El archivo de Stamford Hawksmoor
Bryan Talbot
Astiberri. Bilbao, 2026
192 páginas, 27 euros
RETORNO A GRANDVILLE
Su nueva entrega ha coincidido en las librerías con la publicación del integral de Grandville. Así que, si este Stamford Hawksmoor les gusta y no han leído su precedente, no lo duden: Grandville es uno de los mejores tebeos del siglo XXI. Talbot ha estado distraído en varias colaboraciones con su mujer Mary, de calidad irregular. Por eso esta vuelta a su universo de animales ha sido tan emocionante. Permitía imaginar un retorno a la grandeza que, al final, se ha cumplido con creces. Esta nueva entrega es tan diferente como arrolladora.
Primero, algunos avisos. Talbot sustituye el detallado color digital que caracterizaba Grandville por un agradable bitono, de texturas acuareladas. En la serie original primaba lo visual, con increíbles persecuciones y secuencias muy cinematográficas. Aquí abundan las soluciones gráficas innovadoras, no podemos olvidar que su narrativa es una de las más avanzadas y precisas. Pero el peso de los textos es mayor. Así que, quien ose adentrarse en las páginas de Stamford, debe sobrevivir primero a un prólogo denso donde se nos aporta mucha información sobre ese mundo alternativo que ha levantado. Las tropas francesas están a punto de abandonar Inglaterra, una isla que han gobernado durante años. Es una pequeña travesía del desierto que les aseguro merece la pena porque permite al lector transitar con más seguridad los pasajes que le aguardan. Por último, los bocadillos no son ligeros. Los personajes hablan, todo el rato. Y los cartuchos de texto abundan en citas de poemas y datos diversos.
Esos son los aspectos más pesados de la obra. El resto es pura diversión, de la buena. Hay capas y capas de talento y buena construcción. Por un lado es una historia llena de enigmas, misterios que resolver, no en vano es un fenomenal homenaje a Sherlock Holmes. Una investigación que se inicia cuando el protagonista vuelve al pueblo para interesarse por la muerte-suicidio de su hermano. Luego, a ese primer nivel se van sumando otros, del drama social a la novela negra. No sólo se denuncian las injusticias y las desigualdades de ese mundo, con claros homenajes al Londres de Doré y Dickens. También se habla de la corrupción conectada con los negocios inmobiliarios y los sobornos. Y de la política como un juego tremendo donde todo vale, de la tortura al terrorismo de estado, o lo que sea.
Lo mejor es la minuciosa construcción del personaje de Stamford. Se describen sus tensas relaciones con sus compañeros policías y sus jefes. Su divorcio y el affair con la viuda de su hermano. Tiene un hijo que parece un joven nazi y con el que no se lleva nada bien. Lo vemos pasearse por grandes salones y chabolas miserables, por prostíbulos y tabernas. Muy gratificante resulta la escena final, donde se reúne en un pub con el escaso grupo de amigos y colaboradores que le han acompañado o se han cruzado con él en sus aventuras. Entre ellos sobresale ese científico que tanto nos recuerda a Q, el de los inventos de James Bond, que juega un importante papel en el desenlace. Ayuda y mucho a aportar profundidad al protagonista esa relación distante con el hermano. En realidad, es la base del tebeo ¿Quién era?, ¿a qué se dedicaba? La secuencia en que se revela la terrible verdad es demoledora, una gran demostración de talento por parte de Talbot.
Esta es una obra mayor, llena de detalles inteligentes y satisfactorios, que van desvelando un personaje complejo y cargado de matices. Talbot enseña, con sutileza y precisión, sus distintos yoes, del social al más oculto y personal. Stamford Hawksmoor tiene aspecto de águila, pero al acabar la lectura lo sentimos como absolutamente humano, un amigo a quien hemos acompañado en sus desventuras y decepciones, un tipo duro que consigue sobrevivir ante los enemigos más despiadados. El autor equilibra las escenas más aventureras, la lucha contra los malos, con otros tropiezos más íntimos, como son la frustrante relación con el hijo o el fallido (y, sin embargo, dulce) romance con la secretaria. Hay una gran galería de secundarios que aportan color al trabajo y también ayudan a redondear la personalidad del protagonista. No se lo pierdan.
