viernes, 17 de febrero de 2017

JULIETTE, LOS FANTASMAS REGRESAN EN PRIMAVERA de JOURDY

Ediciones La Cúpula, 2016.
244 páginas, 30 euros.


MILES DE CUERPOS FLOTANTES
Rosalie Blum, el anterior trabajo de la autora francesa Camille Jourdy, fue adaptada al cine en 2015. Ahora nos llega su nueva obra, Juliette.


Aunque la depresiva y lánguida protagonista da título a esta novela gráfica, no se dejen engañar, la narración no se centra en un único personaje sino que salta con alegría de uno a otro, acumulando un nutrido elenco de secundarios. No sólo la hermana y los padres de Juliette, también su aspirante a novio y todo su entorno, ese microuniverso focalizado en un cutre bar de pueblo, con todas las miserias y alegrías habituales en tales antros. Juliette es una obra coral y también anticlimática.

Los héroes no tienen eso que las guías llaman “trayectoria”, tan solo deambulan por el relato intentando meter la pata lo menos posible. Más que de aprendizaje se trata de memoria, de recordar cosas sabidas y olvidadas. Se completan unos recorridos y al final del trayecto se vuelve (o se intenta volver) al punto de partida. En ese sentido el trabajo de Jourdy está lleno de agridulces contradicciones. Necesitamos a alguien pero decidimos pasar de él. Queremos una vida y la contraria. Los padres se odian pero al mismo tiempo se aman. La hermana débil resulta fuerte y decidida y la fuerte está llena de debilidades, o algo así.

El mundo descrito por la autora es el hogar al que se vuelve para intentar encontrar un sentido a la propia vida. Pero cuando los secretos se desvelan lo que queda es el afecto y un autoconocimiento que lleva a la aceptación. La parisina vuelve a París y los pueblerinos se quedan en el pueblo y todo es como debería.
Jourdy no sólo escribe con cariño sobre las acciones de sus personajes, también los dibuja con ternura. Su grafismo es contenido y acogedor, con una aproximación casi naif que delata el amor que siente por esos desgraciados. Sus vidas, supuestamente provincianas y desprovistas de interés, se muestran llenas de color y pasión. Las ilustraciones sin línea que salpican el álbum intentan completar ese mural de sensaciones que va levantando la historia, aportan matices y detalles, redondeando nuestra visión del conjunto.

Y todo ello teñido con un humor y una socarronería que engrasan a la perfección la lectura de una narración muy bien desarrollada. El amante que se disfraza para complacer a su querida, la madre artista, el borracho poeta y romántico, todo el repertorio de personajes es peculiar y diferenciado, pero no excéntrico, no se trata de acumular chiflados y brindarnos un circo donde nadie puede reconocerse. Al contrario, sus creaciones son reales, nos sentimos próximos a sus muy cotidianas tragedias: los divorcios, la inminencia del Alzheimer, el olvido y la muerte, el fin del amor, el sinsentido de la vida. Jourdy aborda temas muy profundos. Pero lo hace con sus pequeños dibujos y con un tono ligero y casi casual que nos transporta a un mundo que, sin ser perfecto ni mucho menos, resulta acogedor y familiar. Y nos gustaría quedarnos en él. Puede ser triste y zafio, pero también tierno y tremendamente humano.


Entrevista a Camille Jourdy from videos laletra on Vimeo.
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viernes, 10 de febrero de 2017

EL TESTAMENTO DE WILLIAM S de SENTÉ y JUILLARD

El testamento de William S. de Sente y Juillard - Aventuras de Blake y Mortimer
Norma, 2017.
68 páginas, 16 euros.

DOBLE SHAKESPEARE


Hace ya tiempo que puede considerarse a Yves Sente como uno de los mejores guionistas europeos de la actualidad. Cuando además viene acompañado por André Juillard, la calidad está casi asegurada.


