viernes, 20 de enero de 2017

MEZOLITH de HAGGARTY y BROCKBANK

Mezolith de Ben Haggarty y Adam Brockbank, edita Diabolo Ediciones
Diabolo Ediciones. Madid, 2016.
96 páginas, 17,95 euros.

TOROS, CUERVOS, CISNES Y ABEJAS


Este es el primer comic de dos autores que provienen de otros ámbitos creativos. En él los componentes mitológicos y arqueológicos van de la mano para trasladar al lector a una salvaje era prehistórica.


Esas edades de las que apenas tenemos noticias ya han encendido la imaginación de creadores anteriores, desde que McCay soñara con Gertie el dinosario. Todos recordamos el clásico Alley-Oop, una aproximación humorística al hombre de las cavernas, o el fascinante Rahán, con su cuchillo de marfil y el imponente dibujo de Chéret. Hace poco Max, Pau y Marc Ferré unían sus fuerzas para producir dos álbumes talaióticos, agrupados en La isla de las piedras.

Haggarty, el guionista de Mezolith, vivía como cuentacuentos y sentía una especial predilección por las narraciones primigenias, los relatos más antiguos y que, con variantes, se repiten de una cultura a otra. Él aporta el tema, esas vivencias de un grupo de cazadores mesozoicos, y también el tono, una afortunada mezcla entre el rigor histórico y la reconstrucción de una identidad que enmarca los sucesos cotidianos en una lógica trascendente, mágica.

Muchos de los animales a los que deben enfrentarse son divinizados, contemplados con un respeto religioso y trasladados a un mundo legendario que se entremezcla hasta confundirse con esa constante lucha por la supervivencia. Sentimos la fuerza del conjunto, de la tribu a la que se desea pertenecer, pero también la aparición de sentimientos, emociones y miedos. En el mesozoico se caza y se come, pero también se ama y se obedece a tradiciones y normas ancestrales que jamás deben transgredirse.

Mezolith de Ben Haggarty y Adam Brockbank, edita Diabolo Ediciones
Si la labor del guionista es interesante, quien realmente capta nuestra atención es el dibujante, el extraordinario Brockbank.

Viene del mundo del cine, donde ha trabajado de concept artist en sagas como Harry Potter o StarWars. Su arte es clásico y rotundo y su color digital excelente. Domina la figura humana y presta especial atención a las expresiones. Es de crucial importancia en un comic ambientado en entornos naturales que los fondos actúan como un personaje más. Él lo consigue, con sus paisajes nevados, sus amaneceres y sus contrastes de color. Algo recuerda a Mignola, sobre todo el gusto por las luces y sombras muy extremas y los contenidos macabros, pero en general el dibujo brilla por su personalidad y su carácter diferenciado, poco visto.

En un álbum construido a base de episodios como éste es normal que algunos sobresalgan más que otros, pero la media es muy alta. Yo destacaría el de las chicas-cisne, delicadamente dibujado y coloreado y con ese toque de crueldad que siempre se espera de las narraciones primigenias, que apenas consiguen esconder su contenido sacrificial. En muchos capítulos se juega con la oposición entre las criaturas terrestres y las aladas, esos cisnes, abejas o cuervos que se elevan sobre los problemas cotidianos y en ocasiones se acercan a juguetear con los humanos. Otros cuentos proponen historias más terroríficas, como la del bebé gigante y violeta, o la del niño-cuervo. A pesar de la dureza que caracterizaba esas épocas, los autores evitan las truculencias, construyendo un relato apto para todos los públicos y que tiene un indudable valor cultural y pedagógico, además de sus evidentes virtudes estéticas.

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