viernes, 9 de octubre de 2015

DRAWINGCIRCUS: COMIC NOSTRUM 2015

Manifiesto del macho dominante - Jerónimo Puchero #5 de François Boucq
Manifiesto del macho dominante.
Norma Editorial. Barcelona, 2014.
88 páginas, 18,50 euros.

Este año los miembros del Cluster de Comic de las Baleares han decidido maridar su medio de expresión con el circo. El resultado no es apto para todos los públicos.


Pere Joan, el padre de una idea aceptada con entusiasmo por los comiqueros locales, insistió desde el inicio en que había que despegar el concepto “circo” de sus connotaciones familiares, aproximándolo al cabaret, al teatro experimental y a las manifestaciones más canallas y alejadas de los tiernos infantes. Así que mi primer consejo es, si piensan ir acompañados por sus hijos, antes de que traspasen las puertas de la carpa instalada en Sa Feixina asegúrense de que el espectáculo será adecuado para ellos.

El sábado 10 o el domingo 11 sí que se han programado actividades dirigidas a los críos, las tardes son algo más salvajes. No esperen tampoco grandes transgresiones, pero sí shows picantes y una voluntad general de ofrecer espectáculos inteligentes y adultos. En medio se incluirán algunas breves charlas con los autores invitados. Si desean verlos hablar y dibujar con más calma resulta aconsejable acudir a las masterclass de las mañanas. El aforo más amplio de la carpa del Circ Bover permite una asistencia mayor que la de años anteriores.

Comic Nostrum 2015: Drawing Circus
En fin, de lo que se trata es de romper con los modelos tradicionales de Salones del Comic y explorar nuevas fórmulas. Sonia, directora del evento, parecía muy preocupada ante la posibilidad de que no todos los números fueran perfectos o de, en pocas palabras, hacer el ridículo. Al fin y al cabo hablamos de dibujantes que han construido micro-espectáculos y se enfrentan a la pista del circo y a un público en directo en muchos casos por primera vez. Las posibilidades de que todo salga mal son muchas.

O ninguna, en mi opinión. Esos pequeños shows saldrán mejor o peor pero al menos habrán demostrado las ganas del colectivo de reinventarse, de no acomodarse en fórmulas con las que no es posible competir con los grandes núcleos, al menos mientras los presupuestos que se manejan sean tan limitados como aquí. Así que, si no se puede traer a tantos autores como en La Coruña o Madrid, ni montar las expos de Barcelona, lo mejor es salirse por la tangente ideando algo como la chifladura circense que les ha atacado este año. No faltan las estrellas invitadas: Boucq, Cruchaudet o Acuña entre otros, ni muestras de tanto interés como la de Transits, inaugurada la semana pasada, o la de Boucq que se abría ayer. Pero lo importante es el salto sin red que el Cluster ha dado este año, su apuesta por lo diferente, lo freak, la diversión y el desbarre que el circo asegura. En este caso no importan los resultados, el espectáculo ya ha comenzado y nada puede pararlo.

El macho dominante


Dentro de la programación quiero destacar la presencia de Boucq, uno de los grandes autores del comic europeo, un maestro que álbum a álbum ha generado eso que se llama “un mundo propio”. En ocasiones solo y otras acompañado. Desde el principio de su carrera llamó la atención su dibujo siempre al borde de la caricatura, realista sí, pero al tiempo grotesco, distorsionado, sus tipos con espaldas como armarios, la fealdad de sus mujeres, sus espléndidas perspectivas, su capacidad para convertir lo habitual en extraordinario y su tremendo y surrealista sentido del humor. Esas características se mantenían incluso cuando, colaborando con otros guionistas, adoptaba tonos más serios. Tanto en La mujer del mago como en Boca de diablo, escritas por Charyn, podía sentirse cómo Boucq refrenaba sus tendencias más disparatadas para ajustarse a los dramas que contaba. Sin embargo, algo de la irrefrenable expresividad que define su trazo permanecía en la superficie, aportando unos acabados inimitables y muy adecuados a las sórdidas historias. En ambas brillaba su habilidad para la representación de amplios espacios, perspectivas naturales o arquitectónicas, casi imposibles para otros autores y que él resolvía con naturalidad.