Como en el caso que nos ocupa, un nuevo episodio de Las aventuras de Blake y Mortimer. Ya lo he comentado en anteriores ocasiones: no soy un fan de las historias originales de Jacobs. Creo que era un narrador mediocre que creó un tebeo cargado de textos y de indigesta lectura. Sorprendentemente, con esos mimbres Sente lleva años construyendo comics realmente buenos. Y este no es una excepción. Juillard, como acostumbre, adapta su estilo a la estética Jacobs aportando su fría pero eficaz limpieza. Viene acompañado por el excelente color de Madeleine DeMille, cuyas cálidas gamas adquieren un inusitado protagonismo en los encantadores paisajes.

Quienes hayan leído los anteriores álbumes ya saben a qué atenerse. Un ritmo pausado que viene marcado por la lectura de densos párrafos de texto. En este caso los bocadillos alcanzan un volumen colosal y son muy numerosos. Pese a ello la historia se sigue con interés y no es posible abandonar el libro hasta su conclusión. Guionista y dibujante se esfuerzan por trasladarnos a esa Inglaterra de posguerra, un mundo civilizado donde predominan las buenas maneras y los villanos resultan fuera de lugar, como pirañas en una bañera. Lo cierto es que ese entorno que se reconstruye de manera idílica resulta muy acogedor. Especialmente satisfactorios son los diálogos entre Mortimer y la hija de su vieja amiga, intercambiándose piropos y derrochando amabilidad. ¡Es un gustazo y un verdadero cambio respecto a los diálogos “realistas” con que acostumbran a castigarnos los guionistas!

El testamento de William S. de Sente y Juillard - Aventuras de Blake y Mortimer
Respecto al relato en sí, gira en torno a la figura de Shakespeare, que sirve como excusa para una trepidante aventura. En un palacio veneciano se descubren los restos de un noble que ha dejado explicada en un manuscrito su relación con el escritor. Para esclarecer el misterio deben resolverse algunos enigmas que llevan a nuestros héroes desde la apacible Inglaterra a la bulliciosa Italia.

Por el camino intervienen viejos conocidos como el malvado Olrik y se presentan nuevos secundarios como la maravillosa coleccionista americana Peggy Newgold (¡qué gran nombre!), o el impresionante mayordomo Salman.

No solo la acción en el presente está perfectamente dosificada y explicada, es que además se intercalan con precisión las escenas del pasado y todo lo que se narra sobre Shakespeare es curioso y hasta educativo. Se nos cuenta la vida del gran autor, salpimentándola con una nueva versión que es la base de este álbum. Se trata de explicar cómo un palurdo que vivía en el campo como él pudo acceder a las fuentes clásicas que pueblan y en más de un caso originan sus obras. Paradoja que ha llevado a muchos a negar su autoría y a adjudicársela a otros creadores más nobles. Senté tiene su propia teoría y la desarrolla con amenidad y vigor.

El resultado es un álbum apasionante con componentes de Agatha Christie y también del cine Hitchcock. Hay cuartos con llaves secretas, herencias en juego, logias masónicas, persecuciones a lomos de un Ferrari, gamberros sueltos por el parque y un sinfín de elementos más. No se lo deben perder.
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viernes, 3 de febrero de 2017

TANGUY Y LAVERDURE INTEGRAL 6 de CHARLIER Y JIJÉ

Tanguy y Laverdure. Integral 6 Pelea en el desierto de Charlier y Jijé
Ponent Mon, 2016.
196 páginas, 32 euros.

POR TIERRA, MAR Y AIRE

La política de recuperación de personajes clásicos del tebeo franco-belga nos brindó dos nuevas alegrías en 2016. Dos volúmenes que mejoran nuestro conocimiento de ese genio del comic que fue Joseph Gillain, Jijé.