Astiberri. Bilbao, 2026
192 páginas, 27 euros
RETORNO A GRANDVILLE
Bryan Talbot abandonó Grandville hace años. No conseguía rentabilizar la penosa realización de cada uno de los episodios de su universo de animales antropomórficos. Ahora vuelve a esa Inglaterra alternativa, con un brillante homenaje a Sherlock Holmes.
Su nueva entrega ha coincidido en las librerías con la publicación del integral de Grandville. Así que, si este Stamford Hawksmoor les gusta y no han leído su precedente, no lo duden: Grandville es uno de los mejores tebeos del siglo XXI. Talbot ha estado distraído en varias colaboraciones con su mujer Mary, de calidad irregular. Por eso esta vuelta a su universo de animales ha sido tan emocionante. Permitía imaginar un retorno a la grandeza que, al final, se ha cumplido con creces. Esta nueva entrega es tan diferente como arrolladora.
Primero, algunos avisos. Talbot sustituye el detallado color digital que caracterizaba Grandville por un agradable bitono, de texturas acuareladas. En la serie original primaba lo visual, con increíbles persecuciones y secuencias muy cinematográficas. Aquí abundan las soluciones gráficas innovadoras, no podemos olvidar que su narrativa es una de las más avanzadas y precisas. Pero el peso de los textos es mayor. Así que, quien ose adentrarse en las páginas de Stamford, debe sobrevivir primero a un prólogo denso donde se nos aporta mucha información sobre ese mundo alternativo que ha levantado. Las tropas francesas están a punto de abandonar Inglaterra, una isla que han gobernado durante años. Es una pequeña travesía del desierto que les aseguro merece la pena porque permite al lector transitar con más seguridad los pasajes que le aguardan. Por último, los bocadillos no son ligeros. Los personajes hablan, todo el rato. Y los cartuchos de texto abundan en citas de poemas y datos diversos.
Esos son los aspectos más pesados de la obra. El resto es pura diversión, de la buena. Hay capas y capas de talento y buena construcción. Por un lado es una historia llena de enigmas, misterios que resolver, no en vano es un fenomenal homenaje a Sherlock Holmes. Una investigación que se inicia cuando el protagonista vuelve al pueblo para interesarse por la muerte-suicidio de su hermano. Luego, a ese primer nivel se van sumando otros, del drama social a la novela negra. No sólo se denuncian las injusticias y las desigualdades de ese mundo, con claros homenajes al Londres de Doré y Dickens. También se habla de la corrupción conectada con los negocios inmobiliarios y los sobornos. Y de la política como un juego tremendo donde todo vale, de la tortura al terrorismo de estado, o lo que sea.
Lo mejor es la minuciosa construcción del personaje de Stamford. Se describen sus tensas relaciones con sus compañeros policías y sus jefes. Su divorcio y el affair con la viuda de su hermano. Tiene un hijo que parece un joven nazi y con el que no se lleva nada bien. Lo vemos pasearse por grandes salones y chabolas miserables, por prostíbulos y tabernas. Muy gratificante resulta la escena final, donde se reúne en un pub con el escaso grupo de amigos y colaboradores que le han acompañado o se han cruzado con él en sus aventuras. Entre ellos sobresale ese científico que tanto nos recuerda a Q, el de los inventos de James Bond, que juega un importante papel en el desenlace. Ayuda y mucho a aportar profundidad al protagonista esa relación distante con el hermano. En realidad, es la base del tebeo ¿Quién era?, ¿a qué se dedicaba? La secuencia en que se revela la terrible verdad es demoledora, una gran demostración de talento por parte de Talbot.
Esta es una obra mayor, llena de detalles inteligentes y satisfactorios, que van desvelando un personaje complejo y cargado de matices. Talbot enseña, con sutileza y precisión, sus distintos yoes, del social al más oculto y personal. Stamford Hawksmoor tiene aspecto de águila, pero al acabar la lectura lo sentimos como absolutamente humano, un amigo a quien hemos acompañado en sus desventuras y decepciones, un tipo duro que consigue sobrevivir ante los enemigos más despiadados. El autor equilibra las escenas más aventureras, la lucha contra los malos, con otros tropiezos más íntimos, como son la frustrante relación con el hijo o el fallido (y, sin embargo, dulce) romance con la secretaria. Hay una gran galería de secundarios que aportan color al trabajo y también ayudan a redondear la personalidad del protagonista. No se lo pierdan.

