jueves, 9 de octubre de 2008

GILBERT SHELTON - CASAL SOLLERIC

Gilbert Shelton - Exposición Casal Solleric - Palma 2008

YO ESTUVE ALLÍ ASÍ QUE PROBABLEMENTE NO RECUERDE NADA


Ese es el lema que Gilbert Shelton incluye en una página donde nos explica su actual vida en la campiña francesa. Allí el antiguo cronista del fenómeno hippie se autorretrata como un hacendado que defiende su propiedad, armado con una contundente escopeta. Al fondo, su mujer arregla un gigantesco seto. Es una broma, una más en una vida dedicada al noble arte de hacer reír. Les aseguro que su memoria es muy buena. Su asistencia a la inauguración de la muestra que se le ha dedicado en Palma nos sirve de excusa para hablar de uno de los padres fundadores del comic underground: el comix.


Cartel de "Freak out" - Exposición sobre el arte de Gilbert Shelton en el Casal Solleric. Comisario: Florentino Flórez
EN LA CARRETERA
Gilbert confesaba el impacto que sobre su generación tuvo el clásico de Kerouac. Quizás es una de las razones que le impulsaron a llevar una vida tan agitada. Natural de Texas, el empleo de su padre hizo que su familia se trasladara de un lado a otro. Ya en la Universidad, continuó desplazándose y pronto lo encontramos en Nueva York, donde consigue su primer empleo en una revista de coches. Esa pasión no le abandona y aparece en su serie sobre consejos automovilísticos, sus serigrafías y, por supuesto, en las aventuras de sus personajes, de los Freak Brothers a los Not Quite Dead.

Esa primera ocupación no le dura mucho y vuelve a la universidad. Será en una revista universitaria donde nacerá su primer héroe popular: Superserdo, parodia salvaje de los superhéroes y la policía, con un Shelton todavía muy crudo de dibujo. Su personaje le llevará de una publicación a otra y le servirá para darse a conocer, practicar y pulir su estilo. Continúa desplazándose, primero a California, luego de vuelta a Nueva York y a Texas. Por el camino se pone a dibujar carteles psicodélicos, como los que había visto en su paso por el oeste. Finalmente vuelve a California a principios de los setenta y allí se queda.

Con unos colegas y la intención de imprimir carteles para conciertos funda Rip Off Press. Pronto comprueban que los comics daban más pasta que los posters. Sobre todo aquellos protagonizados por las creaciones de Crumb y por sus propios personajes, los Freak Brothers, tres sujetos sin oficio conocido que sobreviven como pueden. Tendemos a interpretarlos como una crónica del movimiento hippie, pero su autor insiste en que cuando el llegó a San Francisco los hippies ya se habían ido y que tan sólo dibuja algo muy tradicional: chistes de borrachos. Eso sí, añadiendo a las botellas toda clase de estupefacientes.

La serie funciona tan bien que busca colaboradores que le permitan atender la creciente demanda. Destacan Sheridan primero y Mavrides más tarde. Shelton afirma que no había una división clara del trabajo, no tenían reglas. “Sólo buscaba trabajar con dibujantes mejores que yo. Fumábamos mucha marihuana y trabajábamos muchas horas seguidas”.
Gilbert Shelton art- Exhibition & Catalog  Casal Solleric - Palma 2008

Es a principios de los setenta cuando se inventa al gato de Fat Freddy, un personaje que podría recordar al de su amigo Crumb. “Mi gato está inspirado en Cicero’s Cat, un tebeo muy antiguo, con un gato de rasgos humanos. Crumb decía que el modelo para Fritz fue el gato de su familia. El Gato de Fat Freddy apareció primero, en Los Angeles Free Press, en 1970. Era para completar el formato de la página del periódico”.

Pronto los Freaks popularizan expresiones como “es más fácil vivir con drogas y sin dinero, que con dinero y sin drogas”. Shelton todavía sonríe cuando se la recuerdan. “Es verdad. Pero no es mía, la oí en la calle”.

Toca de vez en cuando y su pasión por la música le ha llevado a crear un nuevo grupo, los Not Quite Dead. “Sí, yo prefiero la música de los 50, la de mi juventud: Be-Bop, jazz y rock&roll. La escucho mientras trabajo. Crumb dice que no, que hay que escuchar con las dos orejas. A él no le gusta nada de después del año 36”. Cuando comparamos sus músicos con los Freak, echamos en falta la marcada personalidad que caracteriza a estos últimos. Sus músicos fracasados no se distinguen tan claramente. “Es difícil porque son seis. Pero no son muy diferentes de los Freak Brothers. Es un tebeo humorístico, cambia el tema: es la música rock, no hay marihuana”.

