jueves, 24 de junio de 2010

El Príncipe Valiente. Lejos de Camelot. Mark Schultz y Gary Gianni


IMPRESIONES DE ÁFRICA
Panini Comics. Barcelona, 2010
192 páginas, 19,95 euros

Cuando en la Semana Santa de 2005 visitamos a Mark Schultz para preparar su exposición en el Casal Solleric de Palma, nos mostró páginas de periódicos donde se publicaba su versión del Príncipe Valiente, el mítico personaje de Foster. Así pudimos comprobar su decadencia y la de los comics en prensa por extensión. Si antes ocupaban suplementos enteros en cientos de diarios, ahora las tiras se destrozaban para encajar en formatos imposibles y su popularidad es mucho más limitada. Algo que, por supuesto, Mark lamentaba, aunque le llenara de satisfacción encargarse de uno de los héroes de su infancia.

Como es sabido, cuando a finales de los sesenta Foster ya no se sintió con fuerzas para continuar dibujando su página semanal, encargó una plancha de prueba a tres reconocidos autores: Gray Morrow, Wally Wood y John Cullen Murphy. Fue este último quien finalmente se hizo cargo de la serie, aunque Foster quedó tan complacido con la página de Wood que la incluyó en la serie, el 15 de noviembre de 1970. Si Dios quiere, podrán ustedes admirarla en la imponente exposición que preparamos sobre Wood para septiembre de este año en el Solleric.

Foster se hizo cargo de los guiones por un tiempo y luego todo quedó en manos de Cullen Murphy, que realizó un trabajo mejor de lo que suele reconocerse. Más tarde sus hijos le ayudaron con el argumento y finalmente fue sustituido por Gianni. Tras la muerte de Cullen Murphy su hijo continuó suministrando historias a Gianni, hasta que se hartó y le pidió que le buscara un sustituto. Así fue como Schultz entró en escena. El problema con una serie de estas características consiste en complacer a sus seguidores, sin traicionar el espíritu de la colección pero aportando alguna novedad.

Para el dibujante no es un reto menor. Foster marcó una cima estética dibujando algunos de las personajes más hermosos que se han paseado por los comics. Todos nos enamoramos de su princesa Aleta y hasta toleramos el imposible peinado de Val. Por no citar sus increíbles planos generales y la brillante exactitud de sus detalles. Cullen Murphy siguió los pasos del maestro, con un estilo algo más impresionista y moderno. Y Gianni logra no quedar en mal lugar. Considero que no alcanza a sus antecedentes en los aspectos más luminosos de la saga. Lo suyo no son las chicas guapas y no todos sus paisajes son convincentes. Pero cuando la cosa se pone tenebrosa funciona, sus malos son potentes y nadie le gana en los terrenos fantasmagóricos y en la creación de ambientes surealistas.

Y precisamente lo que hace su amigo Schultz es derivar la serie en esa dirección. Viajamos con Val hacia el sur, pasando por Galicia y con una parada en Gijón, para internarnos en el corazón de las tinieblas, un continente negro que ya habíamos pisado con Foster, pero que ahora se ve de otra manera, muy diferente. En realidad, en cuanto llegamos a África, los ambientes recuerdan más a otro personaje también dibujado por Foster. Me refiero a Tarzán, por supuesto. Así como aquel descubría reinos egipcios perdidos en la selva, admiramos con Val y sus compañeros antiguas civilizaciones negras, cuyo esplendor nos deslumbra. Todo ello sazonado con las acostumbradas escenas de celos entre Aleta y Val y el despreocupada afán aventurero de este último. Sale el monstruo del Lago Ness, que no es uno sino muchos, en un guiño a los dinosaurios tan queridos por el guionista, y muchas cosas más. No se lo pierdan.

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