viernes, 27 de enero de 2017

UNA CHICA DIOR de GOETZINER

Norma Editorial. Barcelona 2016.
152 páginas, 35 euros.

MONSIER DIOR


Annie Goetzinger acaba de publicar un delicioso volumen sobre el mundo de la moda.


Más concretamente sobre Christian Dior, una biografía tan complaciente como encantadora. Todo es elegante y fluido y nos permite redescubrir la mejor versión de una creadora no muy conocida por aquí. En su momento se publicó su versión de Casco de oro pero es mucho más recordada por su colaboración con el recientemente fallecido Víctor Mora. Aunque se asocia a Mora con el género histórico, a través de personajes como El Capitán Trueno, El jabato o El Corsario de Hierro quizás él se sentía más cercano a los superhéroes de lo que podríamos pensar. No olvidemos toda aquella serie de personajes vinculados a la fantasía que creó para Bruguera. Si hay algo en España que se parezca a los universos superheróicos de Marvel o DC son las series que facturó acompañado por un sólido conjunto de dibujantes talentosos y sin miedo a ser diferentes: Supernova, Astromán y Roldán sin miedo. Más tarde llegaría la fallida Tequila Bang y, por supuesto, Felina. Esta última fue dibujada por Goetzinger, que aportaba un toque chic y cargado de referencias art-nouveau a un personaje ambientado en un decadente fin de siglo. Mora tenía la sana voluntad de ofrecer productos populares y aunque aprovechara las historias para transmitir sus ideas, no evitaba recurrir a estereotipos de probada eficacia. Así que algunas de sus chicas podían comportarse como auténticos machotes, usando a sus amantes como toallitas de papel desechables, lo que provocaba sensaciones muy poco habituales.

Como fuera, la Goetzinger contaba con un dibujo estilizado que parecía ablandar los relatos y no guardo un gran recuerdo de aquella serie. Mucho mejor fue su trabajo con Christin, reconocido guionista, colaborador de Mezieres, Bilal y otros. Con él ha dibujado varios álbumes, aunque por aquí sólo se publicó uno: La diva y el Kriegspiel, una sutilísima aproximación al asunto de los colaboracionistas y las problemáticas relaciones entre arte y política. Manteniendo esa peculiar delicadeza de su grafismo, allí la autora parecía ajustarse mejor al relato. Esa excelente obra apareció en la revista Vértigo en los ochenta. Luego alguna historieta suelta en álbumes colectivos y poco más. Me sorprende que no se hayan traducido sus otras colaboraciones con Christin pero imagino que pronto se subsanará ese error.

En todo caso hacía mucho que apenas sabíamos nada de ella y su regreso ha sido a lo grande. No esperen una GRAN historia, pero sí un relato modesto y contenido con una moderna Cenicienta como protagonista, un pequeño vistazo al mundo de la moda realizado con cariño y un gusto por el detalle muy de agradecer. Goetzinger saca sus mejores acuarelas y dibuja con delicadeza algunos trajes hermosísimos, todo tiene un aire como de figurín de modisto, lo cual se ajusta muy bien al tema narrado. Nada chirría ni parece feo y reina una contención que alcanza también al color, que se mueve por tonos lavados, grises y apastelados entre los que saltan algunos matices más saturados.

Midiendo mis palabras me atrevería a decir que las obras de Goetzinger siempre han sido muy femeninas, si entendemos por tal ese estereotipo que asocia a la mujer con la suavidad, la modestia y una estilización que evita las estridencias. Esas características como ya he comentado tendían a ablandar el trabajo de la autora. Sin negar ni intentar corregir sus inclinaciones, lo que se aprecia muy bien en este trabajo es cómo las ajusta a un tema que le resulta especialmente conveniente. Los dibujos de Goetzinger siguen siendo profunda, irremediablemente femeninos, pero ahora nos apetece entrar en sus mundos, disfrutamos deambulando por ellos. Y de paso nos enteramos de algunos aspectos de la vida de Monsieur Dior. ¡Qué bien!

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