viernes, 4 de mayo de 2018

PROVIDENCE de MOORE y BURROWS - LOVECRAFT COMIC

Providence el miedo que acecha alan Moore Jacen Burrows Lovecraft comic
Panini Comics, 2017
168 páginas, 18,95 euros

YA VIENE


A finales del pasado año se completaba la trilogía dedicada a los mundos de Lovecraft escrita por el guionista Alan Moore. Ya había tanteado el terreno previamente con su intranquilizador “Necronomicón”.


Pero si aquella había sido una aproximación adecuadamente horrorosa, aquí no tiene tanto éxito. No es que no consiga asustarnos. Eso lo logra con creces en varias secuencias de antología. A Moore nunca le ha faltado el ingenio así que sus argumentos siempre incluyen ideas novedosas que dejan al lector con la boca abierta.

Encontramos el primer pasaje impactante en el episodio 2. Hasta ahí se ha mantenido fiel a una estructura repetitiva de cuatro viñetas horizontales. Nada sorprendente, llevamos una buena temporada en la que los guionistas parecen incapaces de pensar en otra cosa que no sean viñetas panorámicas. De repente esa monotonía se rompe y salta a verticales a toda página. Lo hará en muy pocas ocasiones a lo largo de la historia, así que cada vez que ocurre sabemos que estamos ante algún momento fuerte. Este lo es. El protagonista, un gay de cuando no habías gays (como en Irán), que Moore emplea básicamente para reírse de los prejuicios de Lovecraft, desciende al clásico sótano adonde le han dicho que no baje. Allí se topa con un súcubo tetón y risueño que le da caza en una genuina y terrorífica persecución.

Providence el miedo que acecha alan Moore Jacen Burrows Lovecraft comic
Citaría como segundo hallazgo todo el episodio 5. Moore juega con los saltos en el tiempo y compartimos el estupor del héroe cuando nota que las cosas no están en su sitio y su realidad empieza a desmoronarse. La secuencia onírica con el mamón es especialmente desagradable.

El tercer pasaje, probablemente el más perturbador, se sitúa en el episodio 6. El héroe intercambia su mente con la de una niña y, desde el cuerpo de la menor, ve como él mismo (su cuerpo poseído) abusa de ella/él. Tan difícil de describir como de imaginar. Un horror, pero hace ya mucho que Moore demostró su talento para el mal.

Episodio 7: la escena del rey George. Es una variante del relato de Pickman, el pintor que habla con los seres del más allá. En un eficaz plano secuencia, el protagonista se sitúa a la izquierda de una viñeta que se repite a lo largo de seis opresivas planchas. Al fondo se sientan el pintor y una bestia a la que es mejor no mirar. Cuando se acerca al primer término y casi roza al héroe, es imposible no sentir escalofríos.

En el episodio 10 destaca, por supuesto, la visita de Carcosa. Viene precedida por esa alucinante aproximación de la torre, en otro plano secuencia que se remata con el efecto de movimiento, un recurso muy visual y que refuerza el carácter alucinatorio de la acción. También cuenta con su momento repugnante, cuando descubrimos lo que se oculta tras el velo. El mismo personaje vuelve a intervenir al final del pasaje del parto, en el episodio 12, el último. Moore se despide con un festival de escenas fuertes, desmembramiento y locura.

Providence el miedo que acecha alan Moore Jacen Burrows Lovecraft comic
A lo largo de todo el relato la puesta en escena insiste en las simetrías, en los juegos de espejos, en forzar la presencia de una mirada que se impone a la del lector, a través de angulaciones, zooms, juegos de planos y contraplanos y los ya mencionados planos secuencia. También queda patente el conocimiento que Moore parece tener de la obra de Lovecraft, cada episodio juega con uno o varios de los argumentos de sus novelas y al final se especula con una invasión de nuestra realidad por parte del mundo del sueño, de los dioses otros que habitan en dimensiones alternativas, que desean recuperar esta realidad como propia. De acuerdo al concepto de Moore, Lovecraft habría facilitado su retorno facturando fantasías que permiten a esos horrores poner un primer pié en nuestro mundo. Y la popularidad del escritor de Providence solo ha aumentado en los últimos años, así que el apocalipsis se aproxima. Eso está muy bien. Como también resulta original que el héroe, en lugar de flirtear con secretarias o bibliotecarias, haga manitas con policías o se calce a atractivos estudiantes. Jacen Burrows visibiliza a la perfección al primer héroe gótico-terrorífico-homosexual de la historia del cómic.

Pero… el problema es el habitual en Moore. Primero, sus personajes no callan nunca. Hasta que pasa algo hay que deambular por decenas y decenas de planchas saturadas de bocadillos, no siempre entretenidos. Segundo, se pasa de listo, como acostumbra. No le basta con intercalar citas y referencias, además lo hace de la forma más complicada posible. Al final, tenemos esa sensación de “todo está interconectado” seguido de “no podría importarme menos”. El conjunto es tan prolijo y confuso que, yo al menos, no haré el esfuerzo de releer los episodios en busca de esas pistas que se supone ha ido intercalando entre acciones. Porque me aburre, me deprime, no merece la pena tanto esfuerzo. Supongo que habrá quien disfrute con este galimatías. Yo no.


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