A sus casi setenta años el maestro sigue en plena forma, a punto de terminar un álbum y otros proyectos en mente. Mantiene además ese buen humor que se filtra a través de toda su obra y que transmite en la distancia corta. Le preguntamos por su buen carácter, que contrasta con el mal rollo de algunos de sus colegas. “No sé porqué, pero yo soy optimista. Crumb es justo lo contrario. Como Chris Ware, muy depresivo”. En realidad, gran parte de la segunda oleada underground se caracterizaba por ese tono depresivo: Burns, Clowes y compañía. “No sé. Yo creo que es la influencia de Robert Crumb. Me gustan mucho sus dibujos, pero su influencia sobre los demás no ha sido positiva. Cuando los otros hacen autobiografía no son tan buenos. El estilo de Crumb es humorístico, pero no sus contenidos, es muy negativo”.

Gilbert Shelton art- Exhibition & Catalog  Casal Solleric - Palma 2008
RAÍCES PERDIDAS
El afán viajero de Shelton le llevó a Barcelona a principios de los ochenta, donde participó en la creación de el Víbora y se codeó con los que entonces eran jóvenes promesas: Martí, Max, Gallardo, Nazario y compañía. Finalmente, se instaló en Paris, donde reside en la actualidad.

Cuando la revista The Comics Journal publicó el listado de los 100 mejores comics de la historia incluyó La vuelta al mundo de los Freak Brothers. Shelton se ríe cuando le pedimos su opinión al respecto. “Me cae bien Gary Groth, el editor de TCJ, porque es muy peleón. Pero esa lista era una tontería. Perdí la cuenta de los comics de los Hernández que incluía”. Conviene aclarar que Groth edita el trabajo de estos hermanos. La cuestión es, si Shelton no piensa que La vuelta al mundo sea su mejor trabajo, entonces ¿cual? No duda en señalar Grass roots (Raíces de Hierba).

Sin duda es una de sus obras maestras, una cómica descripción de las fantasías y las decepciones de una generación. Shelton muestra el sueño hippie en todo su esplendor, pero también su cara más fea, el fracaso de la comuna, la imposibilidad de llevar una vida más libre, el desastre de las utopías cuando intentan volverse reales.

Gilbert Shelton - Freak out.
Lamentablemente no incluyó ninguna página de este trabajo en su exposición y yo daba por supuesto que se debía a que no deseaba mostrar planchas realizadas en colaboración con otros autores, en este caso Sheridan. Pero la razón es un poco más complicada. Hace ya tiempo que Shelton tiene otras fuentes de financiación, además de la venta directa de sus tebeos. La más conocida es la cesión de derechos para la adaptación cinematográfica de sus historias. Ya lo ha hecho en innumerables ocasiones, obteniendo pingües beneficios con ese negocio y sin que hasta el día de hoy se haya hecho realidad ninguna de esos proyectos.

Pero también ha vendido parte de sus originales. Y eso es lo que pasó con Grasss roots. El comprador no fue cualquiera, sino Kevin Eastman, el co-creador de las Tortugas Ninja. Como sabrán, se hizo multimillonario con sus extraños quelonios; su dinero le permitió concederse ciertos caprichos, entre los que se cuenta la adquisición de originales entre los colegas a los que admiraba. Shelton era uno de ellos y le vendió Grass Roots completo, suponemos que a buen precio. Las planchas fueron a parar al museo que Eastman montó en Northampton, Massachusetts: The Words and Pictures Museum of Fine Sequential Art. Cuando su fortuna cambió, se vio obligado a subastar parte de sus piezas. Shelton supo que su historia encontró un nuevo comprador a través de Sothebys y poco más. Ignora quién es su actual propietario. Una pena, ya que lo cuento entre los diez mejores tebeos del siglo XX. Repásenlo y verán.
Y, por supuesto, no se pierdan su exposición en el Solleric. Si ya admiraban al Shelton narrador, sin duda les permitirá descubrir al excelente y expresivo dibujante que es. Tienen hasta noviembre.
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viernes, 8 de junio de 2007

EXPOSICIÓN DE ANA MIRALLES

Catálogo de la Exposición del arte de Ana Miralles: A  flor de piel, en el Casal Solleric de Palma.