En 2011 yo saludaba con entusiasmo la publicación de Jerry Spring, uno de los más grandes westerns que se hayan realizado jamás. A los cinco gruesos volúmenes del héroe del Oeste se sumaron después los correspondientes a Tanguy, el piloto de Mirage que había sido inicialmente dibujado por Uderzo. Ya han aparecido dos, siempre con guión de Charlier. El mismo escritor acompañó a Jijé en la que sería su última obra y que recientemente también se ha traducido por aquí.

Se trataba de una aventura de Barbarroja dividida en dos álbumes. Lamentablemente Jijé falleció y no pudo concluirla. Hay casi una década de diferencia entre el integral de Tanguy y el de Barbarroja, pero eso apenas se percibe en su trazo y en la energía que emana de sus viñetas. En ambos casos el autor tuvo que “adaptarse” al estilo de quienes le precedieron. Hubinon, en la clásica serie de piratas, era más contenido y estático y sus planchas se derrumbaban bajo el peso de los textos de Charlier. Digamos que Jijé hace lo que puede para mantener a raya la logorrea de su compañero.

En Tanguy y Laverdure sucedió a un autor mucho más capacitado, por entonces ya totalmente concentrado en su exitoso Asterix. Pero la popularidad de la serie de televisión derivada de los álbumes permitió a Jijé ir imponiendo su estilo al tiempo que aplicaba a los protagonistas los rostros de los actores televisivos, dejando atrás las referencias y el tono marcados por Uderzo.

Tanguy y Laverdure. Integral 6 Pelea en el desierto de Charlier y Jijé
Los dos integrales vienen como es habitual cargados de información y entrevistas.
Muy interesante resulta la dedicada a Benoit, hijo de Jijé. En ella cuenta el viaje al que se lanzaron por México y USA, en un momento en que el autor supuso que los americanos apreciarían su arte. En América coincidió con Goscinny, Franquin y Morris. Al final acabó mandando planchas por correo a Dupuis. También comenta Benoit Gillain la inefable generosidad de su padre, que regaló o traspasó personajes que había creado a otros amigos dibujantes. Muchos se enriquecieron con ellos y Jijé no cobró ni un duro en derechos. Le pasó Spirou a Franquin y también había dibujado El teniente Blueberry antes de cedérselo a un principiante Giraud. Este último ya le había echado una mano en un episodio de Jerry Spring. La posición de Jijé como figura central del comic franco belga ha sido reconocida por muchos de sus colegas y amigos, empezando por el propio Giraud, pero también por Hermann o Mezieres, otro habitual en su casa.

Lo que la combinación Jijé-Charlier nos ofrece es una buena dosis de aventuras. Algo más parsimoniosas en el caso de Barbarroja y trepidantes en Tanguy y Laverdure. Al dibujante no le interesaban los aviones pero se desquitaba en secuencias como las cabalgatas por el desierto. Abundan en una saga que transcurre en un imaginario país árabe con ecos de Jordania. Entretenido, muy aventurero y servido con el trazo de un indiscutible genio. Ya esperamos por el siguiente.
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viernes, 27 de enero de 2017

UNA CHICA DIOR de GOETZINER

Norma Editorial. Barcelona 2016.
152 páginas, 35 euros.

MONSIER DIOR


Annie Goetzinger acaba de publicar un delicioso volumen sobre el mundo de la moda.


Más concretamente sobre Christian Dior, una biografía tan complaciente como encantadora. Todo es elegante y fluido y nos permite redescubrir la mejor versión de una creadora no muy conocida por aquí. En su momento se publicó su versión de Casco de oro pero es mucho más recordada por su colaboración con el recientemente fallecido Víctor Mora. Aunque se asocia a Mora con el género histórico, a través de personajes como El Capitán Trueno, El jabato o El Corsario de Hierro quizás él se sentía más cercano a los superhéroes de lo que podríamos pensar. No olvidemos toda aquella serie de personajes vinculados a la fantasía que creó para Bruguera. Si hay algo en España que se parezca a los universos superheróicos de Marvel o DC son las series que facturó acompañado por un sólido conjunto de dibujantes talentosos y sin miedo a ser diferentes: Supernova, Astromán y Roldán sin miedo. Más tarde llegaría la fallida Tequila Bang y, por supuesto, Felina. Esta última fue dibujada por Goetzinger, que aportaba un toque chic y cargado de referencias art-nouveau a un personaje ambientado en un decadente fin de siglo. Mora tenía la sana voluntad de ofrecer productos populares y aunque aprovechara las historias para transmitir sus ideas, no evitaba recurrir a estereotipos de probada eficacia. Así que algunas de sus chicas podían comportarse como auténticos machotes, usando a sus amantes como toallitas de papel desechables, lo que provocaba sensaciones muy poco habituales.

