viernes, 11 de marzo de 2011

Chico y Rita. Mariscal y Trueba

CINE, CÓMIC Y TODO LO DEMÁS

Chico y Rita
Mariscal y Trueba
Sins Entido. Madrid, 2010
210 páginas, 22 euros

La pasada edición de los Premios Goya nos recordó la relación establecida este año entre el séptimo arte y el llamado noveno, los comics o tebeos. El Gran Vázquez, que narraba las andanzas del conocido dibujante de quien recientemente se reeditaba su Familia Cebolleta, se colaba en la categoría de Actor de reparto. Como todos ustedes sabrán, no fue Álex Angulo el que conquistó dicho galardón sino Karra Elejalde. María y yo, dirigida por Félix Fernández de Castro e inspirada en el comic de Gallardo del mismo título, aspiraba al premio al mejor Documental, hasta que Maragall se cruzó en su camino. Finalmente, Chico y Rita, la película creada por F. Trueba, J. Mariscal y A. Errando, era galardonada como mejor film de animación del año.

En este último caso la relación con el cómic se produce al revés. Una vez producida la obra y antes de llegar a nuestras pantallas, grandes y pequeñas, se adelanta su adaptación como novela gráfica. Algo que no sorprenderá a los seguidores de Mariscal, un talento multidisciplinar que siempre ha coqueteado con el medio. También con la animación, que ha estado presente en su carrera en forma de series de dibujos, como aquella de Cobi, donde pudo contratar a algunos de sus colegas de El Víbora. Como Mediavilla o Gallardo, que aseguraba sentirse feliz porque uno de sus amigos había triunfado. Luego vinieron algunos videoclips y de una manera natural todos esperábamos que concluyese realizando un largo. Finalmente ahí lo tenemos, de la mano de Fernando Trueba con quien ya había colaborado con una espléndida gráfica para Lágrimas negras y Estudio 54. Ambos confluyen en una temática que parece obsesionarlos, esa música afrocubana de los 50 y su pervivencia en la actualidad.

Chico y Rita, al menos en su adaptación como historieta, no es tanto una obra de autor como de estudio. En los créditos podemos asomarnos al largo listado de artesanos que firman su dibujo y color. Aunque todo nos remite a los clásicos mundos de Mariscal que asoman incluso en la forma de auto-homenaje, como ese accidente que tanto nos recuerda su clásico choque de vehículos, que fue historieta, luego póster y hasta escultura. Sobre esto último puedo contar una anécdota: un alumno me contaba que, trabajando en Spanair, le tocó ayudar como voluntario a los familiares de las víctimas del tristemente célebre accidente de Barajas. Pues bien, en el hotel donde se concentraban se podía ver una versión de esta imagen que, en aquel contexto, resultaba dramáticamente inaceptable. Casualidades de la vida y el arte.

En general el tebeo resulta demasiado contenido. La gama cromática carga con esa oscuridad que de alguna forma acompaña siempre al color digital. Todo está realizado con cuidado y gusto pero el argumento no consigue despegar. Ya hemos visto en demasiadas ocasiones esta historia de éxito y fracaso, de amores y abandonos, esos eternos conflictos que protagonizan la vida de tantos músicos. Hay muchas secuencias musicales y de persecución que, me imagino, quedarán muy bien en la gran pantalla. Pero en la página impresa, cada vez que leemos el plan-plan-clin-clan del piano resulta más bien ridículo. En fin, no es una novela gráfica indigna, pero tampoco despierta mi entusiasmo, oscilando entre lo previsible y lo monótono, con unos personajes que no llegan a construirse como tales, arquetípicos en exceso. Confiemos en que su versión en movimiento sea algo mejor.

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