viernes, 18 de febrero de 2011

Tex. Llamas sobre Arizona. Nizzi y de la Fuente.

ABURRIMIENTO TOTAL

Tex. Llamas sobre Arizona
Claudio Nizzi y Víctor de la Fuente.
Aleta Ediciones 2010.
240 páginas, 15 euros

El nombre de Víctor de la Fuente, el grandísimo dibujante asturiano recientemente fallecido, es la razón principal para comprar esta nueva aventura de Tex.

Lamentablemente, no es suficiente. Tex es la serie del oeste más popular en Italia desde hace un montón de años. Cada mes se publican millares de ejemplares con las aventuras de este violento vaquero. En España lo conocimos ya en los setenta y recientemente hubo un intento de reeditar sus peripecias. No duró mucho, pero sí que han continuado apareciendo con cierta regularidad algunos volúmenes especiales en los que reconocidos dibujantes se hacen cargo del personaje. Recordamos con entusiasmo las entregas de Kubert y de Font. Menos interés despertó la participación de Bernet, un artista formidable que en ese caso facturó un tebeo realizado con excesivas prisas.


No tiene mejor fortuna nuestro querido Víctor. Tex no es uno de esos casos en que popularidad y calidad se dan la mano. Antes de que oyéramos hablar del manga y sus estrategias folletinescas para alargar y convertir en complicadas secuencias más bien simples, ya los creadores italianos se las arreglaban para hacer de Tex una serie cargada de escenas innecesariamente estiradas. El posible interés de los guiones quedaba muy diluido en medio de unos desarrollos innecesariamente prolijos y ralentizados.

Esta aventura contiene todos esos ingredientes, corregidos y aumentados, además de algunos más, característicos de la serie y que no sorprenderán a sus seguidores. Como el regodeo con la violencia o las secuencias de tortura. No me malinterpreten, no cuestiono esas escenas por su contenido, personalmente disfruto cada vez que en la serie 24 el gran Jack Bauer, espléndidamente interpretado por Kiefer Sutherland, tiene que sacarle información a algún terrorista, cuando no es él el que recibe alguno de estos tratamientos. Pero ahí esos hechos se presentan en un contexto dramático que los explica, aportándoles sentido. Normalmente hablamos de elecciones terribles, momentos en los que el héroe debe escoger entre sacarle las uñas a un desgraciado o permitir que mueran millares de personas. Un dilema al que no me gustaría enfrentarme. Pero para eso contamos con Bauer.

Lo de Tex no, es mucho más precario y previsible, como un automatismo que nos remite a los despreocupados años en que fue creado el personaje. Como toda la construcción del argumento. ¿Cuántas veces nos han contado esta historia de los pobres indios en su reserva y las trampas de los malvados terratenientes para justificar una intervención militar que los masacre de manera definitiva? En todo caso lo peor no es la premisa argumental sino su puesta en escena, repetitiva, lenta, estirada en exceso y carente de personalidades con un mínimo de interés.

Ante ese panorama poco es lo que puede hacer un Víctor de la Fuente que, además, ya pasaba de los sesenta años cuando realizó este tebeo. Mantiene algunas de las virtudes que le hicieron célebre. Sus acabados son tan expresivos y limpios como siempre, dibuja muy bien los caballos y sus figuras están llenas de vida. Pero su estupenda planificación parece encorsetada y cohibida. En pocas palabras, ni siquiera él podía convertir en pasable un guión rematadamente aburrido.

¿Mi consejo? Olvídense de esto y repasen la reciente reedición de Haxtur. Comprenderán porqué Víctor siempre tendrá un lugar entre los más grandes.

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