viernes, 25 de febrero de 2011

WILSON de DANIEL CLOWES

"Wilson" de Daniel Clowes, editado por Random House Mondadori
Random House Mondadori. Barcelona, 2010.
80 páginas, 17,90 euros.

¿A QUIÉN LE IMPORTA?



No deja de asombrarme cómo ciertos autores emplean tanto talento para describirnos lo absurdo de nuestra existencia. Si se piensa que la vida es un recorrido azaroso que inevitablemente nos conducirá al fracaso y la desesperación, ¿porqué insistir en ello?


Las razones metafísicas de tal repetición se me escapan. Supongo que se encuentra algún consuelo en arrastrar a los demás hacia tales convicciones. ¡Os lo había dicho, todo es una mierda! Esa es la posición de Clowes, superados sus titubeos iniciales en Eihghtball. ¡Una mierda sin solución! Ya lo dijo bien alto en Como un guante de seda forjado en hierro, donde descubrimos hasta dónde podía llegar. Un tratamiento gráfico excelente para una trama a lo David Lynch que, por supuesto, no iba a ninguna parte. ¡Todo da asco! Continuó repitiendo en sus siguientes entregas, la exitosa Ghost World, la anodina y apocalíptica David Boring o en Ice Haven.

Por el camino, tuvo ocasión de demostrar su habilidad e inconfundible ironía. Mark Schultz lo consideraba el tipo más interesante de su generación y no seré yo quien le contradiga. No puedo olvidar algunos de sus chispazos de genio, como la intensa Caricatura, la divertida Art Schooll Confidencial o Pussey!, donde se burlaba cruelmente de algunos ilustres compañeros de profesión. Todo ello servido con un dibujo preciso y elegante y un empleo muy comedido y eficaz del color.

"Wilson" de Daniel Clowes, editado por Random House Mondadori¡No te esfuerces, el mundo es un infierno! Ahora insiste en sus prédicas y nos brinda un nuevo paradigma aborrecible más. Hace ya tiempo que Clowes evita los personajes con los que el lector pueda identificarse, qué ocurrencia tan antigua. En su lugar se decanta por tipejos despreciables, sociópatas como este Wilson que queda definido en la antológica secuencia del paseo con el perro. Todos los que pasan saludan al animal con un “bonito perro”, sin reacción por parte de Wilson. Hasta que se cruza con uno que, simplemente, no dice nada. “¡Capullo de mierda!” es la airada réplica del héroe.

Clowes salta de un estilo a otro, en un intento de distanciar al lector, de obligarle a recordar que esto es sólo un tebeo de mierda más. Y construye así un retrato a jirones, con fragmentos que sin embargo empujan la historia hacia adelante, donde lo único que permanece estable es el avinagrado carácter el protagonista. A veces llega a parecer humano, pero en general consigue mantenerse a la altura de otros héroes clowesianos. ¿Sentimientos yo?, no sé de qué me habla. Este microuniverso es tan inhóspito y descorazonador que aumenta la eficacia del corrosivo humor que caracteriza al autor. Algunos chistes son antológicos, como el del taxista que deduce qué desea Wilson: “¿Quiere putas?”. “¡Eso es! ¡Ahora lo ha pillado! ¡Estoy buscando a mi ex-mujer!”. O, por supuesto, las bromas con los paquetes de heces. Lo que demuestra, supongo yo, que hasta el averno puede ser divertido.

Clowes es un autor de innegable destreza, pero su insistencia al describir una y otra vez esos infiernos cotidianos acaba siendo insoportablemente repetitiva. Si tiene problemas con su vida y le gusta leer sobre otros que aún están peor que usted, éste es sin duda su tebeo. De mierda, por supuesto.
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viernes, 18 de febrero de 2011

El catálogo de Wood

Esto es lo que Bill Pearson, ayudante de Wally Wood y actual albacea de su legado, opina del catálogo WoodWork:

"I finally finished reading the entire book, and am very impressed by the remarkable research into Wood's career. It seems your author described every professional job the man ever did! This book is definitely the most comprehensive review of Wood's life ever done. My sincere congratulations on a job well done." Leer más...

