viernes, 10 de enero de 2014

BLACKSAD. AMARILLO de CANALES & GUARNIDO

Portada de "Blacksad. Amarillo" de Díaz Canales y Guarnido, edita Norma
Norma, 2013.
56 páginas, 15 euros

DEL NEGRO AL AMARILLO


Los creadores de Blacksad recorren la gama cromática asociando cada álbum con un color. Tras el negro, el blanco, el rojo y el azul, ahora es el turno del amarillo.


Como es sabido, cuando empleamos la expresión “género negro” para referirnos al policíaco o a lo que los americanos llaman trhiller, lo que hacemos es imitar a los franceses que empezaron a emplear tal denominación debido a una colección de novelas de ese estilo. Y sí, sus portadas eran negras. En Italia, en cambio, hablan de giallo porque sus portadas eran amarillas. En la quinta aventura de su gato detective, Guarnido y Canales nos ofrecen una serie negra que se ha vuelto amarilla para la ocasión. Y el cambio les sienta bien. Aunque el giallo ha acabado asociándose con la variante más violenta y burra del género, no es exactamente eso lo que define este episodio. No faltan los asesinatos y abundan los accidentes a causa del protagonista, un gafe al que persigue la desgracia, condenado a propiciar el caos a su alrededor.

El volumen mantiene los rasgos por los que Blacksad se ha hecho popular y que le aseguraron un éxito casi instantáneo. Sobre todo el trabajo de un artista que proviene del mundo de los dibujos animados y que nunca decepciona.
Personaje de Blacksad. Amarillode Díaz Canales y Guarnido, edita Norma
Los personajes están bien definidos, el color se aplica con decisión, teniendo en cuenta sus vertientes estética y comunicativa, la puesta en escena se mima al detalle, la narración es espectacular. Todo nos habla de una obra realizada con cariño y pensada para contentar a una mayoría.

La parte más débil de este conjunto siempre han sido los guiones. Tenían la virtud de poner a Guarnido a dibujar, dándole excusas para brindarnos un dibujo bonito tras otro. Pero acumulaban muchos clichés y apenas conseguían construir algún personaje creíble.
La comparación con Grandville, un tebeo de Talbot también con animales parlantes, permite ver esto con mayor claridad. Si el inglés se preocupa de caracterizar con verosimilitud a sus protagonistas y secundarios, Díaz Canales parecía más interesado en impartir clases de historia y ofrecernos su peculiar versión de los cincuenta en USA. Así que sus personajes eran estereotipos, figuras muy planas.

En esta nueva entrega no mejora sustancialmente, pero sí que desarrolla su relato con más convicción. La historia, muy simple en apariencia, nos entretiene y engancha hasta el final. En esencia se trata de una persecución, una de esas aventuras de carretera que de alguna forma funciona a base de azar y caos, mucho caos. Por el camino podemos disfrutar de varios aspectos gloriosos. Como los cielos de Guarnido. Sus acuarelas son excelentes y muy frescas y aquí y allá nos sorprende con cielos cargados de nubes pintadas con los colores más cálidos que puedan imaginar. Pero lo más memorable del álbum sin duda es la secuencia de los monos. Se inicia con el número de los simios trapecistas. Luego en paralelo la mirada se divide entre el espectáculo circense y un intento de violación que acaba en asesinato. Esa muerte provoca la furia del circo que persigue al presunto asesino hasta atraparlo. Son apenas cinco páginas de acción arrolladora, increíbles picados y contrapicados y maravillosas angulaciones laterales. Pero sobre todo son una tremenda demostración de dibujo animal. La forma en que los monos se balancean y acosan al desgraciado protagonista es tremenda, magistral. En fin, no será el mejor tebeo del año, pero es una obra mayor y muy recomendable.

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