viernes, 11 de noviembre de 2011

Habibi. Graig Thompson

PESADILLA ORIENTAL

Habibi 
Craig Thompson 
Astiberri. Bilbao, 2011. 
664 páginas, 39 euros.

Craig Thompson nos sorprendió en Blankets hablándonos de su juventud y cómo se había distanciado del ámbito cristiano en que se educó. Ahora vuelve a la carga con más páginas encuadrando su nuevo trabajo en otra religión.

Obra desmesurada y elegante, Blankets permanecía en la memoria como un intento tan respetable como desequilibrado. Honesto y bien dibujado adolecía de cierta autocomplacencia que estiraba la narración en exceso, ablandando sus contenidos. Con Habibi le vuelve a pasar, solo que en mayor medida. Primero, un apunte respecto al dibujo, tan refinado como siempre. Thompson maneja con soltura su pincel y nos ofrece bellas composiciones en las que los trazos caligráficos se integran de forma natural. Todo el volumen está salpicado de bonitas imágenes, impactantes composiciones que delatan el talento gráfico del autor.

Otra cosa muy diferente es el relato. Por un lado asistimos a una clase de religión comparada. Como se sabe las tres religiones del Libro, el islam, el cristianismo y el judaísmo tienen una historia compartida que se traduce en textos con los mismos protagonistas. Thompson insiste en este aspecto y en ocasiones parece que sus conocimientos sobre el islám van a desvelarnos nuevas facetas de pasajes que conocemos a la luz de otra tradición. Pero sólo lo parece.

Más que un ensayo, esta novela gráfica se alimenta del modelo clásico de Las mil y una noches. Esto es, se estructura a partir de una acumulación de cuentos. El autor acumula historias dentro de historias hasta que todas confluyen en un decepcionante final. Ese amontonamiento de relatos acaba resultando agotador. Son tantas las cosas que pasan que el lector se distancia por extenuación. No niego la existencia de pasajes perturbadores y sobre todo de imágenes fascinantes, como ese río lleno de basura y contaminación. Pero luego el carácter densamente metafórico de todo lo que se nos cuenta resulta demasiado pesado. Cada acción no es sólo lo que parece sino que además esconde nuevos y profundos significados que se nos van explicando como si todo fuera tremendamente trascendente.


La sensación de fantasía oriental se acrecienta gracias a una geografía movediza y a una situación histórica ambigua, nunca sabemos del todo si el relato transcurre en el presente ni en qué lugar concreto. El desierto es eterno pero parte de los males que acosan a la población local son muy actuales. Por otro lado Thompson enfatiza los aspectos dedicados a la sensualidad y a un erotismo de harém del XIX. Para entendernos, su acercamiento es similar al del calenturiento Dufaux en la serie Djinn. Y parece querer decirnos que esa relación más natural con el sexo es uno de los legados del Islam, frente al represivo cristianismo. Por el momento su obra sólo se ha publicado en occidente así que no podemos saber qué opinarían los mulanes de sus pasajes más subidos de tono. ¡Buena suerte, Craig!

En fin, que no, que no hay quien se trague este pastel al que le sobra falsa trascendencia y carece de verdaderos personajes, no espectros diseñados para transmitir ideología.

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