Tex. Llamas sobre Arizona. Nizzi y de la Fuente.

ABURRIMIENTO TOTAL

Tex. Llamas sobre Arizona
Claudio Nizzi y Víctor de la Fuente.
Aleta Ediciones 2010.
240 páginas, 15 euros

El nombre de Víctor de la Fuente, el grandísimo dibujante asturiano recientemente fallecido, es la razón principal para comprar esta nueva aventura de Tex.

Lamentablemente, no es suficiente. Tex es la serie del oeste más popular en Italia desde hace un montón de años. Cada mes se publican millares de ejemplares con las aventuras de este violento vaquero. En España lo conocimos ya en los setenta y recientemente hubo un intento de reeditar sus peripecias. No duró mucho, pero sí que han continuado apareciendo con cierta regularidad algunos volúmenes especiales en los que reconocidos dibujantes se hacen cargo del personaje. Recordamos con entusiasmo las entregas de Kubert y de Font. Menos interés despertó la participación de Bernet, un artista formidable que en ese caso facturó un tebeo realizado con excesivas prisas.


No tiene mejor fortuna nuestro querido Víctor. Tex no es uno de esos casos en que popularidad y calidad se dan la mano. Antes de que oyéramos hablar del manga y sus estrategias folletinescas para alargar y convertir en complicadas secuencias más bien simples, ya los creadores italianos se las arreglaban para hacer de Tex una serie cargada de escenas innecesariamente estiradas. El posible interés de los guiones quedaba muy diluido en medio de unos desarrollos innecesariamente prolijos y ralentizados.

Esta aventura contiene todos esos ingredientes, corregidos y aumentados, además de algunos más, característicos de la serie y que no sorprenderán a sus seguidores. Como el regodeo con la violencia o las secuencias de tortura. No me malinterpreten, no cuestiono esas escenas por su contenido, personalmente disfruto cada vez que en la serie 24 el gran Jack Bauer, espléndidamente interpretado por Kiefer Sutherland, tiene que sacarle información a algún terrorista, cuando no es él el que recibe alguno de estos tratamientos. Pero ahí esos hechos se presentan en un contexto dramático que los explica, aportándoles sentido. Normalmente hablamos de elecciones terribles, momentos en los que el héroe debe escoger entre sacarle las uñas a un desgraciado o permitir que mueran millares de personas. Un dilema al que no me gustaría enfrentarme. Pero para eso contamos con Bauer.

Lo de Tex no, es mucho más precario y previsible, como un automatismo que nos remite a los despreocupados años en que fue creado el personaje. Como toda la construcción del argumento. ¿Cuántas veces nos han contado esta historia de los pobres indios en su reserva y las trampas de los malvados terratenientes para justificar una intervención militar que los masacre de manera definitiva? En todo caso lo peor no es la premisa argumental sino su puesta en escena, repetitiva, lenta, estirada en exceso y carente de personalidades con un mínimo de interés.

Ante ese panorama poco es lo que puede hacer un Víctor de la Fuente que, además, ya pasaba de los sesenta años cuando realizó este tebeo. Mantiene algunas de las virtudes que le hicieron célebre. Sus acabados son tan expresivos y limpios como siempre, dibuja muy bien los caballos y sus figuras están llenas de vida. Pero su estupenda planificación parece encorsetada y cohibida. En pocas palabras, ni siquiera él podía convertir en pasable un guión rematadamente aburrido.

¿Mi consejo? Olvídense de esto y repasen la reciente reedición de Haxtur. Comprenderán porqué Víctor siempre tendrá un lugar entre los más grandes.
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viernes, 11 de febrero de 2011

Diez historias. Gabi Beltrán y Bartolomé Seguí

PALMA, AÑO I
Diez historias
Gabi Beltrán y Bartolomé Seguí

Coincidiendo con las fiestas de San Sebastián, se otorgaba por primera vez el Premio Ciudad de Palma de Cómic. Los galardonados fueron dos conocidos autores locales.