A FLOR DE PIEL. Las historietas de Ana Miralles.

Casal Solleric. 
Ayuntamiento de Palma, Mayo-Junio 2007.

Ana Miralles es una dibujante muy popular en el mercado franco-belga y casi una desconocida en España, su país de origen. Poseedora de un dibujo elegante, tan firme como clásico y sensual, no ha temido adentrarse en las más variadas geografías humanas. Ha viajado con sus historietas a Brasil, África o Turquía y ha ayudado a construir con sus imágenes nuevos arquetipos femeninos. Ahora tenemos una oportunidad única de conocerla un poco mejor.

Esta valenciana nacida en Madrid se inició en el mundo de la historieta en los agitados tiempos de la transición, cuando en revistas de breve vida se fogueaban los autores que iban a renovar el panorama comiquero español. Estuvo en Rambla, también en Madriz y finalmente en Cairo. Por supuesto, también pasó su particular vía crucis por fanzines y periódicos, además de afinar su talento en ilustraciones para diferentes encargos. Esa primera Ana se caracteriza por la variedad de técnicas empleadas y sus peculiares cinetismos, su insistencia en el movimiento y la fugacidad. Y por la calidad y seguridad de un dibujo que, casi desde el principio, se afirma con rotundidad en la plancha y basa su firmeza en un dominio absoluto de la figura humana.

Exposición del arte de Ana Miralles: A  flor de piel, en el Casal Solleric de Palma.
Antonio Segura ya era un guionista consagrado cuando inicia su colaboración con ella, aunque quizás no muy respetado. Segura cubría el hueco dejado por artesanos anteriores. Colaborando con clásicos como Ortiz, Bermejo o Bernet, desarrollaba series cargadas de referencias a la serie B, con argumentos siempre entretenidos pero no especialmente innovadores. El modelo que él representa le aproximaba a las costas de la comercialidad, territorio que muchos autores parecían temer y del que se alejaban espantando a las masas con argumentos imposibles.

Ana deseaba profesionalizarse, así que aceptó dibujar Marruecos mon amour, un primer intento que apareció por entregas en el Cairo y que nunca se ha reeditado. Antes de iniciar una segunda saga con Antonio, un editor se cruzó en su camino, lanzándole un desafío. Iban a publicar una colección erótica pero suponía que ella no se atrevería a dibujar un tebeo subido de tono. Emilio Ruiz, compañero de Ana, se encargó del guión y pronto El brillo de una mirada vio la luz. Primero en una edición a lápiz y luego en una segunda versión a color. Con este atrevimiento Ana se situó en el mapa: era la valenciana que dibujaba bien y que no temía abordar los temas más osados.

Catálogo de la Exposición del arte de Ana Miralles: A  flor de piel, en el Casal Solleric de Palma. Como su siguiente colaboración con Segura vendría a demostrar. Con Eva Medusa accedieron al mercado francés, consiguiendo un contrato con Glénat. Una saga formada por tres álbumes, que gira en torno a la maldición familiar que padece su protagonista, una niña inocente. Es poseída por un ente que la transforma en una femme fatale, capaz de acostarse hasta con su propio padre. Eva Medusa asegura tal placer a los hombres con los que yace que luego estos quedan impotentes, son incapaces de hacer el amor con otras hembras. Esa habilidad no asegura muchas amistades a la bella muchacha.

Catálogo de la Exposición del arte de Ana Miralles: A  flor de piel, en el Casal Solleric de Palma.
Aunque la serie arrancó muy bien, padecieron algunos caprichos editoriales que les llevaron a concluir estas aventuras de forma precipitada en el tercer volumen. A pesar de todo, desarrollaron otra colaboración con la editorial, de nuevo con guión de Emilio Ruiz. Se trataba de una adaptación de En busca del Unicornio, una novela escrita por Juan Eslava Galán, que había ganado un Premio Planeta. Es un viaje al siglo XV, en el que acompañamos a unos expedicionarios a África, a la caza del mítico unicornio, que finalmente resulta ser un rinoceronte. La aventura es un desastre y las penalidades se suceden miserablemente a lo largo de tres álbumes. En lo formal, Ana refina su trazo, alcanzando su plenitud artística con un dibujo que consigue recordarnos a uno de los grandes modelos clásicos, Hal Foster.