Como fuera, la Goetzinger contaba con un dibujo estilizado que parecía ablandar los relatos y no guardo un gran recuerdo de aquella serie. Mucho mejor fue su trabajo con Christin, reconocido guionista, colaborador de Mezieres, Bilal y otros. Con él ha dibujado varios álbumes, aunque por aquí sólo se publicó uno: La diva y el Kriegspiel, una sutilísima aproximación al asunto de los colaboracionistas y las problemáticas relaciones entre arte y política. Manteniendo esa peculiar delicadeza de su grafismo, allí la autora parecía ajustarse mejor al relato. Esa excelente obra apareció en la revista Vértigo en los ochenta. Luego alguna historieta suelta en álbumes colectivos y poco más. Me sorprende que no se hayan traducido sus otras colaboraciones con Christin pero imagino que pronto se subsanará ese error.

En todo caso hacía mucho que apenas sabíamos nada de ella y su regreso ha sido a lo grande. No esperen una GRAN historia, pero sí un relato modesto y contenido con una moderna Cenicienta como protagonista, un pequeño vistazo al mundo de la moda realizado con cariño y un gusto por el detalle muy de agradecer. Goetzinger saca sus mejores acuarelas y dibuja con delicadeza algunos trajes hermosísimos, todo tiene un aire como de figurín de modisto, lo cual se ajusta muy bien al tema narrado. Nada chirría ni parece feo y reina una contención que alcanza también al color, que se mueve por tonos lavados, grises y apastelados entre los que saltan algunos matices más saturados.

Midiendo mis palabras me atrevería a decir que las obras de Goetzinger siempre han sido muy femeninas, si entendemos por tal ese estereotipo que asocia a la mujer con la suavidad, la modestia y una estilización que evita las estridencias. Esas características como ya he comentado tendían a ablandar el trabajo de la autora. Sin negar ni intentar corregir sus inclinaciones, lo que se aprecia muy bien en este trabajo es cómo las ajusta a un tema que le resulta especialmente conveniente. Los dibujos de Goetzinger siguen siendo profunda, irremediablemente femeninos, pero ahora nos apetece entrar en sus mundos, disfrutamos deambulando por ellos. Y de paso nos enteramos de algunos aspectos de la vida de Monsieur Dior. ¡Qué bien!
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viernes, 20 de enero de 2017

MEZOLITH de HAGGARTY y BROCKBANK

Mezolith de Ben Haggarty y Adam Brockbank, edita Diabolo Ediciones
Diabolo Ediciones. Madid, 2016.
96 páginas, 17,95 euros.

TOROS, CUERVOS, CISNES Y ABEJAS


Este es el primer comic de dos autores que provienen de otros ámbitos creativos. En él los componentes mitológicos y arqueológicos van de la mano para trasladar al lector a una salvaje era prehistórica.


Esas edades de las que apenas tenemos noticias ya han encendido la imaginación de creadores anteriores, desde que McCay soñara con Gertie el dinosario. Todos recordamos el clásico Alley-Oop, una aproximación humorística al hombre de las cavernas, o el fascinante Rahán, con su cuchillo de marfil y el imponente dibujo de Chéret. Hace poco Max, Pau y Marc Ferré unían sus fuerzas para producir dos álbumes talaióticos, agrupados en La isla de las piedras.