Atrás quedaban largos meses en los que se discutió el enfoque que debía darse al Premio. Consultados los autores y editores locales, se elaboró un primer borrador que se sometió al escrutinio de un comité presidido por la actual concejala de cultura en el Ayuntamiento, Nanda Ramón, que tuvo la voluntad política y la capacidad de llevar a buen término esta iniciativa. Los proyectos galardonados debían concretarse en un álbum o novela gráfica. Se fijó un mínimo de páginas acabadas a presentar, que ayudaría a separar a los muchachos de los hombres, además de una sinopsis del argumento global de la obra. En Asturias, donde contaban con un premio similar, habían cometido el error de pedir trabajos acabados. ¿Resultado? Dos participantes en una primera convocatoria, mientras que en Palma se ha pasado de los doscientos, una cifra realmente impresionante.


Tras una primera edición en catalán, a cargo del Ayuntamiento, los derechos vuelven al autor que puede así negociar la venta de su trabajo en otros idiomas. Así que el premio es casi una suculenta propina para una obra que puede financiarse además por otras vías. Respecto a la cuantía económica y su comparación con otros medios, me parece una discusión baldía. Hasta hace bien poco hablar de premios dedicados al comic en el ámbito de la cultura en general (no en los ghettos que son los Salones) era casi asunto de ciencia-ficción. Bienvenida sea toda normalización

Llegamos así a la segunda parte del asunto, la respuesta de los autores y su selección. Este año el jurado fue de auténtico lujo, con creadores tan conocidos como Purita Campos, Max o Gallardo. Como ya sabrán Tomeu Seguí y Gabi Beltrán se hicieron con el premio. El primero empieza a convertirse en un habitual de los galardones, ya que recientemente se hacía con el Nacional por Las Serpientes Ciegas. En esa obra era él el que se salía, levantando un guión lleno de trampas y con algunos errores imperdonables. Lleva ya tiempo concluyendo dos nuevos álbumes con el mismo guionista.

Ahora ha formado una extraña pareja en este proyecto inesperado. Pienso en qué le une a Beltrán y se me ocurre que ambos se cuentan entre los dibujantes mallorquines más atractivos. Tomeu con su serenidad a lo Jesucristo Superstar y Gabi con un aire más canalla pero no menos seductor. Seguí transmite tranquilidad y el rigor que se consigue con los años y la práctica constante del dibujo. Su acertada fusión de manualidad y técnicas digitales sin duda le llevará a buen puerto en esta nueva aventura. Está en un punto álgido de su carrera y cada uno de sus trabajos mejora al anterior.

Conocía la intensidad y el frío rigor del grafismo de Beltrán, pero hasta ahora no se había prodigado mucho como guionista. Coincidió con Seguí en un proyecto que puede explicar esta extraña alianza. Me refiero al álbum editado con motivo de la participación de Baleares en el Salón del Comic de Barcelona. Allí firmaron unas breves pero intensas historietas autobiográficas. Seguí volvía a sus orígenes, al costumbrismo que practicó para El Víbora. Beltrán nos contaba fragmentos de su niñez con una ironía que no suavizaba la dureza del relato.

Ahora parece que, como las folclóricas, se ha decidido a sacar “to lo que lleva dentro” y contarnos su cruda infancia en un barrio de Palma. Agárrense los machos. Seguro que Tomeu aporta la humanidad y la dulzura necesarias para convertir esos recuerdos en un tebeo extraordinario. Los Premios Ciudad de Palma de comic no podían tener un mejor comienzo. Suerte y que podamos leer pronto esa singular historia.
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jueves, 3 de febrero de 2011

El cielo sobre el Louvre. Yslaire y Carrière.