Tiene ocasión de poner a prueba sus habilidades en su siguiente encargo, que continua en la actualidad. Contacta con Jean Dufaux, uno de los guionistas más prolíficos del mercado franco-belga, y éste le propone una serie ambientada en Turquía, una aproximación a una de esas fantasías orientales que desde aquí observamos con curiosidad y delectación: el harén. Djinn es su llave de acceso a Bruselas. Y es que, aunque normalmente asumimos que Francia es el centro del universo, para Ana la sensación de equipo llega con sus editores belgas. La sección belga de Dargaud le ofrece un trato en condiciones y un control casi absoluto sobre su creación. El primer álbum de Djinn ve la luz en 2002 y desde entonces ha procurado mantener su ritmo de un volumen por año. Por supuesto, ella se encarga tanto del dibujo como del color, que no es un elemento menor en su obra.

Exposición del arte de Ana Miralles: A  flor de piel, en el Casal Solleric de Palma.
Como decía al inicio, a pesar de su demostrada calidad y de que ha sido editada con regularidad en España, apenas es conocida ni mencionada en los medios. Que una mujer joven como ella lleve tantos años trabajando para uno de los mercados más exigentes del mundo, codeándose con la élite del comic europeo, ya es en sí una noticia. No es el único caso en el que ignoramos las virtudes de uno de nuestros creadores, simplemente porque no se ajustan a los parámetros estéticos que el ideólogo de turno ha establecido como adecuados. Ana practica un realismo que profundiza en algunos de los problemas claves del medio, como es la plasmación visual de pasiones y sentimientos. Por el camino resuelve todos esos aspectos que en un enfoque naturalista se dan por supuestos y que no son sencillos en absoluto, de la anatomía a la perspectiva pasando por la ambientación y otros.

Es una de las grandes, como podrán comprobar si echan un vistazo a su exposición en el Solleric.

(Puedes leer este artículo completo en El Wendigo nº 109)
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viernes, 4 de noviembre de 2005

LOBO SOLITARIO Y SU CACHORRO

Planeta DeAgostini.
Barcelona, 2005

EN EL NOMBRE DEL PADRE... Y DEL HIJO


Estos días finalizaba en nuestro país la publicación de este clásico japonés de Kazuo Koike y Goseki Kojima, que hemos podido disfrutar a lo largo de los dos últimos años. Aunque ya lo había comentado con anterioridad, su calidad es tal que me siento obligado a dedicarle un último artículo, con motivo de su conclusión.


De su dibujo vigoroso y expresivo poco más puedo añadir, así como de la rotunda estructura de sus argumentos o la fuerza de sus personajes, tanto protagonistas como secundarios. Su revisión de la figura y creencias del samurai es absorbente y llena de convicción. Muchas pasiones desfilan por la serie, del deseo a la ambición, la gula o la codicia; también virtudes, especialmente la serenidad ante la injusticia y la fidelidad a unos pocos principios rectores. Lobo solitario ofrece un vistazo intenso a las facetas más oscuras del ser humano, pero también a su lado más brillante, con ese protagonista que encarna las reglas del bushido, que se atiene al código del samurai.

Lobo es por definición el clásico héroe solitario, que estamos cansados de ver en tantos westerns memorables y que tan sabiamente actualizó Frankenheimer en Ronin, es también el Spencer Tracy de Vencedores y vencidos, el Wayne de El hombre tranquilo o Eastwood en cualquiera de sus películas. Figuras trágicas, impopulares, más atentas a sus principios que a las consecuencias sociales de sus actos.

Pero hay algo más, tan evidente que casi pasa desapercibido, como es la relación entre los dos protagonistas que nombran la serie. Por muy fascinante que resulte el personaje del padre, el lector pronto comprueba que algunos de los episodios más atractivos están protagonizados por ese niño que, como se nos repite insistentemente, ha abrazado el vacío. De alguna forma los autores consiguen que esa criatura, que se atiene desde muy pequeño a la austeridad y frialdad características del samurai, no resulte sin embargo carente de emociones. Emociones que parecen estallar en ese último episodio, en el que el niño debe cuidar y hasta lamer las heridas de su padre. Resulta memorable ese parlamento que el lobo dedica a su cachorro en el que le expresa su amor a través de los ciclos interminables de la reencarnación. "Nosotros seremos padre e hijo eternamente", le dice. Es un amor que trasciende la muerte y perdura en nuestra memoria. Amen.
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