Haggarty, el guionista de Mezolith, vivía como cuentacuentos y sentía una especial predilección por las narraciones primigenias, los relatos más antiguos y que, con variantes, se repiten de una cultura a otra. Él aporta el tema, esas vivencias de un grupo de cazadores mesozoicos, y también el tono, una afortunada mezcla entre el rigor histórico y la reconstrucción de una identidad que enmarca los sucesos cotidianos en una lógica trascendente, mágica.

Muchos de los animales a los que deben enfrentarse son divinizados, contemplados con un respeto religioso y trasladados a un mundo legendario que se entremezcla hasta confundirse con esa constante lucha por la supervivencia. Sentimos la fuerza del conjunto, de la tribu a la que se desea pertenecer, pero también la aparición de sentimientos, emociones y miedos. En el mesozoico se caza y se come, pero también se ama y se obedece a tradiciones y normas ancestrales que jamás deben transgredirse.

Mezolith de Ben Haggarty y Adam Brockbank, edita Diabolo Ediciones
Si la labor del guionista es interesante, quien realmente capta nuestra atención es el dibujante, el extraordinario Brockbank.

Viene del mundo del cine, donde ha trabajado de concept artist en sagas como Harry Potter o StarWars. Su arte es clásico y rotundo y su color digital excelente. Domina la figura humana y presta especial atención a las expresiones. Es de crucial importancia en un comic ambientado en entornos naturales que los fondos actúan como un personaje más. Él lo consigue, con sus paisajes nevados, sus amaneceres y sus contrastes de color. Algo recuerda a Mignola, sobre todo el gusto por las luces y sombras muy extremas y los contenidos macabros, pero en general el dibujo brilla por su personalidad y su carácter diferenciado, poco visto.

En un álbum construido a base de episodios como éste es normal que algunos sobresalgan más que otros, pero la media es muy alta. Yo destacaría el de las chicas-cisne, delicadamente dibujado y coloreado y con ese toque de crueldad que siempre se espera de las narraciones primigenias, que apenas consiguen esconder su contenido sacrificial. En muchos capítulos se juega con la oposición entre las criaturas terrestres y las aladas, esos cisnes, abejas o cuervos que se elevan sobre los problemas cotidianos y en ocasiones se acercan a juguetear con los humanos. Otros cuentos proponen historias más terroríficas, como la del bebé gigante y violeta, o la del niño-cuervo. A pesar de la dureza que caracterizaba esas épocas, los autores evitan las truculencias, construyendo un relato apto para todos los públicos y que tiene un indudable valor cultural y pedagógico, además de sus evidentes virtudes estéticas.

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viernes, 13 de enero de 2017

LOS BUENOS VERANOS de ZIDROU y LAFEBRE

Los buenos veranos de Zidrou y Jordi Lafebre, edita Norma
Norma Editorial. Barcelona, 2016.
56 páginas, 16 euros.

VERANOS CON NIÑOS


El guionista belga Zidrou lleva años colaborando con diversos autores españoles. Se acaba de publicar el segundo álbum de Los buenos veranos, primorosamente dibujado por Jordi Lafebre.


Creo que lo primero que impacta es el dibujo, muy expresivo y en esa onda deudora de la estética de los dibujos animados, pero sin pasarse. Guarnido lo puso de moda en Blacksad y son legión quienes intentan imitarlo. Pero los comics no son películas y el énfasis constante acaba liquidando la atención del lector más paciente. Cuando no se nos permite un plano de descanso, unas viñetas con encuadres normales y sin angulaciones, nuestro cerebro acaba saturado debido a la importancia que al parecer tienen todas las escenas, hasta que al final nada parece relevante.