MUERTE EN PARÍS

El cielo sobre el Louvre
J. C. Carrière y B. Yslaire
001 Ediciones. Torino 2010
66 páginas, 19,90 euros.

Yslaire vuelve acompañado de Carrière, un guionista de prestigio que ha colaborado con directores como Buñuel o Saura. Ambientan su historia en los días de la Revolución Francesa.

A finales de los noventa el dibujante nos sorprendía con una saga excelente, Sambre. Un drama romántico ambientado en los tiempos de la Comuna de París, pleno de recursos narrativos y dibujado con peculiar delicadeza. Era una obra tan rara como exquisita y que se mantiene como una de las mejores muestras del comic europeo del siglo pasado. Con el nuevo milenio el autor pareció despistarse un poco y perpetró varios productos confusos donde el salto a los medios digitales conseguía que su extraordinario dibujo nos recordara a Bilal (y esto no es un elogio). La claridad y languidez de sus acuarelas daban paso a una extraña mezcla donde dibujos muy abocetados se entrecruzaban con efectos de ordenador para ilustrar una historia no especialmente atractiva.

En su nueva obra emplea para situarnos en el tiempo los meses que inventaron los insurrectos para renombrar los ya existentes. Ya saben: termidor, fructidor, vendimiario, brumario, etc. Realmente el tebeo habla de eso: de una sustitución, pero no de algo tan banal como los meses sino de la idea misma de Dios. Robespierre deduce que el pueblo no podrá vivir sin religión y decide crear una nueva. Para ello encarga una imagen de ese nuevo ser supremo al pintor David.

En mi niñez vi una película sobre este periodo, “Historia de dos ciudades” o alguna parecida, que me impactó. Retuve una idea: la sustitución revolucionaria de una tiranía sólo provoca nuevas formas de violencia, ahora ya no dirigidas por un único individuo o su familia sino por la chusma, una masa informe que sólo encuentra satisfacción en el correr de la sangre. Además ese poder “popular” no tarda en ser usurpado por algún iluminado, en una pauta que nos lleva de Napoleón a Castro, pasando por Lenin y tantos otros. Ya Revel nos avisaba de los riesgos de la Revolución y de su endeble posición como mito fundador. Girard enuncia con claridad los procesos que agrupan a las masas siempre en torno a un chivo expiatorio. Sólo nos juntamos para hacerle el pasillo o el ruedo a alguien. Y ya se pueden imaginar cómo acaba ese alguien.

Dicho lo cual, añado que la Revolución Francesa me cautiva con la siniestra fascinación que provoca todo horror. Carriere e Yslaire aciertan en la elección de su escenario y por las páginas de su historia desfilan personajes que todos podemos reconocer. Su visión no es amable ni con los héroes revolucionarios ni con el propio David. Nos lo presentan como un artista tan sólo pendiente de su obra, que emplea la revolución como una plataforma para medrar y que luego con la misma frialdad pondrá su arte al servicio de Napoleón. Por el camino ese encargo de representar al Ser Supremo, encargo en el que falla ya que se obsesiona con un joven modelo al que sitúa en el papel de un soldado mártir, un hecho más concreto y ajustado a su sensibilidad.

A pesar del interés de todo lo que se nos cuenta, el volumen falla al no encontrar el equilibrio entre el drama histórico y el conflicto personal del pintor. En un determinado momento el argumento se convierte en una versión perversa de “Muerte en Venecia”, con David obsesionado por su joven efebo rubio. Hasta el punto de recuperar su cadáver cuando por un azar el muchacho acaba en la guillotina. Pero ni esa relación ni la que tiene con Robespierre acaban de dibujarse bien y se quedan en algo parecido al estilo adoptado por Yslaire: zonas claramente definidas al lado de dibujos apenas abocetados. Sin ser un trabajo redondo, puede recomendarse por su ambición y por su reconstrucción de un momento histórico apasionante.
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