François Boucq expo en Palma de Mallorca 2015 Comic Nostrum CAC Ses Voltes
A ese lado más serio él sumaba su obra personal, de un humor irónico e intransferible, con cierta influencia de la revista Mad. Episodios breves entre los que destacaba la inimitable secuencia del beso, ¡ningún lector que la haya visto podrá olvidarla jamás!. De aquellas anécdotas también surgió un héroe incierto, el gran Jerónimo Puchero, un apacible burgués, padre de familia y aparentemente tranquilo que escondía sin embargo una fiera en su interior. Con el tiempo sus aventuras ocuparían álbumes completos.

Luego llegó Jodorowsky, con quien trabajó en la enloquecida Cara de Luna, una bizarra metáfora ambientada en una dictadura a la que se enfrentaban diversas facciones, con los típicos episodios de crueldad que le gusta incluir al chileno. Boucq refinó aún más su ya excelente dibujo para su siguiente colaboración con él, Bouncer, un western lleno de venganzas y personajes irrepetibles que se extendió por seis álbumes. Mientras el guión se recreaba en los pasajes de violencia y destrucción, el dibujante añadía nuevos tramados a su ya barroco grafismo, maravillando a sus lectores con sus panorámicas del oeste más salvaje. No contento con esto, inició nuevas series.

En el registro humorístico, lo intentó con Rock Mastard, una fallida parodia de Indiana Jones. Tampoco resultó muy convincente su participación en Janitor, donde volvía a su vertiente más seria y contenida. Más calidad tuvo otro intento en la misma dirección, un episodio de la saga XIII Mystery: Coronel Amos. Un buen guión le permitió lucirse con una entretenida aventura de agentes dobles y en la que los muchachos de la CIA intentaban descubrir a un agente del Mossad infiltrado al más alto nivel. ¿Adivinan quién era? Boucq volvía a dar toda una lección de dibujo aunque también permitía apreciar los límites de un artista prodigioso al que aparentemente no se le resiste nada. Es grande en el dibujo de espacios, de la figura humana y animal y todo lo que hace comunica bien, va cargado de expresividad. Pero sus personajes tienden a no tomarse a sí mismos demasiado en serio. Su tendencia humorística, sus juegos metalingüísticos en los que los protagonistas son conscientes de actuar en un comic, parecen contagiar a sus historias serias, de forma que las actuaciones, cuando se trata de verdadero drama, siempre chirrían un poco. Cuando la cosa se pone grandilocuente no hay problema, pero nunca es del todo convincente en las distancias cortas. Lo suyo siempre es “más grande que la vida”.

Pecata minuta, defectillos sin importancia en el conjunto de una obra extraordinaria, fruto del esfuerzo de uno de los grandes. Un último apunte para un episodio de una de sus últimas obras publicada en España, ese Manifiesto del macho dominante protagonizado nuevamente por Puchero. Aunque es evidente el cariño que siente por ese personaje, que comienza siendo una parodia del buen burgués y sus repetitivas costumbres, con el paso de los años se ha acentuado una sensación, la de que Boucq realmente envidia a su héroe, como si las bromas apenas ocultasen una rendida admiración por las costumbres de ese buen salvaje urbano. Si no me creen relean el capítulo dedicado a la monogamia, con Puchero rechazando las ofertas de todo tipo de hembras, humanas y animales, anoréxicas y voluptuosas. Es enternecedor y tronchante. Mañana Boucq y Cruchaudet “actuarán” en Sa Faixina, a los pies de ya-saben-qué-monumento. No se lo pueden perder.

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