Y son muchos los autores emergentes que cometen ese error. Lafebre sabe cómo dosificarse y además cuenta con un dibujo muy interesado por las emociones y la humanidad de sus personajes. Y que además remata con un color envolvente y climático. Los álbumes describen diferentes veranos de una familia belga, 1973 en el primero y 1969 en el segundo. En ambos pasamos de la fría y lluviosa Bélgica al cálido y luminoso sur de Francia. En el primer caso recalan en un río y en el segundo consiguen llegar hasta una recóndita y encantadora cala. En todo momento el dibujante resuelve con precisión el problema del color, que ayuda y mucho a describir los sentimientos y emociones que embargan a los protagonistas. El verano puede ser un especio de felicidad pero eso no evita las disputas, las frustraciones y hasta el drama.

La familia no baja hasta España porque el padre del protagonista es un republicano exiliado que no permite que su hijo vaya a pasar las vacaciones a una dictadura. La política no tiene apenas presencia en una serie en la que predominan las emociones cercanas y universales, pero el abuelo sirve como excusa para un buen gag cuando le regalan un mastín que se encuentran por el camino, al que bautizan como Franco. Se citan otros hechos históricos, como la llegada del hombre a la Luna, pero siempre como telón de fondo de unas aventuras en las que prima la nostalgia por un tiempo de felicidad absoluta, la infancia, y los matices que alejan a los adultos de esa plenitud, los sueños rotos y las esperanzas frustradas, también el amor que se apaga.

El padre protagonista es un dibujante de historietas que tiene un proyecto demencial sobre un vaquero con cuatro brazos. La saga nos muestra su fracaso y cómo intenta sobrevivir a él, creando nuevos personajes. Es una figura encantadora, despistado y soñador y que ama profundamente a su familia. A su lado, su mujer apoya sus fantasías pero hay momentos en los que desfallece y se deja atrapar por una angustia vital que la aleja progresivamente del marido. Como fondo, un surtido ejército de niños, todos ellos bien diferenciados, que arrastran a sus padres a sus mundos de fantasía. Juntos sueñan que vuelan, hablan con ardillas fantasmas y se lo pasan bomba. El mundo que describe Zidrou resultara muy familiar a todos aquellos que tengan la fortuna de contar con niños pequeños cerca. Su inagotable energía, su mirada limpia y confiada, su eterna ternura son el mejor antídoto para cualquier mal.

Así que son estos dos álbumes extraños y fuera de lugar. A la narración le conviene más el drama y los momentos angustiosos, la felicidad es aburrida y anticlimática. Pero Zidrou no parece estar de acuerdo y aunque a su obra no le faltan algunos apuntes de tristeza, abundan más las secuencias que se desarrollan entre copas tras una espléndida comida, baños al atardecer, bromas entre hermanos, la sensación del sol calentando la piel o la exploración de entornos naturales donde nos gustaría quedarnos a vivir. Un verdadero mapa de la felicidad.
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viernes, 6 de enero de 2017

LOS HIJOS DEL TOPO. 1 CAÍN de JODOROWSKY y LADRÖNN

Hijos del topo. 1. Caín de Jodorowsky y Landrönn
Reservoir Books. Barcelona, 2016.
64 páginas, 17,90 euros.

LA MARCA DE CAÍN
A finales de los setenta, se recuperaron dos películas de Arrabal y Jodorowsky que habían estado prohibidas hasta ese momento. Tuve ocasión de ver y flipar bastante con la de Arrabal. Tanto que nunca llegué a ver El Topo, la cinta de Jodorowsky.


Años más tarde fui con un conocido a ver Santa Sangre. Aunque luego muchos me han recomendado vivamente esa obra, mi amigo no la soportó así que nos largamos de la sala a mitad de la proyección, algo que no he hecho ni con Rivette, que ya es decir.

Así pues, soy casi completamente virgen en cuanto a la filmografía del creador chileno. Por supuesto, conozco bastante bien sus comics, lo invitamos en dos ocasiones a Gijón y he podido discutir con algunos de sus colaboradores como Bess o Moebius sus peculiares y controvertidos métodos de trabajo. También he leído alguno de sus libros aunque su rollo de santón no me interesa. Sin embargo sus comics sí. Por razones que no alcanzo a comprender.

