problemáticas relaciones entre padres e hijos, cargadas de envidia y rivalidad. Supongo que se trata de todo eso pero no está bien contado, los personajes no están bien caracterizados y lo cierto es que lo que les pase me da un poco igual.

Eso sí, increíbles los malabares del vaquero sobre su caballo, esas cabezas reventadas por disparos a cámara lenta, los saltos a las partes más contrastadas cuando Kordey imita el estilo “de tebeo” o todas las dobles páginas en las que se nos ofrecen verdaderos recitales de dibujo. No puede ser más espectacular. Una pena el guión.

 

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sábado, 18 de febrero de 2023

MATANZA AMERICANA COMIC DIBUJO LEANDRO FERNANDEZ

Bryan Hill y Leandro Fernández
ECC, España, 2022
224 páginas, 25 euros

Matanza Americana con dibujos de Leandro Fernández
EL GRAN LEANDRO

Hay dibujantes a los que convienen seguir: Lee Weeks, Chris Samnee, Goran Parlov, Igor Kordey, Nick Derington, Tonci Zonjic, Laura Zuccheri... o Leandro Fernández.


Autores cuya habilidad gráfica es tal que casi ni importa el texto al que acompañen. Casi. De los citados algunos han tenido suerte y se han emparejado con guionistas con el talento de Millar o Ennis. A otros les ha tocado Tom King y, a pesar de sus destrezas gráficas, acabamos olvidándolos porque solo con los dibujos no se construye un cómic decente. Como solía pasar con los niños, es cosa de dos. Leandro Fernández ha tenido una suerte irregular. Ha levantado con su arte unas cuantas historias mediocres pero también ha acompañado a Ennis en algunos de los mejores episodios de Punisher. Su carrera presenta un dato curioso. Muy joven entró a trabajar como ayudante de Eduardo Risso, argentino como él. Cuando los dos se lanzaron a la conquista del mercado norteamericano, Leandro exhibía un dibujo realista, clásico y muy alejado de su actual estilización. Pienso que no deseaba ofrecer un producto similar al de su jefe. Pero una vez situado ha dejado que su estilo evolucionara y lo cierto es que sus acabados cada vez contienen más elementos que recuerdan a Risso. Pero, como algunos ya han señalado, no son lo mismo. Los grafismos de Risso pertenecen a una escuela clásica, donde colocamos a Caniff, Robbins, Toth, Mazzuchelli, Pratt, Steranko y algunos más. La escuela del alto contraste, donde todo es luz o sombra. Risso la había conducido hasta su extremo más simplificado y su labor tenía un mérito indudable. Pero su estilización venía acompañada de cierta blandura. Hay algo bonito, agradable en su dibujo y eso no conviene a todas las historias.

Matanza Americana con dibujos de Leandro Fernández
A Fernández no le pasa. Además, considero que su narrativa es más sofisticada, más directa y pura. Permanece Leer más...