viernes, 28 de octubre de 2011

Tintín


MERIENDA DE NEGROS

Coincidiendo con el estreno de la película una nueva amenaza judicial se cierne sobre Tintín. Los dos primeros álbumes de la serie persiguen como un mal sueño a Hergé y sus herederos. Una pena ya que son claramente pecados de juventud que el autor intentaría corregir en su madurez.

El demandante, Bienvenu Mbutu Mondondo, considera que Tintín en el Congo «hace apología de la colonización» y solicita a la justicia belga que lo retire de la circulación. No es un caso aislado pero sí el más sonado. Los kakikus, la peculiar tribu de caníbales ideada por Josep Maria Blanco para el TBO en los 50, también ofrece una imagen paternalista de los africanos, retrasados que sólo sueñan con zamparse al blanco. Aunque luego en muchas planchas el explorador resulta ser bastante más idiota que sus captores. En Yellow Heat, una pequeña obra maestra de Jones y Heath que se publicó en Vampirella nº 58 (1977), se nos cuenta la historia de un africano que desea a una joven prisionera con la que se ha encaprichado el jefe de su aldea. Tras muchas peripecias consigue a la chica, espléndidamente dibujada por Heath para la ocasión. En las viñetas finales las mujeres la preparan para recibir a su hombre y él piensa que ante tanta belleza no sabe por dónde empezar... En el característico giro con el que concluían muchos de estos relatos de terror, vemos que ha sido empalada cual pollo asado y que su presunto novio ha entrado en la choza dispuesto a comérsela. Al inicio de la historieta se nos dice que la tribu pasa mucha hambre, aunque nadie lo diría a la vista de las atléticas figuras que nos ofrece el dibujante. La cuestión es que esto, que no deja de ser un divertimento espléndidamente realizado, ya ha sido cuestionado por renovar el estereotipo del africano caníbal, otra expresión de racismo.

A mi me parece muy bien que se permanezca vigilante ante las manifestaciones de superioridad racial, siempre y cuando esta vigilancia alumbre realmente la verdad. Quiero decir: el escándalo alrededor del colonialismo pierde fuerza cuando se emplea como un arma que oculta hechos incómodos. Por un lado del pasado: la experiencia colonial no puedo hacernos olvidar la situación anterior, en África o en Sudamérica. La América precolombina no era precisamente el paraíso en la tierra como algunos líderes indigenistas quieren hacernos creer. La violencia no es un invento de los blancos, ni mucho menos. También hay una historia pos-colonial que muchos se empeñan en negar. Seguimos echando la culpa de todos los males al primer mundo y sus multinacionales. Desde mediado el siglo XX prácticamente toda África es dueña de su propio destino. Si han permitido que determinados intereses, europeos antes y chinos ahora, distorsionen su devenir, la culpa no es sólo de esos corruptores que vienen del exterior. Suponer tal cosa sí parece un grave caso de paternalismo. Lo mismo respecto a Sudamérica. ¿Todos sus males desde la independencia son achacables a la intervención del vecino del norte? Puede que en parte sea verdad, pero no del todo.

Tampoco podemos cerrar los ojos ante las transformaciones de la sociedad. ¿Alguien consiente o apoya en la actualidad los comportamientos vejatorios respecto a otras razas? Evidentemente podemos rastrear casos aislados pero para la mayoría el racismo es algo de lo que avergonzarse. Recientemente un animador de Disney, Daniel Martin Peixe, me explicaba que la actriz Geena Davis había ido a darles una conferencia. Ante un numeroso grupo de animadores y directores expresó su preocupación sobre los estereotipos femeninos en los dibujos animados. Incluso les pasó una cinta, producida por ella y a la que había puesto voz, donde aparecía una rubia muy tonta que trataba de ilustrar sus tesis. Como Dani comentaba para la mayoría de los presentes aquello no tenía ni pies ni cabeza. ¿Acaso la Davis no había oído hablar de La sirenita ni de Mulán? Discursos que podían haber tenido sentido hace veinte o treinta años resultan obsoletos en la actualidad.

Pues esta es la sensación que tengo frente a algunas de estas demandas. Coincido con su base moral, pero ni las considero oportunas ni, en el caso de Hergé, justas. Porque aquí interviene otro factor como es el arrepentimiento o, si lo prefieren, la capacidad de cambiar y mejorar. Tras realizar ese viaje al Congo el dibujante manda a su héroe a dónde realmente él quería, los Estados Unidos y en concreto el Oeste. Allí Tintín se hace amigo de los indios y en una célebre secuencia vemos cómo unos empresarios sin escrúpulos desalojan a una tribu de nativos americanos porque han descubierto petróleo bajo sus tipis y quieren explotarlo. Toda una declaración anticolonial, que siempre se olvida. Como se olvida su manifiesto anti- imperialista El loto azul, donde denuncia las agresiones japonesas en China. ¿Qué me dicen de su visión del esclavismo en Stoc de coque? Africanos que intentan realizar el viaje a la Meca son raptados como esclavos, una situación que según parece no ha cambiado mucho. Todavía estoy esperando que alguien pida disculpas por las burradas que se han dicho sobre su viaje al país de los soviets. Si en el Congo reflejó los prejuicios de una época y se equivocó, en su viaje soviético se quedó muy corto, lejos de los horrores que podía haber delatado y que algunos todavía niegan.