viernes, 23 de diciembre de 2011

The Rocketeer. D. Stevens

HASTA EL INFINITO Y...


The Rocketeer.
Dave Stevens.
Norma Editorial. 
288 páginas, 26 euros. 

Entre los numerosos recopilatorios que últimamente han proliferado, compitiendo en tamaño y calidad, destaca el dedicado a Rocketeer, personaje creado por el extraordinario dibujante Dave Stevens, que nos dejó en 2008.

Stevens falleció con poco más de cincuenta años a causa de la leucemia. Su relación con el medio es escasa. Ayudó a Manning en Tarzán y luego se dedicó sobre todo al mundo audiovisual. No sólo a las series de animación, también colaboró en la promoción de Indiana Jones y en el storyboard del Thriller de Michael Jackson. Sus seguidores adoran la calidad de su dibujo y, sobre todo, la sensualidad de sus mujeres. De hecho, al introducir a un personaje que tenía los rasgos de Bettie Page en su serie favoreció una recuperación de la modelo. Stevens la buscó, se reunió con ella, le ayudó a reclamar sus derechos de imagen y acabaron convertidos en buenos amigos. Así que es en parte a él a quien debemos agradecer (o maldecir por) la proliferación de flequillos y peinados a lo Page.

Anécdotas aparte, la calidad de Rocketeer radica en el dibujo más que en la historia. Stevens fantaseaba con unos años treinta cargados de glamour. Por su serie se pasean estrellas de cine y monstruos de serie B, personajes de novela pulp como La sombra o secundarios extraídos de Doc Savage, biplanos y logotipos art decó. Es un mundo fascinante y arrebatador, más cuando viene servido por un dibujo tan brillante como el suyo, heredero del mejor comic clásico, con la calidad del entintado de Williamson y la sensualidad y el dinamismo de Frazetta. El problema es que, más allá de esa recreación de un momento mitificado y que como digo es muy atractivo, sus relatos son más bien planos. Los sazona con humor, lo que aligera la mezcla, pero nunca se preocupa tanto por los guiones como Mark Schultz. Su compañero de generación comparte con él no pocas intenciones y características estéticas, aunque Mark no se recrea tanto en la sensualidad como Stevens. Pero sí que analiza algo más sus guiones, lo que se nota en el balance final.

Xenozoic Tales es un tebeo serio, poderoso, y Rocketeer un divertimento, un gran entretenimiento sin pretensiones. Hay que dejarse llevar por el arte de Stevens, gran dibujante y mejor entintador, y olvidarse un poco del argumento, que no brilla por su profundidad. En todo caso este volumen es especialmente recomendable por todos los complementos que incluye: portadas, bocetos, diferentes versiones, anotaciones, etc. El coloreado digital es muy satisfactorio, lo que tampoco resulta tan habitual. Se agradece también que se nos aclaren todas esas manos que participaron en la aventura en New York, de Arthur Adams a Mike Kaluta, entre otros grandes.

Personalmente me sorprende un poco que en un tomo dedicado a Rocketeer no se cite la adaptación al comic de la película. Si el film era correcto sin más, el tebeo se deja leer con agrado. Peter David se encargó del guión y el dibujo fue cosa de Russ Heath. Y ya saben que si el viejo creador es bueno dibujando aviones, aún mejor se le dan las chicas. Aquí nos brinda toda una lección, con amplio despliegue de lencería de la época. Permanece inédito en España y yo me pregunto hasta cuándo.

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