Jodorowsky ha sabido rodearse de grandes dibujantes que sin duda realzan sus textos. Pero, pese a quien pese, de alguna forma su universo es intransferible y diferenciado y consigue sobrevivir a artistas menores. Ahora nos brinda la continuación de El Topo. Según explica en la introducción tenía preparado ese guión desde que la película original empezó a cosechar cierto éxito en el cine X donde fue estrenada. Pero nadie se interesó por ese argumento o no lo suficiente como para reunir el dinero necesario para poner en marcha una película. Muchos años más tarde un dibujante la adapta al comic, conservando una indudable estética fílmica, apreciable sobre todo en el abundante empleo de viñetas panorámicas.
No es la primera vez que el chileno guarda y recicla guiones descartados. Bess comentaba que El lama blanco había partido de uno de esos argumentos que nadie deseaba filmar, una versión de los libros de Lobsang Rampa. Su frustrada adaptación de Dune ha hecho correr ríos de tinta y él la recuerda con detalle siempre que tiene ocasión.

Lo que Jodorowsky nos ofrece en este retorno al Topo es más de lo mismo. Religiosidad y crueldad extremas, ambición y generosidad sin límites, pureza y lujuria, nihilismo y sincretismo… De alguna forma son los elementos que habitualmente aparecen en sus obras. La eterna lucha entre padres e hijos y la agonía interior de todo humano que se debate entre el bien y el mal, si es que tales conceptos todavía significan algo. Sus personajes continuamente se desplazan, no solo de un lugar a otro sino de un territorio moral al opuesto, abundan los malos que devienen santos y los santos que cometen maldades.

Hijos del topo. 1. Caín de Jodorowsky y Landrönn
Nadie construye un relato a partir de tal densidad simbólica, todas las guías de escritura lo desaconsejan. Se trata de ocultar el sermón, centrarse en la acción y transmitir la menor cantidad de ideas posibles. “Las películas son entretenimiento, Western Union se encarga de repartir los mensajes” decía Samuel Goldwyn. Jodorowsky no está de acuerdo y se pone a soltar sus peroratas desde la viñeta uno. Cual sea su mensaje o de qué intenta convencernos resulta más discutible. Pero que tiene muchas cosas que decir es innegable y allá va, lanzando sus dardos contra corruptos, curas hipócritas, gente mediocre y otros miserables. No estamos en un universo reconocible. Si acaso, como ya he dicho, el autor construye su propio mundo, un lugar donde predomina la mezcla y donde los discursos parecen buscar la confusión del público, para obligarle a pensar por sí mismo. Podría ser. O lo contrario. En todo caso, Ladrönn es un extraordinario dibujante y aquí realiza un trabajo genial.
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viernes, 30 de diciembre de 2016

PARACUELLOS 7. HOMBRES DEL MAÑANA de GIMÉNEZ

Hombres del mañana de Carlos Giménez. Edita Reservoir Books. Comic huérfanos
Reservoir Books. Barcelona, 2016.
76 páginas, 17,90 euros.

...LLENOS DE FE Y DE ILUSIÓN

Carlos Giménez alcanza el séptimo tomo de Paracuellos, una gran noticia sobre todo tras leer su trabajo anterior, un testamento siniestro, una amarga despedida que parecía anunciar su retirada del medio.


Afortunadamente no ha sido así y ahora recupera una de sus series más populares, aquella que nos hizo seguirlo y admirarlo, que nos emocionó por su contenido y nos impactó por su precisa puesta en escena.

Mucho antes de que nadie hablara de “memoria histórica” Giménez nos desveló la suya, que por personal consiguió ser universal. Y, si había una intención política detrás de aquellos recuerdos, iban por delante los aspectos humanos, dar testimonio del sufrimiento de unas víctimas perfectas, unos niños brutalizados sin razón ni necesidad y cuyo dolor muchos sentimos como propio.

Durante años Giménez contó sus desgracias y las de sus compañeros en una catarsis colectiva a la que como lectores fuimos invitados y que fascinaba por la precisión con que conseguía acercarse a aquellas criaturas con las que resultaba sencillo identificarse. Hubo quien le acusó de sentimental, echándole en cara que su trabajo fuera tan popular. No en vano muchos han preferido siempre la exquisitez de lo minoritario, la diferencia que permite a unos pocos sentirse superiores.

Luego llegó la continuación de aquellas memorias en Barrio, otra gran serie que ha retomado, siempre con fortuna. Su vida como profesional quizás no constituyó un relato tan emotivo ni profundo, pero no estaba exenta de interés. Sumen a todo ello una larga lista de obras maestras como Hom, Sabor a menta, Primer amorGiménez es EL dibujante.

Si hay que seleccionar a un autor que represente lo mejor del comic español, debe citarse su nombre, sin duda. Durante años nadie se le acercaba en el terreno de la narrativa, nadie tenía su sentido de la estructura visual, de la interacción entre imágenes y textos, nadie tampoco su capacidad para crear personajes humanos, creíbles, con los que podíamos empatizar, por los que nos preocupábamos y cuyas vidas eran más reales que las nuestras. Es uno de los grandes y no debemos nunca olvidarlo.

Hombres del mañana de Carlos Giménez. Edita Reservoir Books. Comic huerfanos
Pero, pese a ello, sus últimas obras habían sido muy decepcionantes. Empiezo a contar desde 36-39. Malos tiempos, su tetralogía dedicada a la Guerra Civil.

Alguien que como él siempre había ofrecido una versión muy creíble de la realidad nos sorprendía con un relato de buenos y malos, una aproximación maniquea en la que se daban pelos y señales cuando los verdugos eran fachas mientras que los muertos parecían caer del cielo cuando sus asesinos eran de izquierdas. En alguien que ha convertido Paracuellos en una marca personal sorprende esta doble vara de medir, esta desmemoria por un lado y esa precisión por el otro. Desde entonces todo ha ido de mal en peor. Dedicó cinco álbumes a contarnos la vida de su amigo el dibujante Pepe González. Reconozco que era una crónica muy interesante y vívida de un personaje que sin duda merecía tales esfuerzos. Pero ¡cinco álbumes!
El ritmo, uno de los puntos fuertes del autor, desaparecía devorado por la repetición y la insistencia. Con todo Giménez siempre consigue transmitir la idea de que lo que cuenta es importante y que debemos prestarle atención. Pero llega un momento en que cuesta hacerlo.

Peores son sus otras entregas de estos años. Por un lado la fallida Peste escarlata y por el otro Crisálida, una confesión de un señor de la tercera edad al que ya no le quedan muchas ganas de vivir. Conmueve por su franqueza pero deprime por su insistencia y su (de nuevo) falta de ritmo. Nunca pensamos que acabaría convertido en ese abuelo que nos cuenta batallitas. La afirmación anterior es una crueldad, y el peor Giménez sigue teniendo mucho más interés que casi todo el resto de autores españoles. Pero precisamente por haber sido tan grande, duelen más sus actuales patinazos.

Y así llegamos a Paracuellos 7. Es mejor que sus últimas obras. Creo que no alcanza a sus episodios de hace años, pero no desmerece en el conjunto de la serie y mantiene su capacidad para llevarnos a un mundo de niños, que se comportan como tal y que por eso provocan nuestra compasión. Sus ilusiones, sus esperanzas, sus sueños, son tan infantiles como creíbles y cuando alguien les hace daño también nos lastima a nosotros. Yo creo que en el pasado Giménez no habría dejado pasar algunos diálogos, como el que dedica al padre que vivía en Francia. Pero en general es un gran producto que nos reconcilia con un autor al que siempre hemos admirado y querido.

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